Capítulo 425
El bullicio característico del centro comercial se había disipado cuando Esteban Allende arribó al lugar. Andrea Marín ya había partido en compañía de Fabió Espinosa, mientras que Camila Vázquez se había esfumado sin dejar rastro. Noelia Béringer, tras atender una llamada urgente, también había desaparecido entre la multitud de compradores que transitaban por los pasillos.
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En medio de ese escenario, Isabel Allende permanecía solitaria, como una pincelada de quietud en el lienzo agitado del centro comercial. Su figura delicada contrastaba con el entorno comercial que la rodeaba, sentada en una de las sillas del pasillo principal, con un café humeante entre sus manos. El aroma del café recién hecho flotaba en el aire cuando Esteban se aproximó con paso decidido, ocupando el asiento contiguo al suyo.
A una distancia prudente, Mathieu Lambert observaba la escena, sintiendo el impulso de acercarse para indagar sobre lo sucedido. Sin embargo, un tirón firme de Lorenzo Ramos lo detuvo en seco.
-¿Qué intentas hacer? -cuestionó Mathieu, desconcertado.
“Esta pequeña princesa… ¿en verdad vino sola? Y ahora que la veo bien, no parece que la hayan lastimado. ¿De dónde salió todo este drama?”
-¿No te das cuenta de que tiene los ojos irritados? No tiene caso preguntar–señaló Lorenzo con un gesto sutil.
Mathieu aguzó la mirada y confirmó que, efectivamente, los bordes de los ojos de Isabel mostraban un tenue carmesí, evidencia inequívoca de llanto reciente. Lo que al principio había tomado por teatro resultó ser genuino.
-¿Por qué no le marcas a tu amiga para averiguar qué pasó? -sugirió Lorenzo, presintiendo que el asunto tendría consecuencias serias. A pesar de que Esteban no había expresado sus intenciones durante el trayecto, Lorenzo intuía que quien resultara responsable enfrentaría repercusiones significativas.
-No tengo su número guardado -confesó Mathieu, encogiéndose de hombros.
-¿No tuvieron una cita?
-Ya te dije que no me interesó. ¿Para qué guardar su contacto?
“Es absurdo que una simple cita sin importancia ahora me señale como el culpable de todo este embrollo“.
Con delicadeza, Esteban pasó sus dedos por el cabello de Isabel.
-¿Hubo algún altercado? -preguntó con suavidad.
Isabel lo miró con ojos brillantes por las lágrimas contenidas, guardando silencio.
-Ay, Isabel -musitó Esteban, rodeándola con sus brazos. El cuerpo de Isabel se tensó ante el
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Capitulo 425
contacto.
-Estamos en un centro comercial -protestó ella con voz queda.
-Sí, en tu centro comercial -respondió él con naturalidad.
-¿Cómo? -Isabel parpadeó sorprendida. ¿Mío?
-Lo adquirí hace un año a tu nombre -comentó Esteban con la misma naturalidad con que alguien menciona haber comprado un regalo pequeño.
Isabel permaneció inmóvil, asimilando que era propietaria de bienes raíces en Puerto San Rafael, incluyendo Bahía del Oro y el centro comercial más exclusivo de la zona.
Mathieu, quien había escuchado la conversación, miró a Lorenzo con asombro.
-Dime tú, ¿quién podría resistirse a semejante declaración de amor? -susurró Mathieu.
“¿Cuántas propiedades habrá puesto Esteban a nombre de Isabel? Esto va más allá de asegurar su bienestar; es garantizarle una vida de opulencia absoluta”.
-Por lo visto aún no comprendes por qué la señorita jamás mostró interés en el señor Bernard -observó Lorenzo.
Sebastián Bernard destacaba entre los solteros más codiciados de Puerto San Rafael, con un atractivo natural y un porte aristocrático que, a pesar de su devoción por Iris Galindo, seguía atrayendo admiradoras. Sin embargo, Isabel, su prometida, siempre había manifestado una total indiferencia hacia él.
-¿Por qué razón? -inquirió Mathieu.
Lorenzo le dirigió una mirada que Mathieu interpretó como compasiva. ¿Compasión? ¿A qué venía ese gesto?
En realidad, la expresión de Lorenzo ocultaba un dejo de burla.
-Porque el señor ha educado a la señorita en tal abundancia que nadie más podría impresionarla.
-Es verdad -reconoció Mathieu.
Desde pequeña, Esteban había procurado que Isabel tuviera acceso a lo más selecto en cada aspecto de su vida. Al lado de Esteban, Isabel había conocido un mundo de privilegios: personalidades destacadas, individuos atractivos, gente con poder, dinero e influencia. ¿Qué experiencia de opulencia le resultaría novedosa?
Por eso mismo, aunque la familia Bernard ostentara la mayor fortuna de Puerto San Rafael, para Isabel no representaba nada extraordinario.
El presidente del centro comercial, al enterarse de la presencia de Esteban, acudió presuroso a saludar.
Era James Arthurs.
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Capítulo 425
Isabel se estremeció al reconocerlo.
-Señor James -pronunció con voz temblorosa.
Los recuerdos de su colaboración previa con WanderLuxe Travels afloraron en su memoria, junto con un profundo sentimiento de gratitud hacia James, una deuda emocional que parecía no tener fin.