Capítulo 412
El aroma de los platillos gourmet inundaba la habitación mientras Paulina contemplaba la abundante mesa con expresión desvalida. Sus grandes ojos, húmedos y suplicantes como los de un cachorro abandonado, se encontraron con la mirada penetrante de Carlos.
-No puedo terminar todo esto -musitó con voz temblorosa.
La tensión se acumulaba en su interior mientras observaba la cantidad abrumadora de
comida. La sola idea de tener que consumir todo lo que había en esa mesa hacía que su estómago se contrajera con anticipación.
Carlos arqueó.una ceja, y sus labios se curvaron en una sonrisa apenas perceptible.
-Entonces, ¿qué era eso tan importante que hablabas con Isa?
El rostro de Paulina palideció instantáneamente. Su mente quedó en blanco, como si alguien hubiera presionado un interruptor de emergencia en su cerebro.
“Por favor, Dios, que me dé un ataque de amnesia temporal porque si no, voy a enloquecer aquí
mismo.”
La intensidad de la mirada de Carlos la mantenía inmóvil. Por primera vez en su vida, la locuaz Paulina Torres se encontró sin palabras, petrificada como una estatua.
Un destello de diversión atravesó los ojos oscuros de Carlos mientras la observaba encogerse
en su asiento.
-Come–ordenó con un tono que no admitía réplica.
-De verdad, no puedo comer más -suplicó Paulina, al borde del llanto.
-¿Prefieres quedarte sin probar bocado?
-¡…!
“¿Es en serio? ¿O me mata de una indigestión o de hambre? ¿Qué clase de opciones son estas?”
En Puerto San Rafael, la mansión de los Galindo se había convertido en un campo de batalla verbal. Carmen Ruiz atravesó el umbral con el rostro hinchado y enrojecido, justo cuando Maite Llorente se disponía a subir con una medicina para Valerio.
La situación era crítica. Ningún médico se atrevía a atenderlos, y Maite había recurrido a remedios alternativos de un herbolario local.
Carmen, quien ya estaba irritada porque Maite había vaciado la tarjeta de Valerio, estalló al ver el oscuro brebaje en sus manos.
-¿Qué diablos es esa cosa? ¿Para quién es? -espetó con desprecio.
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12:35
Capitulo 412
Maite exhaló con fastidio, girándose para enfrentar a Carmen.
-¿Qué pasa? ¿También lo quieres? Perdón, pero no es para tu adorada hija adoptiva.
Carmen se irguió, indignada.
-¿Piensas darle eso a Valerio?
-¿Y qué otra opción tenemos?
-¿Y si le hace daño? ¿Vas a hacerte responsable?
-¿Disculpa? -Maite soltó una risa amarga-. Por favor, una está al borde de la muerte y el otro podría quedar inválido. Estamos contra la pared, ¿y me hablas de responsabilidad?
Carmen se quedó sin aire, como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.
-Te lo advierto, no le des esa porquería a mi hijo.
-¡Por Dios! -Maite apretó los dientes, conteniendo apenas su indignación. ¿Yo le voy a hacer daño? Tu hijo está así por culpa de su propia madre.
-¡Cierra la boca!
-¿Que me calle? ¿O prefieres que te recuerde cómo destruiste esta familia? -Maite avanzó un paso, sus ojos brillando con furia contenida-. Por consentir tanto a tu hija adoptiva, manipulaste a tu propio hijo para que fuera a Bahía del Oro a buscar problemas. ¿Y qué consiguió? Que la gente de Isabel casi le quite la vida.
El rostro de Carmen se contrajo en una mueca de dolor y rabia.
-Tu querida Iris contrató a un sicario para matar a Isabel. ¿Y ahora te sorprende que ella se defendiera? Por eso el Grupo Galindo está en ruinas y tu hijo casi muere. ¡Por tu culpa!
Maite sabía exactamente lo que vendría: Carmen culparía a Isabel de todo, como siempre.
-Es el colmo. Tratas como un tesoro al asesino que casi mata a tu hija, y culpas a Isabel por destrozar la familia.
Carmen temblaba de pies a cabeza.
-Si tanto te preocupa que esta medicina le haga daño a Valerio, ¿por qué no consigues algo mejor? -la voz de Maite destilaba sarcasmo-. Ya lograste que ningún médico se atreva a venir. Si eres tan buena madre, encuentra tú una solución.
Los ojos de Carmen relampagueaban de furia mientras su pecho subía y bajaba agitadamente. -Solo conmigo te pones así -continuó Maite, implacable-. Por cierto, ¿qué te pasó en la cara? ¿Te lastimaron en Bahía del Oro? ¿Fuiste por Iris o por los beneficios que hay detrás de Isabel?
-¡Ya basta!
Capitulo 412
-Ay, ahora tú también quieres tu pedazo del pastel, ¿verdad? Qué pena que perdiste esa minal de oro.
Con cada palabra, el rostro de Carmen perdía más color. Maite, agotada de la discusión, tomó el frasco de medicina y subió las escaleras.
Carmen se quedó dando vueltas en el vestíbulo, murmurando entre dientes.
-Esta casa está maldita, completamente maldita.
“¿Por qué todo el mundo resulta más complicado que el anterior? Isabel ya era experta con las palabras, pero Maite… Maite está en otro nivel.”