Capítulo 397
El rostro de Isabel se contrajo en una expresión de absoluta perplejidad mientras sus ojos iban de Mathieu a Esteban. Las palabras de Carlos resonaban en su mente como ecos en una caverna vacía, cada rebote trayendo consigo nuevas interrogantes que se multiplicaban sin
cesar.
“No puede ser tan precipitado“, murmuró para sí misma. La imagen de Paulina, siempre tan prudente y mesurada, se contraponía violentamente con las implicaciones de aquella situación. Un presentimiento inquietante se arrastraba por su espina dorsal mientras intentaba reconciliar las piezas de aquel rompecabezas imposible.
Una risa áspera escapó de los labios de Mathieu, quien no pudo contener su incredulidad ante
la situación.
-Carlos, mi estimado amigo, ¿así que la señorita Torres resultó ser tan… persuasiva? -su tono destilaba malicia.
-Una palabra más y te arrancaré la lengua antes del amanecer la voz de Carlos surgió del altavoz.como un látigo cortante.
Mathieu cerró la boca de golpe, tragando saliva.
La ansiedad de Isabel crecía por momentos, agitándose en su interior como un animal enjaulado.
-Carlos, explícame qué está pasando -su voz temblaba ligeramente-. ¿Pauli está contigo por voluntad propia?
Antes de que Carlos pudiera responder, la voz entrecortada de Paulina atravesó la línea
telefónica.
-¡lsa, por favor! -los sollozos entrecortaban sus palabras-. ¡Yo no quise venir aquí! ¡Casi me muero del susto! ¡Ayúdame!
La llamada se cortó abruptamente, dejando tras de sí un silencio pesado como plomo.
Isabel y Mathieu intercambiaron miradas de estupefacción antes de que ella se volviera hacia su hermano, la preocupación grabada en cada línea de su rostro.
-¿Escuchaste eso, hermano? Pauli está ahí contra su voluntad.
-Ese desgraciado de Carlos -masculló Mathieu, apretando los puños-. Apenas conoce a la señorita Torres y ya se comporta como un salvaje.
“Aunque aquella vez en Bahía del Oro…”
Isabel asintió vigorosamente.
-No pueden tratar así a Pauli -la angustia teñía su voz-. ¿Escuchaste cómo lloraba?
El tono desesperado de Paulina había sido suficiente para que cualquiera imaginara lo peor.
Capitulo 397
Esteban se masajeó las sienes, intentando aplacar la migraña que comenzaba a formarse tras
sus ojos.
-Hermano… -Isabel tiraba suavemente de su manga, la preocupación evidente en su rostro.
-Tranquila -suspiró Esteban-. Carlos sabe lo que hace.
-¿Lo sabe? -replicó Isabel con incredulidad-. ¿Y por eso la asusta de esa manera?
La situación carecía de toda lógica. Paulina no podía permanecer cerca de Carlos; el trauma
sería inevitable.
-Exacto -intervino Mathieu-. Mira nada más cómo la ha dejado.
La mirada que Esteban le dirigió fue suficiente para que Mathieu se girara precipitadamente
hacia su tazón.
-Solo digo la verdad -murmuró.
El pie de Esteban se movió con la velocidad de una serpiente. Si Mathieu no hubiera reaccionado a tiempo, tanto él como su tazón habrían acabado en el suelo.
-Ya mejor cállate -le advirtió Isabel al ver la reacción de su hermano.
“Ese bocafloja solo está empeorando las cosas“, pensó mientras observaba a Mathieu hacer un mohín de protesta silenciosa.
-Hermano–Isabel se aferró al brazo de Esteban con renovada urgencia-. Tienes que ayudar a
Pauli.
En Puerto San Rafael, Paulina siempre había mostrado una fortaleza admirable, pero esto era diferente. Isabel conocía demasiado bien el impacto devastador que podía tener el primer encuentro con la violencia. Ella misma había quedado marcada por mucho tiempo después de presenciar a Esteban en una situación similar.
Esteban, incapaz de resistir la súplica en los ojos de su hermana, tomó su teléfono y marcó nuevamente el número de Carlos.
-Dime–respondió Carlos al primer timbrazo.
-Trata con más delicadeza a la muchacha.
-¿Cómo esperas que sea delicado en estas circunstancias? -la respuesta de Carlos fue automática, casi impaciente.
Isabel y Mathieu quedaron petrificados. ¿Qué clase de circunstancias? ¿A qué se refería
exactamente?
Isabel clavó su mirada en Esteban, quien desvió los ojos, incómodo.
-Solo… no la asustes más–musitó Esteban.
-No soy yo quien la asusta -la voz de Carlos sonaba resignada-. Es ella quien no puede soportar lo que está viendo.
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Capitulo 397
-Entonces ella… ella… -Isabel titubeó, las palabras atorándose en su garganta mientras intentaba comprender cómo Paulina había terminado en semejante situación.
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