Capítulo 34
La furia nubló la vista de Carmen. Sus manos temblaban mientras sostenía el teléfono, y solo el pensamiento de Iris postrada en la cama del hospital le impidió estallar completamente
contra Isabel.
Respiró profundamente varias veces, intentando controlar la rabia que le quemaba la garganta. -¿Dónde estás? Necesito verte.
-¿Y para qué quieres verme?
-¡Para hablar las cosas como debe ser!
No podía soportar ver a Iris sufriendo así. Estaba dispuesta a hacer cualquier trato, a ceder lo que fuera necesario, solo para que Andrea pudiera regresar pronto. Pero ahora, cuando estaba dispuesta a entregar todo, Isabel simplemente lo ignoraba con cruel indiferencia.
-No tengo nada que hablar contigo. Ya dije todo lo que tenía que decir.
Un silencio helado precedió las siguientes palabras de Isabel.
-Señora Galindo, entiéndalo de una vez: no voy a volver con ustedes. Y en cuanto a su papel de madre… mejor hagamos como que nunca nos conocimos.
El tono seco de la llamada terminada resonó como una bofetada. Carmen temblaba, pero ya no solo de ira. Esas últimas palabras, “hagamos como que nunca nos conocimos“, se habían clavado en su pecho como agujas.
Valerio salió de la habitación y encontró a Carmen con una expresión de dolor tan profunda que no necesitó preguntar qué había sucedido. Era obvio que Isabel, una vez más, había sido la
causa.
Carmen levantó la mirada hacia su hijo, su voz quebrada por la angustia.
-¿Por qué tiene que ser así? No importa cuánto rencor guarde, ¿no podría esperar a que Iris mejore? ¿Por qué tiene que ser justo ahora? Es como hablarle a una pared.
Valerio frunció el ceño, tensando la mandíbula.
-Voy a buscarla.
-No le estamos pidiendo que se sacrifique. Solo queríamos que llamara a la doctora Marín. Ni eso quiere hacer las lágrimas comenzaban a asomar en los ojos de Carmen-. ¿Cómo pude tener una hija así?
Sus pensamientos se oscurecieron aún más.
-Todavía no llegamos al punto de necesitar una donación de órganos. Pero si eso pasara… ¿qué haría? ¿Publicaría en los periódicos que no tiene nada que ver con nosotros?
Valerio permaneció en silencio, su expresión cada vez más sombría.
18:33
Capítulo 34
-Desde que regresó, siempre se negó a cambiar su apellido -continuó Carmen, perdida en sus propios pensamientos-. Esa fue la primera señal de que nunca quiso realmente volver a ser parte de esta familia.
Sus ojos se endurecieron.
-No sé qué clase de gente la crio, para que terminara siendo así.
Al principio, cuando Isabel fue encontrada, Carmen había sentido gratitud hacia la familia Allende. Pero ahora, toda su frustración con Isabel se había convertido en resentimiento hacia quienes la habían criado, convencida de que ellos eran los responsables de su comportamiento.
Valerio interrumpió sus pensamientos.
-Ve a hablar con el doctor. Iris pasó una noche terrible. Hay que ver si existe algún medicamento especial que pueda aliviar su dolor, sin importar el costo.
Carmen asintió, secándose las lágrimas.
-Sí, voy ahora mismo -se detuvo un momento-. Tú ve a buscarla, pero… intenta mantener la
calma.
A pesar de su enojo, sabían que con Andrea ausente, Isabel era la clave de todo. No podían darse el lujo de provocarla más.
-Lo sé.
En la habitación del hospital, Iris yacía en la cama. La noche de dolor había dejado su rostro pálido y demacrado, pero los nuevos medicamentos comenzaban a hacer efecto.
Sus ojos, aunque cansados, buscaron los de Sebastián.
-Sebas… ¿crees que podré volver a ver el amanecer pronto?
Era lo que más amaba: sentarse en la playa, observando cómo el sol emergía lentamente del horizonte marino, sintiendo cómo la vida renacía con cada nuevo día.
Sebastián tomó su mano con suavidad.
-Cuando te mejores, te llevaré.
-¿La familia Bernard te está presionando?
El recuerdo de cómo la actitud de la familia Bernard había cambiado al descubrir que no era la hija biológica de los Galindo le provocó una punzada de dolor, pero mantuvo su expresión serena frente a Sebastián.
-Eso no es importante ahora.
Los ojos de Iris se llenaron de lágrimas contenidas.
18:33
Capitulo 34
-Ya no puedo hacer mucho al respecto. Siento que esta vez… tal vez no pueda superarlo.
-¡No digas eso!
La reprimenda de Sebastián fue suave pero firme. Sin embargo, sus palabras no aliviaron la opresión que sentía en el pecho.
-¿Entonces… tu boda con ella seguirá según lo planeado?
Sebastián guardó silencio. La mención de la boda hizo que un destello peligroso cruzara su mirada. La imagen del hombre en el apartamento de Isabel la noche anterior volvió a su mente: recién salido de la ducha, con una toalla que claramente pertenecía a ella. La intimidad
de la escena era innegable.
“En dos años“, pensó, “nunca la vi con ningún hombre. Siempre estuvo sola“.
¿Podría ser alguien de su pasado, de antes de volver con los Galindo? Y más inquietante aún: ¿por qué llevaba un arma?
-Sebas… Sebas.
-¿Mm?
La voz de Iris lo trajo de vuelta al presente.
-Si todos aprueban a Isabel… deberías casarte con ella.
Su voz débil y su rostro enfermizo contrastaban cruelmente con sus palabras de sacrificio. El
semblante de Sebastián se oscureció aún más.
-No me casaré con ella.
Lo dijo sin pensar, pero al pronunciar las palabras, la opresión en su pecho se intensificó.
-¿Ah? Pero tú…
-Ya basta. Lo único que importa ahora es tu salud.
La impaciencia en su voz cortó cualquier intento de continuar la conversación sobre Isabel.
En ese momento, José Alejandro tocó a la puerta y entró. Su expresión grave fue suficiente para que Sebastián entendiera.
-Voy a salir un momento. Descansa.
-Está bien…
3/30