Capítulo 367
La voz burlona de Mathieu resonó a través del teléfono, Interrumpiendo la tensión del
momento.
-Señor Méndez, no sé si este cobarde de Oliver va a aguantar mi interrogatorio.
Una sombra cruzó por el rostro de Yeray mientras sus ojos se estrechaban peligrosamente. La provocación de Mathieu hizo que Oliver, quien segundos antes suplicaba por ayuda, explotara de indignación.
-¿A quién le estás diciendo cobarde? ¿Eh? -bramó Oliver, la voz temblorosa traicionando su falsa valentía.
Mathieu, con el desconcertante candor de quien disfruta del juego del gato y el ratón, respondió:
-¿Pues a quién más? A ti te lo digo.
Un destello metálico atravesó la pantalla mientras Mathieu presionaba su navaja contra la garganta de Oliver. Sus ojos, fijos en la cámara, brillaban con un destello sádico.
-Señor Méndez, ¿qué le parece si comenzamos la disección por la arteria?
Isabel contuvo la respiración. La amenaza no era un simple farol; estaban jugando con la vida. de Oliver. Sus ojos se movieron instintivamente hacia Yeray, buscando algún indicio de preocupación en su rostro.
Una sonrisa despectiva se dibujó en los labios de Yeray.
-¿De verdad creen que me importa Oliver? -su voz destilaba desprecio-. ¿Por qué no lo matan de una vez? Él no significa nada para mí. Pero esta princesa… -sus dedos rozaron el rostro de Isabel-. Esteban debería pensarlo bien. Soy un hombre brusco, incapaz de cuidarla con la delicadeza que merece.
“Si su preciosa Isabel pierde un gramo o sufre el más mínimo rasguño, no será mí responsabilidad.”
-Perfecto, entonces lo mato ahora mismo declaró Mathieu.
El brillo plateado de la navaja dibujó un arco en el aire antes de rozar el cuello de Oliver.
-¡Ahhh…! -el grito desgarrador de Oliver resonó mientras intentaba forcejear con Mathieu.
En ese instante, Isabel aprovechó la distracción para sujetar la muñeca de Yeray y clavar sus dientes en ella con toda la fuerza que pudo reunir.
–Puta madre… -Yeray siseó de dolor-. Isabel, otra vez con las mordidas.
El caos se desató simultáneamente en ambos extremos de la llamada.
-¡Oliver, maldito bastardo, hoy te mando al infierno! -rugió Mathieu.
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Capítulo 367
-¡lsabel, suéltame, con un carajo! -bramó Yeray.
La cabeza aún le palpitaba por el golpe con la regadera de acero inoxidable, y ahora esto. Isabel, que había logrado morderlo con todas sus fuerzas, se negaba a soltar su presa.
Un estruendo metálico resonó a través del teléfono, seguido por un momento de silencio sepulcral. Oliver, con los ojos desorbitados y un hilo de sangre corriendo por su pierna, pareció olvidar momentáneamente el dolor. Segundos después, soltó un alarido que habría despertado
a los muertos.
La mirada de Esteban atravesó la pantalla, clavándose en Yeray.
-¿Así que no te importa?
-No le hagas nada -la voz de Yeray perdió su tono burlón.
-Devuélveme a Isabel y tendrás tus cosas -propuso Esteban.
La rabia se apoderó de Yeray.
-Primero mis cosas.
“Isabel es mi única garantía“, pensó. Si la soltaba ahora, perdería toda ventaja sobre Esteban.
-Yeray…
-Date prisa.
Con estas palabras, cortó la llamada y sujetó el rostro de Isabel, sus dedos presionando con
fuerza su mandíbula.
-Te atreves a morderme… Debería romperte los dientes aquí mismo.
La furia bullía en sus venas. ¿En qué momento Isabel se había vuelto tan salvaje? ¿Qué otros trucos tendría bajo la manga?
-Adelante, inténtalo -lo desafió ella, mostrando sus dientes manchados con la sangre de él.
La sangre de Yeray hervía de rabia.
-Ja, si te lastimo ahora, Allende me haría pedazos, ¿no? Mejor espero a tener mis cosas para ajustar cuentas contigo.
La empujó lejos de él con brusquedad. Isabel respondió con una mirada cargada de desprecio.
Yeray, conteniendo apenas sus impulsos, notó cómo ella parecía segura de su inmunidad. Y tenía razón: no le haría daño. Al menos no por ahora.
-Dime la verdad -exigió, mirándola fijamente-. ¿Allende lo tiene o no?
À pesar
de que Esteban había asegurado que el objeto seguía en manos de Timothy, la desconfianza carcomía a Yeray.
-¿Me creerías si te lo dijera? -respondió ella con sorna.
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apitulo 367
La frustración de Yeray alcanzó nuevos niveles. ¿Quién en París no sabía que esta mujer y Esteban eran inseparables?
Mientras tanto, Esteban emanaba un aura amenazante. Mathieu, empapado y jadeando por el esfuerzo, acababa de dar una vuelta completa. Al salir del agua, se encontró con la imagen de Esteban sujetando a Oliver con firmeza.
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