La Heredera 360

La Heredera 360

Capítulo 360 

La brisa marina se colaba por las ventanas del crucero mientras Isabel sostenía su teléfono contra el oído, el murmullo de las olas mezclándose con la voz entrecortada de su amiga

-¿Entonces ya estás segura? -preguntó Isabel, su voz teñida de preocupación

-Sí, ya se fue -respondió Paulina con un suspiro

-¿Y no le pediste alguna promesa o algo

-No me atreví

¿Cómo podría? Con esa mirada penetrante que tiene Carlos, capaz de hacer temblar hasta al más valienteUna persona así, aunque se atreviera a prometer algo, ¿quién tendría el valor de aceptarlo?” 

La voz de Paulina se quebró ligeramente al continuar

-En fin, mi primer beso se fue sin más ni más… 

-¿Y esto qué significa ahora? -Isabel jugueteaba nerviosamente con un mechón de su 

cabello

-Cuando lo veas, dale una bofetada de mi parte

Isabel esbozó una sonrisa torcida

-¿Por qué no lo haces

-No me atrevo

-Yo tampoco me atrevo

Enfrentarse a Carlos¿quién en su sano juicio lo haría? A menos que uno quiera terminar con la mano rota.” 

Paulina continuó desahogándose por varios minutos más, su voz alternando entre indignación y resignación, hasta que finalmente se despidió

El crucero se mecía suavemente bajo sus pies. Isabel se acercó a Esteban, quien contemplaba el horizonte con expresión pensativa

-Hermano, ¿Carlos ha cambiado de opinión ahora

-No puedes tomar en serio lo de Paulina en esto -respondió él, su voz grave resonando contra el murmullo del mar

-Pero ese fue el primer beso de Pauli -insistió Isabel, sus ojos brillando con indignación

-Hay muchas que querrían darle su primer beso a Carlos

– 

16:33 

¿Un honor? ¿Se supone que debería considerarlo un privilegio? ¡Imposible estar de acuerdo! Aunquecon esa actitud distante que tiene Carlos, ¿por qué tantas mujeres alrededor del mundo caen rendidas ante él?” 

Al atravesar uno de los pasillos del crucero, sonidos íntimos llegaron hasta ellos. Isabel se tensó visiblemente, su paso volviéndose inseguro. Esteban, que sostenía su mano, percibió la rigidez en sus dedos y bajó la mirada hacia ella

-¿Quieres ir a espiar? -preguntó con una sonrisa maliciosa

El rostro de Isabel se tiñó de carmesí instantáneamente. Sacudió la cabeza con energía. -No, no quiero ver

Si antes era ingenua respecto a ciertos sonidos, después de tres lecciones con Esteban, hasta alguien tan despistada como yo puede entender de qué se trata.” 

Una risa suave escapó de los labios de Esteban mientras se inclinaba hacia su oído

-No es tan bueno como nosotros

-Tú-Isabel se quedó sin palabras, su corazón latiendo desbocado

Mathieu, que los seguía como una sombra persistente, interrumpió el momento

-¿De qué están hablando en secreto? ¿Sobre esa pareja? ¡Yo también quiero escuchar

-¡¡¡!!! -Isabel contuvo el aliento

Siempre está él, como un recordatorio constante de que no estamos solos.” 

Esteban se giró, dedicándole a Mathieu una mirada que podría haber congelado el mar tropical que los rodeaba. El mensaje fue claro: en lo que respecta a Isabel, mejor mantener la distancia. Al continuar su camino, Isabel miró por encima del hombro para ver a Mathieu intentando espiar por la puerta que acababan de pasar. Lorenzo, siempre atento, lo arrastró de vuelta al grupo

Una nueva puerta se abrió ante ellos, trayendo consigo una oleada de aire caliente y el sonido rítmico de las olas rompiendo contra el casco del crucero. La escena que se desplegó ante sus ojos dejó a Isabel boquiabierta: un hombre con una elegante túnica negra practicaba golf, lanzando pelotas hacia el mar. Una fila de mujeres en trajes de baño esperaba su turno para zambullirse tras cada tiro, compitiendo por recuperar las pelotas. 

¿Esa distancia no es excesiva? ¿Bellezas arriesgándose así por una simple pelota de golf?” 

Isabel dirigió una mirada incómoda hacia Esteban. A pesar de haber crecido en la familia Blanchet, él raramente le había permitido presenciar los excesos de los ultra ricos. Ahora, observando esta extravagante escena, no pudo evitar maravillarse ante las formas en que el dinero podía doblar la realidad a su antojo. 

-¿Qué pasa? -preguntó Esteban, notando su expresión

Capítulo 360 

-Las chicas tienen buena resistencia -comentó ella, tratando de mantener un tono neutral

La risa de Esteban vibró contra su oído cuando se inclinó para susurrarle

-Cuando regresemos a París, vas a tener que correr dos horas diarias para mantener esta energía

Isabel respondió pellizcando su cintura con fingido enojo. Esteban atrapó su mano al instante

-Esta fuerza en tu mano, se ha de sentir bastante bien… 

La boca de Isabel se abrió en sorpresa

¿Por qué sus palabras siempre suenan tan?” 

16:33 

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