Capítulo 335
La luz de la linterna danzaba en la oscuridad como una luciérnaga burlona, siempre manteniéndose a la misma distancia Tentadora frente a ellos. Yeray entrecerró los ojos, su mandíbula tensa revelando su creciente frustración. El sudor le
empapaba la camisa, pero se negaba a mostrar signos de agotamiento.
Oliver, por su parte, apenas podía mantenerse en pie. Sus piernas temblaban con cada paso y su respiración entrecortada rompía el silencio de la noche. El cansancio le nublaba el juicio.
Los músculos tensos de su cuello se marcaban mientras jadeaba..
-Oye, ¿no se te hace raro? -susurró entre respiraciones pesadas. ¿Por qué Isabel no apaga la linterna y se esconde? Es como si nos estuviera retando.
Yeray le lanzó una mirada cortante que hubiera helado el infierno.
-¿Tú por qué crees? -El tono cortante de su voz reflejaba su irritación.
Oliver se quedó paralizado por un momento, procesando la pregunta. Sus ojos se abrieron con súbita comprensión.
Si… ¿por qué? -murmuró más para sí mismo que para los demás.
La luz seguía moviéndose con un ritmo constante y mecánico, como si su portadora no conociera el cansancio. Yeray observó el movimiento hipnótico por unos segundos más, su mente trabajando a toda velocidad. En un movimiento fluido, sacó su arma y apuntó hacia el punto luminoso.
El disparo retumbó en la noche como un trueno, haciendo que varios pájaros alzaran el vuelo en la distancia. La luz se detuvo en seco.
Oliver ahogó un grito, su rostro palideciendo instantáneamente. Sus pupilas se contrajeron de terror.
-¿Te volviste loco?! -susurró con voz estrangulada-. ¿No tuviste suficiente con vivir como fugitivo? ¡Si quieres arruinar tu vida, no me arrastres contigo!
Sus manos temblaban mientras se pasaba los dedos por el pelo húmedo de sudor.
-Estamos muertos… Ya no importa si nos escondemos en Avignon o bajo tierra. Esteban nos va a encontrar y… -Su voz Se quebró-. Acabas de matar a Isabel. Esto es el fin.
Yeray no se dignó a responder. Con pasos decididos, avanzó hacia el punto donde la luz había quedado inmóvil. Oliver y las guardaespaldas lo siguieron con cautela, como si caminaran hacia su propia ejecución.
La revelación los golpeó como un puñetazo en el estómago. Ahí, tendido en el suelo, yacía un perro con una linterna atada a la cabeza y el celular de la sirvienta asegurado a su lomo.
Un silencio sepulcral cayó sobre el grupo.
Oliver abrió y cerró la boca varias veces antes de poder articular palabra.
-¿Un… perro? -Su voz era apenas un susurro incrédulo-. ¿Dónde está Isabel?
Sus ojos se desviaron hacia Yeray, cuyo rostro se había transformado en una máscara de furia contenida. La tormenta que se gestaba en su mirada prometía violencia.
-No es posible… -Oliver sacudió la cabeza, maravillado a su pesar-. ¿Cómo lo logró? Estábamos persiguiendo a un perra mientras ella… -Se interrumpió, consciente de la creciente ira de Yeray-. ¿No es este el líder de la manada, el lobo celestial?
Sus palabras parecían echar más leña al fuego de la rabia de Yeray.
-Esta mujer… -Oliver soltó una risa nerviosa-. Buen ojo del señor Allende. Esa inteligencia…
Louis Roy, que había permanecido en silencio, ya estaba trabajando en su tablet.
-Señor–interrumpió con voz profesional-, la localicé. Está a diez kilómetros al noroeste. Se llevó uno de sus teléfonos de
respaldo.
Oliver silbó con admiración.
Diez kilómetros? Vaya resistencia que tiene la princesa…
Yeray le dirigió una mirada que podría haber cortado diamantes.
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Capiteld 835
En dirección contraria, idiota.
El silencio que siguió fue más revelador que cualquier palabra. La furia de Yeray era casi palpable, sus dientes rechinando mientras procesaba la humillación de haber sido burlado tan magistralmente por Isabel.