Capítulo 402
Isabel sostenía el teléfono contra su oreja, escuchando la voz juguetona de Paulina. Una sonrisa se dibujó en sus labios al percibir ese tono malicioso tan característico de su amiga.
-Debe ser por los millones que cuesta el tratamiento médico -respondió Isabel con voz pausada.
-¿Millones en tratamiento médico? -La voz de Paulina se elevó con incredulidad–¿Millones,
en serio?
“Dios, ¿será posible que hayan encontrado una cura?” pensó Paulina, y sin poder contenerse,
añadió:
-¿Han encontrado una manera de salvar a Iris? ¡Por Dios, ojalá no le den la oportunidad de
sobrevivir!
La amargura en la voz de Paulina era evidente. Para ella, alguien como Iris merecía sufrir hasta el final por todo el daño que había causado.
-Algo así -respondió Isabel con tono neutro.
-¿Ah? ¿De verdad encontraron una solución? -El desánimo en la voz de Paulina era palpable.
Isabel se acomodó mejor en la cama antes de responder:
-Aunque encontrarla o no viene siendo lo mismo, solo es una pequeña esperanza.
“Lo que les espera es una desesperación aún mayor“, pensó Isabel mientras jugueteaba con un
hilo suelto de la sábana.
-¡Ya dime todo de una vez! -La impaciencia vibraba en la voz de Paulina- No me gustan estos suspensos, mi corazón no lo aguanta.
Isabel sonrió ante la ansiedad de su amiga:
-Andrea regresó al país y fue a ver a Iris en la casa de los Galindo.
-¿Qué? ¿Y por qué fue a ver a Iris? -La voz de Paulina subió una octava- ¿Qué pasó entre ustedes? ¿Por qué Andrea iría a ver a Iris?
La agitación en su voz era evidente, mezclada con una pizca de molestia. Durante todo este tiempo, la familia Galindo había estado completamente acorralada, sin poder acceder al hospital ni conseguir que ningún médico los visitara. Para Paulina, ese había sido un castigo bien merecido.
Isabel dejó escapar una suave risa:
-¿Por qué te alteras? ¿Crees que Andrea necesita el dinero de esa familia para el tratamiento?
Con paciencia, Isabel le explicó la situación, Andrea no había tenido intención de ir, pero ella, por puro aburrimiento, la había convencido. Esa visita había sembrado una diminuta semilla
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de esperanza en la familia Galindo, aunque a un precio estratosférico.
-¿Treinta y cinco millones? -La voz de Paulina temblaba de asombro- ¿Qué clase de medicamento puede costar tanto?
-No sé qué medicamento sea, pero según Andrea, existe.
-¡No lo puedo creer! -exclamó Paulina- ¿No estará Andrea jugando con la familia Galindo?
Isabel se encogió de hombros, aunque sabía que su amiga no podía verla:
-No sé si es una broma, pero viendo cómo Maite está alborotada, parece que la familia Galindo lo creyó.
Paulina respiro profundamente antes de continuar:
-¿Quién diría que Andrea tenía tanto talento para embaucar? ¿De dónde van a sacar los Galindo más de treinta millones para el tratamiento de Iris?
Las últimas semanas habían sido un infierno para la familia Galindo. Una sola palabra de Esteban había paralizado por completo al Grupo Galindo, llevándolo al borde de la quiebra. Quizás Patricio Galindo había logrado rescatar algunos fondos, pero definitivamente no los usaria para el tratamiento de Iris, no cuando tenía otra familia que mantener.
-Si tuvieran tanto dinero, la familia Galindo no estaría en este lío, ¿o sí? -comentó Isabel.
-Tienes razón -respondió Paulina-. Por como Maite está armando escándalo, seguro Carmen quiere echarle mano también al dinero de Valerio.
Isabel asintió para sí misma:
-Así que por eso Maite está haciendo tanto alboroto.
-Exacto–confirmó Paulina-. ¿Quién hubiera pensado que Maite tendría tanta fuerza? Siempre la subestimé, sobre todo frente al poder de los Galindo.
El silencio se instaló por un momento mientras ambas recordaban cómo incluso Isabel, siendo de sangre Galindo, había sido marginada. ¿Qué podía esperar entonces Maite, una extraña en esa dinastía?
-Bueno, ya basta de hablar de los Galindo -dijo Isabel, cambiando de tema-. ¿Dónde estás ahora? ¿Quieres que mande a alguien por ti?
-No puedes venir por mí -la voz de Paulina sonaba extrañamente tensa.
-¿Cómo que no puedo? -preguntó Isabel, desconcertada- ¿A qué te refieres?
-No puedes venir por mí porque estoy en la villa de Carlos, y no me deja salir.
-i¿Qué?! -La exclamación de Isabel resonó en la habitación.
“Carlos no la deja salir… ¿qué significa eso?“, pensó Isabel, intrigada. Aunque normalmente no era muy curiosa, aquella revelación despertó su interés.
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-Amiga, explícame bien qué está pasando -pidió Isabel, incapaz de ocultar su preocupación.
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