La Heredera 404

La Heredera 404

 

Capítulo 404 

Eric abrió los ojos como platos ante las palabras de Julien

-¿Conoces al Dr. Lambert, el que siempre anda cerca del jefe? -preguntó Julien, apoyando una mano sobre el hombro de su compañero

El semblante de Eric se ensombreció al instante, mientras un escalofrío le recorría la espalda

-Por supuesto que lo conozco. Ese hombre tiene la lengua más afilada que he conocido -respondió Eric, arrugando levemente el entrecejo-. Sus palabras son como dardos. envenenados

La presencia de Mathieu en cualquier reunión era sinónimo de tensión. Donde estuviera el jefe, lo más prudente era mantener la distancia si él andaba cerca, pues nadie estaba a salvo de verse envuelto en problemas por sus comentarios mordaces

-Exacto -asintió Julien-. Su curiosidad es tan grande que su boca siempre va tres pasos 

adelante de su cerebro

Eric permaneció en silencio, procesando la advertencia velada en esas palabras

-Así que hazme caso: ¡no seas curioso! -sentenció Julien, dando media vuelta para 

marcharse

Los pasos de Julien resonaron contra el suelo mientras se alejaba. Eric se rascó la nuca, incapaz de contener su curiosidad sobre la misteriosa mujer que acompañaba a Carlos. Trotó para alcanzar a su compañero

-Pero el jefe siempre ha sido más de observar que de actuar -insistió Eric en voz baja-. ¿No crees que algo está cambiando

La reacción de Julien fue instantánea. Su mano se movió como un resorte para cubrir la boca de Eric, mientras sus ojos se entrecerraban en una mirada que prometía peligro. Sin mediar palabra, arrastró a su imprudente compañero hacia el automóvil estacionado

-Por todos los santos, ¿quieres terminar como el Dr. Lambert? -susurró Julien con urgencia-. ¿No te enteraste? Por hablar de más, casi termina ahogado en el mar

A partir de ese momento, Julien decidió que también mantendría su distancia de Eric. Este hombre tenía un don especial para elegir los temas más delicados para sus chismes, como si llevara un radar incorporado para detectar los asuntos más peligrosos. Era como si jugara a la ruleta rusa con su propia vida

… 

En la segunda planta de la villa, Paulina se debatía entre la consciencia y el delirio. A través de la bruma de la fiebre, percibía voces distantes que parecían flotar en el aire como ecos difusos. Un alivio repentino tocó sus labios resecos

La sensación de frescura contra su boca era como descubrir agua en medio de un desierto 

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Capitulo 404 

ardiente. Sus labios se movieron con desesperación, bebiendo cada gota como si fuera la última

Carlos observaba el rostro sonrojado por la fiebre mientras le administraba el medicamento para reducir la temperatura. Cuando intentó retirar el vaso después de que Paulina tragara la pastilla, ella se aferró a su brazo con una fuerza nacida de la desesperación

La mandíbula de Carlos se tensó al contemplar a la joven, tan vulnerable como una mariposa con las alas mojadas

Menuda princesa mimada, pensó con amargura. Un simple soplo de viento la derriba

La sola idea de imaginarla en manos de aquellos que la perseguían le provocaba una inquietud que no quería analizar. Le permitió beber el agua restante, pero ella se negaba a soltar su 

brazo

Las cejas delicadas de Paulina se contrajeron en un gesto de angustia. Sus labios se movían en un murmullo constante

-Mamámamá… 

Las facciones de Carlos se endurecieron

-¡Abre los ojos y mira bien! -espetó con dureza

Se inclinó sobre ella, sujetando su mentón ardiente en un intento por hacerla reaccionar, pero los párpados de Paulina permanecieron cerrados. La cercanía le permitía sentir el calor que emanaba de su piel febril

Un zumbido interrumpió el momento. Carlos extrajo el teléfono de Paulina del bolsillo. Un número desconocido brillaba en la pantalla

Respondió sin pronunciar palabra. Una voz gélida emergió del otro lado de la línea

-Señorita Torres, entregue lo que tiene en su poder -pronunció el hombre con calculada precisión. Se detuvo un momento antes de continuar-. De lo contrario, la señorita Torres no encontrará refugio en ningún rincón de este mundo, y quienes la rodean sufrirán las consecuencias

Los ojos de Carlos se convirtieron en dos rendijas amenazantes

-¿Están amenazándola? -su voz surgió como un susurro peligroso

-¿Quién habla? -demandó la voz al otro lado

-¿No te informaron los que llamaron hoy? Carlos Esparza

El silencio que siguió fue absoluto, roto únicamente por el sonido de la llamada al cortarse. Bastaron esas breves palabras para que Carlos comprendiera la gravedad de la situación en la que Paulina estaba envuelta

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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