Capítulo 344
La mandíbula de Sebastián se tensó visiblemente. Sus dedos, que sostenían el cigarro a medio consumir, temblaron ligeramente mientras procesaba la noticia. El silencio en la habitación se volvió denso, casi palpable.
Sus ojos se clavaron en Valerio, quien permanecía inmóvil frente a él. La imagen de Patricio, siempre tan correcto y reservado, parecía desmoronarse en su mente.
-¿Cómo te enteraste de esto? -preguntó finalmente, su voz ronca traicionando su turbación.
Los labios de Valerio se curvaron en una sonrisa amarga. La tensión en su rostro revelaba el peso de los secretos familiares que cargaba.
-¿Y todavía lo preguntas? -Se pasó una mano por el rostro, agotado-. Con todo este circo que armó Isabel… ¿qué no ves que es su venganza? Está destruyendo a nuestra familia desde adentro, separando hasta a mis mismos padres.
La mención de Isabel hizo que las manos de Valerio se cerraran con rabia. El dolor de la traición de quien consideraba su hermana le carcomía las entrañas, alimentando un rencor que crecía día con día.
Sebastián, por su parte, sintió que la bilis le subía por la garganta al escuchar ese nombre. Sus pensamientos volaron a una escena particular en los Apartamentos Petit: Esteban saliendo del baño, apenas cubierto por una toalla. La imagen le revolvió el estómago.
-¿No te parece extraña la relación entre ella y Allende? No actúan como hermanos normales.
Valerio frunció el ceño, confundido.
-¿A qué te refieres con eso?
Sebastián se mordió la lengua, decidiendo guardar sus sospechas por el momento. Valerio parecía demasiado agotado para procesar más drama familiar.
Después de un momento de silencio tenso, Valerio añadió:
-Por cierto, me enteré de que en Francia también tenía un prometido.
La noticia golpeó a Sebastián como una bofetada. Una vena comenzó a palpitar en su sien.
-¿Un prometido en Francia? -La rabia le burbujeaba en el pecho como ácido. ¿Quién?
-Según dicen, es de la familia Méndez. El heredero.
El nombre cayó como una losa en el ambiente. La segunda familia más rica de Francia. Yeray Méndez, el notorio libertino. Una luz fría destelló en los ojos de Sebastián, provocando que Valerio sintiera un escalofrío involuntario. Ahora entendía mejor el tablero: detrás de Isabel no solo estaba Esteban Allende, sino todo el poder de la familia Blanchet y la influencia de los
Méndez.
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Capitulo 344
En el avión privado, la usual compostura de Esteban se había desvanecido por completo. El aire en el cuarto de descanso se había vuelto denso y caliente, cargado de una intensidad abrumadora.
Los gemidos desesperados de Isabel resonaban en el espacio confinado.
-No más… por favor… ya no puedo… -Su voz se quebraba entre sollozos y súplicas.
Por primera vez, las lágrimas de Isabel no ablandaron el corazón de Esteban. Después de casi dos horas de intensidad implacable, cuando su voz se había reducido a un susurro ronco, finalmente la liberó de su agarre.
Isabel yacía exhausta entre sus brazos, su piel perlada de sudor. Sus ojos, aunque agotados, brillaban con un destello de reproche.
-Eres terrible… -murmuró con voz rasposa. ¿Por qué eres tan malo conmigo?
Una risa grave y satisfecha escapó de los labios de Esteban mientras la llevaba al baño. Después de asearse, Isabel se negaba a moverse un centímetro en la cama, hasta que él la atrajo suavemente hacia su pecho.
-Isa, cuéntame cómo lograste escapar de la villa de Yeray.
A pesar de no ser una fortaleza, la propiedad estaba tan vigilada que ni una mosca podría escapar sin ser notada. Sin embargo, Isabel había logrado huir corriendo una distancia considerable.
Acurrucándose más cerca de él, su voz todavía ronca, respondió:
-Fue gracias a los perros. Armaron tanto escándalo que todos fueron a ver qué pasaba.
-¿Ah? -Esteban arqueó una ceja, intrigado.
-Los perros armaron un alboroto tremendo. Era obvio que irían a investigar.
Esteban le pellizcó la nariz con afecto.
-Parece que subestimé tu resistencia física.
Isabel encontró una posición más cómoda contra su pecho.
-Durante la primera hora, todos estuvieron persiguiendo al perro que solté.
La imagen mental de Yeray y sus hombres corriendo tras un perro por la carretera casi le arranca una sonrisa a Esteban. Isabel había elegido al perro más fuerte del lugar; a menos que usaran armas, sería imposible atraparlo.
-iii!!!
La expresión de Esteban se endureció al comprender la totalidad del plan. Bajó la mirada hacia la pequeña mujer que descansaba en sus brazos, su respiración ya más tranquila.
Con esas pocas palabras, había descifrado su estrategia de escape. La afición de Yeray por los perros se había encontrado con el entrenamiento más riguroso que Vanesa Allende le había
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Capítulo 344
impuesto a Isabel durante aquel mes: el lenguaje de las bestias.
En momentos de crisis, cuando no se puede confiar en los humanos, hay que saber aprovechar a las criaturas vivas con las que uno puede comunicarse.
-Esteban…
Isabel abrió los ojos y lo miró con una mezcla de vulnerabilidad y necesidad. Bajo la tenue luz anaranjada de la cabina, su rostro parecía más delicado que nunca.
-¿Qué pasa, pequeña?
-Abrázame fuerte -susurró-. No quiero que nos separemos nunca más.
Era evidente que esta breve separación había dejado una nueva cicatriz en su corazón. Esteban sintió una punzada en el pecho y la estrechó con más fuerza entre sus brazos.
Con infinita ternura, depositó un beso en su frente.
-Tranquila, mi amor. Descansa -murmuró con esa dulzura que reservaba solo para ella.
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