Capítulo 392
-¿Dinero? -sugirió Paulina con voz titubeante.
Si en Puerto San Rafael todo había sido por deferencia a Esteban, ahora seguramente se trataba de una simple transacción monetaria.
El hombre lå observó con una mueca divertida, sus labios curvándose en una sonrisa que delataba cierta burla.
-¿Tu mesada? -inquirió con tono condescendiente.
Un tic nervioso apareció en el párpado de Paulina mientras procesaba aquellas palabras. La insinuación era clara: su presupuesto apenas representaba una fracción minúscula del capital que manejaba el señor Allende. Para alguien del círculo cercano del empresario, esa cantidad sería como intentar comprar un yate con el cambio suelto del bolsillo.
-Entonces, ¿qué es lo que quieres? ¿La Alianza Madrigal de mi madre? -propuso, elevando la
apuesta.
Carlos dejó escapar una risa ligera que resonó en el espacio cerrado del auto.
-¿Alianza Madrigal? ¿Esa pequeña empresa es de tu madre?
-¡¡¡!!! -Paulina se quedó sin palabras.
Pequeña em pre–sa. Las sílabas resonaron en su mente como campanadas discordantes. ¿Quién era este hombre comparado con Isa? En todo Puerto San Rafael, la gente hablaba maravillas de Alianza Madrigal y de cómo una mujer había logrado llevarla tan lejos. Pero para este individuo no era más que… ¿una pequeña empresa?
-Revisen todos los vehículos estacionados, no dejen escapar a nadie -la voz autoritaria desde
el exterior atravesó el cristal blindado.
-Entendido, jefe -respondieron varias voces al unísono.
La respiración de Paulina se volvió errática al escuchar la orden de registro. Sus dedos se crisparon sobre la tela de la camisa de Carlos.
-Arranca el coche, vámonos de aquí rápido -suplicó con urgencia en la voz.
Un temblor involuntario recorrió su cuerpo mientras susurraba:
-Este año de verdad es mi año de mala suerte, me ha tocado todo lo peor.
Carlos intensificó la presión sobre su barbilla y dirigió su mirada hacia el exterior,
-Han venido muchos -observó con una calma exasperante.
-No digas eso–protestó Paulina, el pánico filtrándose en su voz-. Entonces, dime, ¿qué es lo que realmente quieres?
-¿Tan directa? -el tono de Carlos destilaba diversión.
1/2
01.05
Capitulo 392
-¡¡¡Por favor, habla ya!!! -exclamó Paulina, dejando de lado toda pretensión de compostura.
Una sonrisa enigmática se dibujó en el rostro de Carlos mientras aflojaba la presión sobre su barbilla. Se dirigió al conductor con voz autoritaria:
-Arranca.
El motor rugió a la vida, pero apenas el vehículo comenzó a moverse, una sacudida brusca los detuvo. La inercia proyectó a Carlos hacia adelante, y Paulina, aún atrapada entre sus piernas, golpeó su frente contra la hebilla del cinturón con un sonido seco.
-¡Ay! -gimió, llevándose las manos a la zona lastimada.
-¿Qué pasa? -la voz de Carlos había perdido todo rastro de diversión.
-Quieren revisar el coche -informó el conductor mientras una figura se acercaba a su
ventana.
-Baja la ventana -ordenó Carlos.
-No la respuesta de Paulina fue instantánea.
-¿Huh? -Carlos arqueó una ceja.
-Arranca el coche, atraviésalo -suplicó entre tartamudeos-. Alguien como tú, acostumbrado a vivir al límite, no sabe lo que es el miedo.
La voz de Paulina se quebró ligeramente mientras continuaba:
-Yo crecí en un ambiente seguro, jamás había vivido algo así. Estoy caminando al filo de la vida y la muerte, y que no me haya desmayado ya es un milagro -tragó saliva antes de añadir-: Si haces que el conductor atraviese, prometo cumplir cualquier condición que pongas más adelante.
La sonrisa de Carlos se ensanchó, como un depredador que finalmente encuentra su presa.
-Arranca ordenó con despreocupación.
-Sí, señor.
El conductor pisó el acelerador y el vehículo se lanzó hacia adelante, tomando por sorpresa a los hombres apostados en el exterior. El sonido de disparos contra la carrocería blindada llenó el aire. Paulina intentó incorporarse, pero el movimiento brusco la hizo encogerse nuevamente, quedando en una posición aún más comprometedora que antes.
212