Capítulo 349
La mansión de los Galindo se había convertido en el escenario de una súplica desesperada Carmen, con su elegante vestido arrugado contra el suelo, se aferraba a las piernas de Paulinal como si en ello le fuera la vida. El mármol pulido del recibidor era testigo silencioso de su
humillación.
-Señorita Torres, por favor, se lo suplico… déjeme hablar con ella -la voz de Carmen se quebraba con cada palabra, mientras sus dedos se crispaban sobre la tela del pantalón de
Paulina.
La imagen de Iris vomitando sangre y la mirada perdida de Valerio se entremezclaban en su mente como una pesadilla recurrente. Una palabra de Isabel, una sola, y todo podría resolverse. La vida de su familia pendía de ese hilo invisible.
Una sonrisa mordaz se dibujó en los labios de Paulina mientras contemplaba a la mujer postrada ante ella.
-Señora Galindo, ¿no le parece que está pisoteando su propia dignidad? -el tono de Paulina destilaba un veneno sutil.
“¿Tanto amor puede sentir por una hija adoptiva? ¿Tanto como para arrastrarse así?”
-Yo… -Carmen titubeó, sus ojos empañados por las lágrimas contenidas.
La imagen de Iris, demacrada y vulnerable, se proyectaba en su mente como una película en bucle. Sus mejillas hundidas, su piel cetrina, cada día más cercana a desvanecerse como una
vela consumida.
-Nuestra familia necesita un médico, señorita Torres. ¿Podría interceder por nosotros con Isa? La mención del médico fue la gota que derramó el vaso. La mirada de Paulina se transformó en puro desprecio y, en un movimiento brusco, apartó a Carmen con el pie. En ese preciso momento, Maite descendía de su automóvil con un pequeño en brazos, presenciando la escena con ojos incrédulos.
-Señora Galindo, perdóneme, pero no logro entenderla -la voz de Paulina vibraba de indignación-. Iris casi acaba con la vida de Isa, y usted…
-¡No! Es un malentendido, todo es un malentendido -interrumpió Carmen, sacudiendo la cabeza con desesperación.
Una risa amarga escapó de los labios de Paulina.
-¿Malentendido? ¿Y por qué entonces Iris decidió huir?
-Nosotros la mandamos lejos para evitar problemas con Isa. Fue nuestra decisión -Carmen se apresuró a explicar-. Dígale a Isa que asumiré toda la responsabilidad. Que se recupere primero, y después… después podrá hacer lo que considere justo con Iris.
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Capítulo 349
-¿Después? -la voz de Paulina cortaba como un látigo ¿Y como planean deteneria esta vez? ¿Le cancelarán sus tarjetas otra vez? ¿Cerrarán su estudio? ¿0 la echarán de Puerto San Rafael?
El recuerdo de las acciones pasadas de los Galindo intensificó su repugnancia Las palabras siguiente surgieron como dardos envenenados.
-Una familia que no sabe distinguir entre los suyos no merece llamarse familia
Con esa sentencia final, Paulina dio media vuelta y se alejo, ignorando los gritos desesperados
de Carmen:
-¡Señorita Torres! ¡Señorita Torres, por favor!
Cuando Carmen intentó seguirla, Maite se interpuso en su camino como un muro infranqueable. El pequeño en sus brazos observaba la escena con ojos curiosos
Carmen contuvo el aliento, sus labios temblando de rabia.
-Quitate de mi camino.
-Paulina tiene razón -respondió Maite con una sonrisa sarcástica-. No sabes distinguir lo que verdaderamente importa.
-¡Maite, te estás excediendo!
-¿Yo me excedo? -Maite ajustó al niño en sus brazos-. Aquí estoy, cargando a tu nieto, y n siquiera te dignas a mirarlo.
“Al menos su abuelo lo ha visitado un par de veces“, pensó Maite con amargura. Le compro juguetes, incluso depositó diez millones para su manutención. Pero Carmen…”
-Parece que Paulina tenía razón -continuó Maite-. Tu corazón solo late por tu hija adoptiva ¿De verdad pensabas casarla con Valerio? ¿Por qué entonces molestaste a la señonta Vázquez?
Los ojos de Maite brillaban con una mezcla de comprensión y desprecio.
-¿Lo quieres todo para ti, no? Usar a tu familia a tu conveniencia.
Después del enfrentamiento con Camila, Maite había analizado la situación con calma. La conclusión era clara: tanto Valerio como Carmen estaban obsesionados con su preciosa hija
adoptiva.
-¡Cómo te atreves a mencionar a Camila, descarada!
La furia nubló la mente de Carmen al recordar cómo la disputa entre Maite y los Vázquez habia resultado en un ataque coordinado contra el Grupo Galindo.
El caos se había apoderado por completo de la familia Galindo. La insistencia de Maite en mudarse a la mansión familiar solo había empeorado las cosas. Los días más oscuros habian llegado tanto para Carmen como para Iris.
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Capitulo 349
El rugido del motor del convertible de Paulina se perdía entre el tráfico cuando su teléfono comenzó a vibrar. La pantalla mostraba “Mamá”
-¿Mami? -respondió con cautela. Si llamas por la mensualidad, todavía no es tiempo, ¿verdad?
La relación con su madre era un asunto delicado. Sus interacciones se limitaban casi exclusivamente a temas financieros; cada llamada solía ser para confirmar que el dinero había llegado a su cuenta.
-Ve al aeropuerto a recoger unos documentos para mí.
-¿Eh?
-Ya te mandé el número. Cuando llegues, solo contáctalo.
Paulina quiso protestar, explicar que tenía prisa por volver a su escritura, pero el tono de llamada finalizada ya resonaba en su oído. Así era su madre: directa, cortante, sin espacio para palabras innecesarias.
Segundos después, su teléfono vibró con la llegada de un mensaje: el número prometido.
Paulina suspiró profundamente mientras giraba el volante. Su destino original tendría que esperar; el aeropuerto la llamaba.
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