Capítulo 42
Isabel y Paulina se giraron al escuchar el sonido de tacones contra el mármol. Camila Vázquez se acercaba con paso altivo, flanqueada por dos chicas que Isabel no reconoció. Su vestido de diseñador parecía gritar “dinero” con cada movimiento.
Los labios de Paulina se tensaron al verla. No era ningún secreto que Camila e Iris eran íntimas amigas, ni que Camila suspiraba por Valerio desde hacía años. Durante los dos años que Iris estuvo fuera, Camila había intentado humillar a Isabel en cada oportunidad, aunque siempre terminaba mordiendo el polvo.
Camila se plantó frente a Isabel, escaneándola de pies a cabeza con desprecio.
-¿Cómo entraste aquí? ¿Traes invitación?
Paulina dio un paso al frente, colocándose protectoramente entre ambas.
-¿Desde cuándo tú decides quién entra y quién no en casa de los Vázquez?
Una risa desdeñosa escapó de los labios de Camila.
-Puede que no decida, pero sé perfectamente que ella no tiene invitación.
El recuerdo de haber revisado personalmente la lista de invitados con su madre brillaba en sus ojos. Habían incluido a toda la familia Galindo, hasta a Iris que ni siquiera estaba en la ciudad, pero el nombre de Isabel había sido deliberadamente omitido.
-¿Te colaste sin invitación? -Camila alzó la voz lo suficiente para atraer miradas-. ¿De dónde sacaste tanta desfachatez? ¿Y ese atuendo?
Sus ojos se detuvieron en el blazer casual de Isabel.
-¿Ya no te alcanza ni para un vestido decente desde que el señor Bernard te botó? ¡Mírate nada más!
El área de bocadillos se había convertido en un improvisado teatro, con docenas de jóvenes de la alta sociedad conteniendo el aliento, esperando el siguiente acto del drama.
La furia encendió las mejillas de Paulina.
-¿Y a ti qué te importa cómo venga vestida? Mejor mírate en un espejo. ¿No te aprieta demasiado ese escote?
El rostro de Camila se contorsionó de rabia.
-Métete en tus asuntos, Paulina. Esta es mi casa, el cumpleaños de mi abuelo. Si tanto quieres defender a Isabel, lárguense las dos.
Isabel depositó su plato con una calma estudiada. Sus ojos se clavaron en Camila.
-¿Estás segura de lo que dices?
-¿Me estás amenazando? -Camila soltó una risa nerviosa-. Los Vázquez jamás invitarían a
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una víbora como tú.
Las palabras de Valerio resonaban en su mente. Isabel, la desalmada que había enviado a Andrea al extranjero sin importarle la salud de Iris, no merecía ni un ápice de respeto.
Isabel esbozó una sonrisa enigmática.
-Exacto, no me invitaron. Entonces… ¿cómo crees que entré?
Un silencio pesado cayó sobre la multitud. Todos sabían que el acceso a las fiestas de los Vázquez era extremadamente restringido. Sin invitación, solo alguien con un poder considerable podría entrar. Pero Isabel, repudiada por los Galindo… ¿cómo lo había logrado?
Camila intentó ocultar su inquietud con otra risa forzada.
-Seguro te coló Paulina. No importa cómo, ¡quiero que te largues ahora mismo!
-¿Qué está pasando aquí?
La voz de Valerio cortó el aire como un cuchillo. La multitud se abrió para dar paso a las dos figuras que se aproximaban: Valerio y Sebastián, ambos destilando ese aire de poder y elegancia que hizo suspirar a más de una presente.
Camila corrió hacia Valerio como un cachorro buscando aprobación.
-Valerio, ¿cómo es que ella está aquí?
La mirada de Valerio se posó en Isabel, su rostro ensombreciéndose al notar su atuendo. Sebastián también la observó por un segundo antes de desviar la mirada con disgusto, evidentemente aún furioso por lo ocurrido en los Apartamentos Petit.
Valerio se acercó a Isabel, su voz un susurro helado.
-¿Quién te dejó entrar? ¿Y por qué diablos vienes vestida así?
-¿Hay algún problema con mi ropa?
-¿Tú qué crees?
La frustración en su voz era palpable. “Esta niña… ¿qué clase de educación recibió de esa familia?“, pensó Valerio. Actuando sin ningún respeto por las normas sociales, avergonzándose a sí misma y a todos los demás.
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