Capítulo 43
Valerio se acercó a Isabel, su voz un susurro tenso entre dientes.
-Mira, si querías buscar a Sebastián, por lo menos hubieras venido presentable. Los Vázquez ni siquiera te invitaron esta vez.
Un destello de culpa cruzó su rostro. Él mismo había sugerido omitir a Isabel de la lista de invitados. Con todo el alboroto que había causado por el asunto de Iris, lo último que
necesitaban era verla en eventos tan prominentes.
Isabel soltó una risa seca que heló el ambiente.
-¿Y para qué querría yo buscarlo?
-Si no viniste por él, ¿entonces a qué? -Valerio apretó los puños-. ¿Qué se cree Sebastián dejando que hagas estos numeritos? ¿Tanto te urge llamar su atención?
“Idiota“, pensó Isabel. La declaración de Sebastián en el hospital todavía resonaba en los oídos de Valerio: no se casaría con ella. Y en su mente, todo era culpa de Isabel y sus escándalos recientes. La ruptura pública, el asunto con Andrea… ¿quién en su sano juicio toleraría tanto drama?
-Te lo advierto -continuó Valerio-. Lo tuyo con Sebastián se acabó, y es tu culpa. Mejor olvídalo, que ni aunque habláramos bien de ti serviría de algo.
Isabel arqueó una ceja, un gesto cargado de ironía.
-Hablas como si de verdad fueran a decir algo bueno de mí.
“¿Están ciegos o qué les pasa?“, se preguntó. Todo Puerto San Rafael sabía del escándalo de su ruptura, ¿y estos todavía creían que venía tras Sebastián?
La actitud desafiante de Isabel encendió aún más la furia de Valerio.
-Como sea, quiero que te largues de aquí ahora mismo. Vestida así solo estás haciendo el ridículo.
Sebastián se acercó al grupo, su rostro una máscara de disgusto al examinar el atuendo de Isabel.
-Ya vete. Si nuestra boda se canceló, pues que así sea.
Sus ojos se endurecieron.
-Isabel, si en esta vida vuelvo a pensar en casarme contigo, que me parta un rayo.
Camila avanzó con paso triunfal, el taconeo de sus zapatos resonando como un tambor de
guerra.
-¿Ya oíste? El señor Bernard no te quiere. Se acabó tu sueñito de ser la primera dama de la alta sociedad de Puerto San Rafael.
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Capítulo 43
Isabel la miró con una mezcla de lástima y desprecio.
-No sabes cuánto te lo agradezco.
“¿Primera dama? Más bien una pesadilla“, pensó.
-Sigue haciéndote la digna -se burló Camila-. Sin el señor Bernard y sin los Galindo, en unos meses te veremos pidiendo limosna.
La furia encendió las mejillas de Paulina.
-¿Quién va a pedir limosna? ¿Qué importan los Bernard o los Galindo? ¿O qué? ¿Crees que yo no tengo palabra aquí?
Camila torció los labios en una sonrisa venenosa.
-¿Y hasta cuándo la vas a seguir defendiendo? Aunque bueno, hoy en día no es raro ver parejas del mismo sexo -su voz destilaba malicia-. Pero incluso si quieres rebajarte tanto, podrías buscarte algo mejor que… esto…
El sonido cortante de una bofetada interrumpió sus palabras.
Isabel había actuado sin pensar. No planeaba dignificar a Camila con una respuesta, pero el insulto a Paulina había sido la gota que derramó el vaso. Su mano ardía casi tanto como la marca roja que comenzaba a formarse en la mejilla de Camila.
Un silencio sepulcral cayó sobre la fiesta. Docenas de ojos observaban la escena, incapaces de creer lo que acababa de suceder.
Camila se llevó la mano al rostro, sus ojos desorbitados por la sorpresa.
-¿Te volviste loca? ¿Cómo te atreves a tocarme?
Isabel la miró con desprecio, su voz cortante como el hielo.
-Si te golpeé es porque te lo ganaste. Y con esa boca que tienes, bien valdría la pena callártela unas diez veces más.
Valerio observaba la escena paralizado. La audacia de Isabel, golpeando a alguien en semejante evento social, hizo que su furia alcanzara nuevos niveles.
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