Capítulo 399
Carlos contemplaba a Paulina, quien acababa de desplomarse sobre sus rodillas. Las lágrimas de la joven habían dejado un rastro húmedo sobre la tela oscura de sus pantalones, y un suspiro de exasperación escapó de sus labios.
-Las mujeres son un verdadero dolor de cabeza -masculló entre dientes.
“Isabel también es una llorona“, pensó, preguntándose cómo Esteban lograba mantener la compostura ante las lágrimas de su hermanita.
Con un movimiento brusco pero controlado, levantó a Paulina. La tela de su blusa se había arrugado de manera desordenada, revelando su vulnerabilidad. Algo en esa imagen despertó un instinto protector que lo irritó aún más. Se despojó de su chaqueta y la cubrió con ella, como quien cumple una obligación inevitable.
La noche había caído sobre Puerto San Rafael, cubriendo la ciudad con un manto de nieve que brillaba bajo la luz de la luna. En su habitación, Isabel permanecía sentada junto a la ventana, resistiéndose a los intentos de Esteban por llevarla a la cama. El contraste entre el calor acogedor del interior y el paisaje invernal creaba una atmósfera íntima y acogedora.
-¿Ni siquiera me dejas ver la nieve? -protestó Isabel con un mohín.
Sus ojos brillaban al contemplar los copos blancos que danzaban en el aire.
-Necesitas descansar más -respondió Esteban con suavidad. Las indicaciones de Mathieu y la doctora habían sido claras al respecto.
Isabel frunció los labios en un gesto infantil.
-Pero dormí toda la tarde. No tengo nada de sueño.
-Lo sé–admitió Esteban.
-¿Entonces por qué insistes en que me acueste?
Esteban la miró desde arriba, y una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios. Isabel, al percibir ese gesto, sintió un cosquilleo de anticipación en el estómago.
-No, definitivamente no declaró con firmeza.
La reacción de Isabel provocó que Esteban le diera un golpecito juguetón en la frente.
-Tontita, ¿qué ideas te están pasando por la cabeza?
Isabel se quedó perpleja. ¿No era lo que ella imaginaba? Desde que habían derribado las barreras entre ellos, Esteban se había transformado. La imagen del caballero siempre correcto y amable se había desvanecido para revelar facetas que la sorprendían: su lado más intenso, su naturaleza juguetona y, sobre todo, esa capacidad para ser descaradamente seductor cuando menos lo esperaba.
13
Capítulo 399
Esteban la acomodó con delicadeza entre las sábanas y se dirigió hacia el botiquín.
-Primero te voy a poner la medicina.
-Otra vez… -suspiró Isabel.
-Y después tomas el otro medicamento.
-Es que sabe horrible -se quejó, arrugando la nariz.
Esteban se giró hacia ella con una sonrisa cómplice.
-¿Y si te doy dulces de naranja?
El rostro de Isabel se iluminó.
-Bueno, así sí.
Los dulces de naranja eran su debilidad, un placer que Esteban solía restringir por temor a las caries. Solo cuando estaba enferma se permitía esta pequeña indulgencia, como un premio por su valor al tomar las medicinas.
La brisa cálida de Bahía del Oro contrastaba con la atmósfera opresiva que reinaba en la mansión Galindo. Desde que Esteban había ordenado su aislamiento, la otrora majestuosa residencia se había convertido en una jaula dorada desprovista de su antiguo esplendor.
La visita de Andrea Marín había sido la chispa que encendió la mecha. Cuando Maite Llorente se enteró del costo semanal del tratamiento de Iris Galindo -más de tres mil pesos-, su reacción fue visceral. En un arranque de desesperación, había confiscado la tarjeta y el celular de Valerio, exigiendo una transferencia total de sus fondos.
La negativa de Valerio había desatado el caos. Ahora, Maite permanecía sentada en el alféizar de la ventana con su hijo en brazos, mientras Valerio, con sus manos prácticamente inútiles, la observaba con una mezcla de terror y frustración.
-¡Bájate de ahí inmediatamente! -ordenó Valerio.
-¡0 transfieres todo el dinero a mi cuenta hoy mismo, o me voy con el niño! -la voz de Maite resonó con furia descontrolada.
Tres mil pesos semanales. La decisión de Carmen Ruiz de apoyar el tratamiento de Iris había sido como un puñetazo en el estómago para Maite. La capacidad de Iris para despertar tal lealtad la desconcertaba y enfurecía a partes iguales.
-Primero bájate de ahí -exigió Valerio. El dolor de cabeza martilleaba sus sienes mientras contemplaba la escena. A pesar de su aversión por Maite, el vínculo con su hijo era innegable.
Carmen, consumida por la rabia, intervino:
-¡Mujer insensata! ¿No estarás satisfecha hasta ver esta familia completamente destruida? ¡Bájate ya!
2/3
18:29
Capítulo 399
Las palabras de Carmen actuaron como catalizador para la furia de Maite.
-¿Yo destruí a la familia Galindo? ¡Qué acusación tan conveniente! -espetó con amargura-. Señora Ruiz, me sorprende. Después de ver la verdadera cara de Iris con el asunto del collar, ¿todavía quiere ayudarla tan desinteresadamente?
Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios antes de continuar:
-A estas alturas, no me extrañaría que Iris fuera su hija ilegítima. ¿Quién más se sacrificaría así por una adoptada? Sin lazos de sangre ni obligación, dispuesta a gastar hasta el último
centavo,
3/3