Capítulo 419
La primera luz del amanecer se filtraba débilmente a través de las cortinas cuando Maite abrió los ojos, su rostro contorsionado en una mueca de fastidio. El ambiente en la casa de los Galindo pesaba sobre sus hombros como una losa.
-¡Qué día más infernal! -exclamó Maite con amargura-. Ni siquiera puedo abrir los ojos sin tener que aguantar el humor insoportable de tu mamá.
La rabia acumulada durante días estalló en su voz mientras se incorporaba bruscamente de la
cama.
-Que se quede aquí quien quiera. Yo ya no aguanto ni un minuto más en este lugar asfixiante.
Sus palabras resonaron con determinación mientras se dirigía hacia la puerta con pasos firmes y decididos.
-¡Detente! -la voz de Valerio retumbó en la habitación. ¡Devuélveme mi dinero!
-¡Ni en sueños, idiota! -replicó Maite sin dignarse a mirarlo.
Valerio se quedó paralizado, las palabras muriendo en su garganta mientras observaba impotente cómo Maite abandonaba la habitación.
Con paso resuelto, Maite se dirigió al cuarto de Iris. Al verla entrar, Iris se encogió instintivamente en su cama, su debilidad evidente en cada movimiento. Sus ojos, dilatados por el miedo, seguían cada paso de Maite, el recuerdo de la última agresión aún grabado en su piel
adolorida.
Una risa sarcástica brotó de los labios de Maite.
-Vamos, no hay nadie aquí -declaró con desprecio-. Ya puedes dejar de fingir.
-¿Qué… qué quieres ahora? -balbuceó Iris, su voz apenas un susurro tembloroso.
-¿Qué podría querer? -respondió Maite con desprecio-. Solo vine a decirte que ganaste. Me largo de aquí.
Un destello de satisfacción iluminó la mirada de Iris, una chispa que no pasó desapercibida para Maite.
-Este hogar destrozado te lo puedes quedar–agregó Maite con veneno en cada palabra-. No me interesa.
Se dio la vuelta dispuesta a marcharse, pero la voz de Iris la detuvo.
-Espera, ¿qué pasa con el dinero de mi hermano?
“Esta mosquita muerta no tiene límites“, pensó Maite mientras se giraba lentamente.
-¿Tu hermano? -la burla goteaba de cada sílaba-. Por favor, no seas ridícula. Ese es el hermano de Isabel. Pero como a ella no le importa, tú puedes recoger lo que ella deja. Eso sí
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Capítulo 419
que va contigo.
-¡Tú…! -la furia y la humillación se mezclaron en el rostro de Iris, pero el miedo la mantuvo en
silencio.
-¿Yo qué? -la interrumpió Maite con desprecio-. Él tiene un heredero legal, tiene un hijo. ¿Tú quién te crees que eres? -sus palabras cayeron como latigazos. ¿Quieres que deje el dinero? Mírate bien antes de pedir algo así.
Iris permaneció inmóvil, su rostro pálido de rabia, sus ojos ardiendo con un odio contenido que no se atrevía a expresar.
En la planta baja, Carmen intentó detener a Maite al ver que planeaba marcharse con el niño y el dinero. La discusión se prolongó durante dos horas, sus voces resonando por toda la casa. Pero Maite, con el botín asegurado, se mantuvo implacable. Al final, abandonó la residencia llevándose consigo al pequeño y cada centavo, dejando tras de sí una estela de destrucción emocional.
-¡¿Qué clase de mujer es esa que trajiste a nuestras vidas?! -bramó Carmen en el cuarto de Valerio, su voz quebrándose por el desgaste de dos horas de gritos.
Durante ese tiempo, aquella mujer los había destrozado con un arsenal interminable de insultos, demostrando la elocuencia de una auténtica guerrera verbal.
Valerio permanecía sentado al borde de la cama, sus sienes palpitando mientras recordaba cómo Maite había desmantelado sistemáticamente a la familia Galindo con sus palabras.
-¿Fue Iris quien planeó ese accidente para hacerle daño a Isa? -preguntó súbitamente, su voz cortando el aire viciado de la habitación.
Carmen enmudeció ante la pregunta, sus ojos clavados en el suelo.
-Entonces, ¿qué piensas hacer ahora? -insistió Valerio.
La sangre era sangre, pensó. Isabel era su hermana biológica, y aunque Iris había crecido a su lado, no podía perdonar que intentara lastimar a Isabel.
Carmen temblaba visiblemente, incapaz de articular palabra.
-¿Qué tienes pensado hacer ahora? -repitio Valerio, su ceño fruncido en señal de preocupación.
-¿Qué se puede hacer? -respondió Carmen con voz entrecortada-. Esperar a que Iris se recupere primero.
-¿Recuperarse? -Valerio se incorporó bruscamente-. ¿Con su estado actual, crees que pueda recuperarse?
Ambos sabían que, aunque existiera la posibilidad de recuperación, los recursos para el tratamiento médico se habían esfumado junto con Maite.
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