Capítulo 430
La aeronave privada surcaba el cielo rumbo a Avignon, dejando atrás las turbulentas aguas de las Islas Gili. En la cabina principal, Oliver permanecía recostado, su rostro reflejando el persistente malestar que aquejaba su pierna. A pesar de haber evitado lo peor, cada punzada de dolor le recordaba cuán cerca había estado de perderla.
La voz de Yeray resonó contra los paneles de la cabina, cada palabra destilando una calculada frialdad.
-Sí, sigan con el plan -ordenó al teléfono con tono imperativo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Oliver al escuchar aquellas palabras. Su mente divagó entre las posibilidades. ¿Un plan? Canociendo a Yeray, solo había un asunto que podría mantenerlo tan obstinado: Isabel.
Cuando Yeray terminó la llamada, Oliver reunió el valor para preguntar:
-¿Todavía tienes planes para la muchacha?
La mirada penetrante de Yeray se clavó en él como un dardo.
“Quizás debería mantener la boca cerrada“, pensó Oliver mientras tragaba con dificultad.
-Esteban y ella ya están juntos. Por fin logró lo que tanto anhelaba -agregó, intentando
razonar con su amigo.
-¿Recuerdas por qué Isa se enamoró de él?
Las palabras de Yeray dejaron a Oliver sin aliento, su corazón comprimiéndose ante el peso de aquella verdad que conocía demasiado bien.
-De cualquier forma, no deberías enfrentarte a Esteban ahora. Sus sentimientos por Isa…
-Oliver–lo interrumpió Yeray con voz tajante.
El silencio se apoderó de la cabina mientras Yeray tomaba su copa de vino tinto, saboreando el líquido carmesí con deliberada lentitud.
-Tú y Esteban no deberían estar en conflictó así. Necesitan resolver esos malentendidos -insistió Oliver tras una pausa reflexiva-. ¿0 planeas quedarte en Avignon para siempre?
Una sonrisa cínica curvó los labios de Yeray mientras arqueaba una ceja.
-Tienes razón, los malentendidos deben resolverse. París… también debería regresar allá.
Algo en su tono al mencionar “París” puso en alerta a Oliver. No era una simple declaración de intenciones; había algo más, algo que iba más allá del asunto del hijo ilegítimo. Al pensar en el padre de Yeray, una profunda frustración se apoderó de él.
Los dedos de Yeray tamborileaban sobre la mesa en un ritmo hipnótico mientras repetía la palabra “malentendidos” con un tono que mezclaba sarcasmo y diversión.
Captulo 430
La noche había caído sobre la mansión cuando Isabel terminó su cena ligera. Tras su regreso con Esteban, Mathieu y Lorenzo se habían retirado al estudio. El timbre dé su teléfono rompió la quietud del momento: era Paulina.
Los sollozos de su amiga al otro lado de la línea eran tan intensos que apenas podía respirar. Isabel jamás la había escuchado llorar así, y su instinto protector se activó de inmediato.
-A ver, tranquila, cuéntame qué pasó. ¿Quién te hizo algo? Dime y yo me encargo de esa persona -su voz intentaba transmitir calma y seguridad.
“¿Quién podría haberla alterado tanto?“, se preguntó Isabel mientras consideraba utilizar sus contactos en París, aquellos recursos que Esteban le había proporcionado y que no había tocado desde las amenazas de Yeray.
Paulina sollozaba tan intensamente que sus palabras apenas eran comprensibles.
-Tranquila, respira. Si quieres puedo mandar a alguien a investigar ofreció Isabel con suavidad.
“Algo no cuadra“, pensó. Si estaba trabajando con Carlos, ¿por qué seguía tan alterada? ¿Acaso él…? No, imposible. Carlos siempre había sido un hombre reservado, aparentemente sin interés en molestar a nadie.
Pero estaba equivocada.
-Fue Carlos logró articular Paulina entre sollozos-. Él fue quien me quitó la ropa.
—-
Isabel se quedó paralizada, procesando aquella revelación.
-¿No fue la mucama? -pero incluso mientras lo preguntaba, recordó que Carlos vivía prácticamente solo, con apenas un chef masculino en la cocina.
Al no recibir respuesta, los sollozos de Paulina se intensificaron.
-¿Me vas a ayudar a darle su merecido?
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