Capítulo 4
El caos se disipó lentamente cuando José Alejandro, con considerable esfuerzo, logró apartar a Isabel. Sus brazos temblaban por la fuerza que había necesitado para contenerla.
El rostro de Iris estaba contorsionado por el dolor, cada facción cuidadosamente compuesta para maximizar el efecto dramático. Sus ojos brillaban con lágrimas estratégicamente contenidas mientras miraba a Sebastián.-
-Sebas, yo… -Su voz se quebró en el momento preciso, la perfecta imagen de la damisela en desgracia.
La furia transformó el rostro de Sebastián, sus facciones endureciéndose hasta volverse casi irreconocibles.
-¡Llévatela de aquí, ahora mismo! -rugió a José Alejandro, quien aún forcejeaba con Isabel.
Isabel se retorció en el agarre de José Alejandro, pero el asistente, demasiado consciente de lo que estaba en juego, se mantuvo firme. La fuerza de esta mujer lo sorprendió; era como tratar de contener a un huracán.
-Por favor, señorita Allende -murmuró con voz conciliadora-. Vámonos de aquí.
Isabel se mantuvo erguida, su dignidad intacta a pesar de la situación.
-Mi bolso.
El objeto en cuestión yacía a los pies de Sebastián, testigo silencioso del golpe que le había propinado momentos antes. Con un movimiento brusco, él lo lanzó en su dirección. José Alejandro lo atrapó al vuelo.
-Aquí tiene, señorita. Ya está todo–se apresuró a entregárselo, ansioso por alejarla de la
escena.
El desenlace fue tan caótico como el resto: José Alejandro prácticamente arrastrando a Isabel hasta el estacionamiento. Su intención era llevarla a casa, pero ella, negándose a ser transportada por alguien al servicio de Sebastián, simplemente se apropió del vehículo y desapareció en el tráfico de la mañana.
La cabeza de Sebastián palpitaba, el zumbido de la rabia nublando sus pensamientos. Cuando finalmente logró enfocarse, la visión de Iris -cabello revuelto, ropa empapada, una pierna visiblemente hinchada- solo intensificó su furia hacia Isabel.
Con un gesto que pretendía ser protector, la tomó en brazos.
-Te llevaré al hospital.
Iris asintió débilmente, sus ojos anegados en lágrimas, la viva imagen de la fragilidad.
Sebastián ordenó a José Alejandro que trajera el coche, pero el asistente se quedó paralizado, mirando el espacio vacío donde debería estar el vehículo.
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Capítulo 4
-La… la señorita Allende se llevó el coche -balbuceó.
La tensión en la mandíbula de Sebastián se intensificó. En medio del caos, José Alejandro había ofrecido llevar a Isabel, sin imaginar que ella simplemente se apropiaría del vehículo.
Notando cómo la furia de su jefe aumentaba por momentos, José Alejandro retrocedió un paso. -Voy al garaje por otro coche.
…
Isabel esperaba en un semáforo cuando su teléfono vibró. Al ver el nombre en la pantalla, un suspiro de fastidio escapó de sus labios: Carmen Ruiz, su madre.
-Necesito que vengas a la casa esta noche. Tenemos que hablar.
Isabel dio un sorbo a su botella de agua, el líquido frío contrastando con el calor de su
irritación.
-No puedo, estoy ocupada.
-¿Ocupada? -La voz de Carmen destilaba sarcasmo-. No te veo muy ocupada preocupándote por Sebastián.
Los sentimientos encontrados de Carmen hacia su hija eran evidentes en cada sílaba.
-¿Por eso trajiste a Iris de vuelta? ¿Para que ella se preocupe por él?
El silencio al otro lado de la línea fue revelador. Isabel conocía demasiado bien el motivo de esta llamada. El conflicto con Iris de hace dos años había sido más que un simple desacuerdo; si Iris no hubiera huido, probablemente estaría tras las rejas.
Ahora que había vuelto, tanto Sebastián como los Galindo debían estar preocupados por las posibles repercusiones.
Al darse cuenta de que Isabel ya estaba al tanto del regreso de Iris, Carmen suavizó su tono.
-Eso ya quedó en el pasado, mi amor. No puedes seguir aferrándote a lo que pasó.
Una ráfaga de viento se coló por la ventana entreabierta del coche, acariciando el cuello de Isabel como dedos helados, enviando un escalofrío directo a su corazón. Pero ella, como siempre, decidió ignorar ese frío penetrante.
-Señora Ruiz–El uso del apellido fue deliberado, una barrera más entre ellas-. Hace solo tres años casi pierdo la vida en el accidente. ¿Ya olvidaste cómo me encontraron?
Los recuerdos de los dos meses que pasó postrada en una cama de hospital atravesaron su mente como relámpagos. Iris había orquestado el accidente, aterrada de que el regreso de Isabel a la familia Galindo significara perder todo lo que consideraba suyo. Había sido un intento calculado de silenciarla permanentemente.
-Mi amor, ella no tuvo la culpa -insistió Carmen-. No puedes seguir viéndola con tanto
rencor.
03-30
Isabel lanzó la botella vacía, acertando perfectamente en un bote de basura cercano.
-¿Yo la miro con rencor? ¡Ustedes le creen todo! Si confían tanto en ella, ¿para qué me buscaron? ¿Por qué no fingimos que nunca me encontraron? Es más, ¡mejor te bloqueo de una
vez!
-¡lsabel! -La voz de Carmen se elevó con frustración-. ¿No podrías ser razonable por una vez? ¡No todo tiene que ser un drama!
Tras una serie de reproches sobre su falta de madurez, Carmen fue directo al grano.
-Esta vez es diferente. Está muy enferma, Isabel. Es grave.
Una risa escapó de los labios de Isabel.
-Ah, claro. Está enferma y por eso hay que posponer mi boda. Y Sebastián tiene que estar pegado a ella todo el tiempo, ¿no?
A pesar de que sus sentimientos por Sebastián se habían enfriado considerablemente, la hipocresía de la situación le revolvía el estómago.
-Ellos crecieron juntos -defendió Carmen, su voz elevándose-. Sebastián es su apoyo emocional más importante.
-No te preocupes por eso -continuó, intentando sonar conciliadora-. Al final te casarás con él. ¿Podemos concentrarnos en la enfermedad de Iris por ahora?
Isabel sintió la bilis subir por su garganta. Querían tratar a Iris como una princesa de cristal y, encima, esperaban que ella se hiciera a un lado sin protestar.
-¿Me estás escuchando? -insistió Carmen ante su silencio.
¿Escuchar qué? ¿Su enfermiza moral? ¿Su defensa ciega de la mujer que había intentado matarla? Isabel cortó la llamada y, sin dudarlo, la bloqueó. No era la primera vez que lo hacía, pero alguien -probablemente Esteban- seguía desbloqueando el número.
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