Capítulo 357
Las carcajadas diabólicas de Mathieu resonaban en el interior del vehículo mientras Isabel permanecía paralizada, sus ojos muy abiertos procesando la revelación. Las palabras se habían convertido en piedras pesadas que se acumulaban en su garganta.
-Pero… yo no… él… -balbuceó Isabel entre pequeños sollozos, limpiándose la nariz con el dorso de la mano.
Esteban contempló el rostro dolido de su hermana, donde el orgullo herido se mezclaba con una vulnerabilidad que le estrujó el corazón. Con delicadeza, inclinó la cabeza y depositó un beso fugaz sobre sus labios temblorosos.
-¿Qué pasa, princesa? ¿Te enojaste conmigo? -murmuró con ternura.
Isabel se revolvió entre sus brazos como respuesta, su cuerpo pequeño manifestando toda la indignación que las palabras no podían expresar.
-Ya, tranquila -susurró Esteban, acariciando su espalda con movimientos circulares.
Un bufido despectivo escapó de los labios de Isabel. La revelación había pulverizado sus ilusiones: aquellos siete millones que creía haber ganado por mérito propio se habían convertido en arena entre sus dedos.
-¿Y WanderLuxe Travels? -preguntó con un hilo de voz.
-Mejor ni preguntes, todo eso es de tu hermano -intervino Mathieu con tono burlón.
-¡Nadie pidió tu opinión! -espetó Isabel, la furia tiñendo sus mejillas de carmín.
En ese momento, tanto Isabel como Esteban compartían el mismo deseo de hacer callar a Mathieu de forma permanente.
-Dimelo tú exigió Isabel, clavando su mirada en Esteban.
Un suave “hm” fue toda la confirmación que necesitaba. Isabel volvió a moverse inquieta, provocando que su sombrero de pescador se torciera sobre su cabello revuelto.
Esteban contempló su figura menuda vibrando de indignación. La visión despertó en él un deseo ardiente que lo tomó por sorpresa. Esta pequeña criatura tenía el poder de alterarlo con la más mínima acción.
-Vamos, no te enojes más, ¿sí? -suplicó con voz aterciopelada.
-Todo este tiempo he intentado valerme por mí misma -confesó Isabel, la amargura impregnando cada palabra.
Los recuerdos de cuando abrió su estudio desfilaron por su mente. Ya entonces había conseguido algunos proyectos, y aunque los honorarios eran modestos, bastaban para mantenerse. Las exorbitantes tarifas que WanderLuxe Travels le pagaba nunca le habían parecido sospechosas. Se había convencido de que era su talento lo que les había cautivado. Qué ingenua había sido.
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Capítulo 357
–En verdad eres muy capaz, mi niña. Sabes ganarte la vida -aseguró Esteban.
El descubrimiento del estudio de Isabel le había revelado a Esteban mucho sobre su situación
en la familia Galindo. Cuando ella utilizó la tarjeta negra que le había proporcionado, su corazón dio un vuelco, temiendo que estuviera en problemas. Pero en ese momento, otras preocupaciones lo mantenían atado.
-¡Qué orgullo! La princesita sabe ganarse sus centavos–se burló Mathieu.
-Cierra la boca -ordenó Isabel.
-Cállate–sentenció Esteban.
Las voces de ambos se fundieron en una sola orden. Mathieu permaneció en silencio, asumiendo una vez más el papel del villano.
Isabel continuó desahogando sus quejas en brazos de Esteban, quien escuchaba con infinita paciencia. Al pasar frente a un supermercado, dirigió una mirada significativa a Lorenzo.
-Compra algo de comer.
-Por supuesto -asintió Lorenzo, comprendiendo que la petición era para satisfacer el apetito de Isabel, quien mantenía horarios regulares de comida y un saludable gusto por los
bocadillos.
Lorenzo descendió del vehículo y noto que Mathieu permanecía inmóvil.
-Mathieu, ¿no quieres elegir algo de tu agrado?
-¿Yo? ¿Un hombre de mi edad comprando golosinas? Paso -respondió, sobándose el estómago adolorido por las risas-. Además, todavía siento acidez.
Lorenzo suspiró ante su terquedad y se marchó solo. Mathieu, sintiéndose repentinamente incómodo en su papel de tercero indeseado, cambió de opinión.
-Pensándolo bien, iré a ver si encuentro algo que me apetezca -anunció, abandonando precipitadamente el vehículo.
En la intimidad del automóvil, Esteban observó a la pequeña figura que seguía acurrucada contra su pecho.
-¿De verdad estás tan molesta?
-Siempre creí que era buena en lo que hacía -musitó Isabel.
-Mm… Y lo eres. Especialmente para esconderte -concedió Esteban.
Isabel alzó el rostro para mirarlo directamente.
-¿Por qué no fuiste a buscarme antes?
-Había asuntos que necesitaban mi atención -respondió Esteban con suavidad.
La forma en que Yeray la había obligado a abandonar París había sido una advertencia clara
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Capitulo 357
para Esteban. Sin su padre, la familia Allende se tambaleaba, y los buitres acechaban, esperando el momento oportuno para atacar…