Capítulo 403
El reloj de la villa marcaba otro minuto sin sentido mientras Paulina contemplaba el paso del tiempo, preguntándose en qué momento su relación con Carlos se había deteriorado tanto.
-Es que según él, soy como un imán para los problemas -murmuró Paulina con voz queda-. Dice que soy un peligro ambulante.
Un silencio tenso se extendió por la línea telefónica antes de que Isabel respondiera.
-¿En serio te dijo eso? -la indignación vibraba en su voz.
“¿Desde cuando me volví tan débil?“, se preguntó Paulina, sorprendida de su propia mansedumbre ante Carlos. El miedo había echado raíces profundas en su interior, transformándola en alguien que apenas reconocía.
-La verdad es que tiene razón -admitió con un suspiro que parecía cargar el peso del mundo.
La vulnerabilidad en su voz hizo que Isabel quisiera tender un puente de consuelo hacia su amiga, pero Paulina continuó antes de que pudiera hacerlo.
-Isa, no logro contactar a mi mamá. Roberto también desapareció -su voz se quebró ligeramente-. No entiendo qué está pasando, pero hay personas siguiéndome por todos lados. La revelación golpeó a Isabel como una bofetada inesperada, dejándola momentáneamente sin palabras.
“Me convertí en un problema andante, ¿verdad?“, el pensamiento de Paulina flotó entre ambas
como una nube oscura.
-No te menosprecies así -Isabel recuperó su voz con firmeza-. Dime qué pasa con tu mamá. Haré que mi hermano investigue. Y si ya no quieres estar cerca de Carlos, mandaré a alguien por ti.
-Isa… la voz de Paulina tembló con una mezcla de gratitud y duda.
-¿Qué dices? ¿Lo hacemos?
-Sí–la respuesta brotó instantánea, como agua de un manantial largamente contenido.
A pesar de saber que su presencia solo traería complicaciones, la cercanía de Carlos se había vuelto un tormento que su corazón ya no podía soportar.
Una suave risa melodiosa atravesó la línea.
-Así me gusta.
-¿No te estoy causando demasiados problemas? -la preocupación teñía su voz. Al fin y al cabo, Isabel era la hija adoptiva de la señora Blanchet, y lo último que Paulina deseaba era crear tensiones con la familia Allende.
-No te preocupes por eso la tranquilidad en la voz de Isabel era como un bálsamo.
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Capitulo 403
La conversación fluyó un poco más antes de despedirse. Isabel planeaba esperar el regreso de Esteban para ponerlo al tanto y pedirle que enviara a alguien por Paulina. La pobre nunca había enfrentado una situación así; el miedo debía estar consumiéndola.
En la soledad de su habitación, el semblante de Paulina se desmoronó como una máscara agrietada. La palidez se extendió por su rostro mientras el terror, contenido durante la llamada, emergía como una marea oscura.
Sus dedos temblorosos buscaban distracción en la pantalla del celular, pero su mente seguía atrapada en esos sonidos persistentes -tut, tut, tut- que la perseguían como fantasmas burlones. Cada eco multiplicaba sus temblores, cada repetición intensificaba su pánico.
El miedo la consumía. No quería preocupar a Isabel, pero su terror hacia Carlos sobrepasaba cualquier otra consideración. Las llamadas sin respuesta a su madre, Alicia Torres, y a Roberto solo profundizaban su desesperación.
La ansiedad extrema cobró su precio: una fiebre intensa se apoderó de su cuerpo.
Carlos y Hugo emergieron de la oficina. Al pasar junto a la habitación donde se alojaba Paulina, Carlos se detuvo abruptamente.
-Manténganse alertas a cualquier movimiento de la familia Gromov -instruyó a Hugo y Julien.
-Entendido -asintieron. La situación era clara: su intervención había sido directa y la familia Gromov sabía perfectamente quiénes eran los responsables. Las represalias eran una posibilidad latente.
Notando que Carlos no tenía intención de descender, Hugo y los demás continuaron su camino. Una vez en el primer piso, Eric, quien había mantenido un silencio inusual, se dirigió a Hugo:
-¿El jefe trajo a una mujer?
Hugo le dedicó una mirada reprobatoria.
-¿Acaso estás ciego? Con ese cabello largo, ¿cómo podría ser un hombre?
-¡Ah! -Eric retrocedió ante la mordacidad de la respuesta.
Hugo se alejó sin más comentarios. Julien dio una palmada en el hombro a Eric.
-Enfócate en el trabajo, no te metas en la vida del jefe.
-¿No sientes curiosidad?
-Claro que sí, pero prefiero seguir respirando.
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