La Heredera 439

La Heredera 439

Capítulo 439 

En el comedor de aquella mansión, la determinación de Paulina se mantenía inquebrantable como una roca contra la marea. Sus manos, aferradas al borde de la mesa, revelaban su negativa absoluta a emprender cualquier viaje

Carlos entornó los ojos, estudiándola con una mirada que podría hacer temblar al más valiente. -No es tu decisión -declaró con voz autoritaria

El silencio que siguió fue ensordecedor. Paulina sintió cómo su corazón se desbocaba dentro de su pecho, como un pájaro atrapado que lucha por escapar de su jaula. La comida frente a ella permanecía intacta, convertida en un testigo mudo de su angustia

Con un movimiento deliberado, Carlos consultó su reloj de pulsera, y después recorrió con la mirada el atuendo de Paulina

-Tienes diez minutos para cambiarte y maquillarte

—De verdad, no quiero ir —insistió ella, mientras sus labios se contraían en un gesto de súplica. Sus ojos, cristalinos por las lágrimas contenidas, lo miraron con una determinación que contrastaba con el temblor de su voz. En ese instante, emanaba de ella una resistencia que la 

transformaba

La expresión de Carlos se endureció, como si cada segundo de retraso tallara líneas invisibles 

en su rostro

-Te quedan ocho minutos. Sabes bien que no estoy negociando contigo -sentenció con un tono que no admitía réplica

Ante la actitud implacable de aquel hombre, las lágrimas en los ojos de Paulina se volvieron más evidentes, brillando como gotas de rocío al amanecer. Su mirada hacia Carlos se transformó en un silencioso reproche que hablaba de miedo y resignación

Un suspiro de frustración escapó de los labios de Carlos

-¿Todavía no vas

Las mujeres son un problema“, reflexionó para sus adentros. Solo Esteban poseía la paciencia necesaria para consentir a la princesa Isabel, pero eso era resultado de una vida entera juntos desde la infancia. Él, por su parte, carecía por completo de esa virtud. Especialmente ahora, al verla al borde del llanto, sentía el impulso de empujarla hacia la puerta sin más contemplaciones

En otra parte de la ciudad, Isabel saboreaba su desayuno matutino. La cocina había preparado su platillo predilecto: arroz con pollo. Sin embargo, al percibir la fragancia que flotaba en el aire, algó le pareció distinto

19:42 

Capítulo 439 

-¿Hay caldo de arroz? -preguntó al mayordomo, pensando en la preferencia de Esteban por aquella bebida de sabor delicado

-El señor tomó un poco hace un rato, debe quedar algo -respondió el mayordomo con 

presteza

-Tráeme caldo de arroz, por favor

Con ese simple gesto, Isabel apartó el plato de arroz con pollo, evidenciando su desinterés por probarlo. El mayordomo, atento a sus deseos, ordenó de inmediato a la criada que sirviera la bebida solicitada

Aunque antes no le atraía particularmente, ahora encontraba en el caldo de arroz un sabor reconfortante que la transportaba a momentos de paz. Apenas había dado un par de sorbos cuando el timbre de su teléfono interrumpió el momento

-Pauli

-ilsa, ayúdame! -la voz desesperada de su amiga resonó a través del auricular

Isabel arqueó una ceja, sorprendida. ¿En qué momento su amiga, siempre tan valiente, se había transformado en alguien tan temeroso bajo la sombra de Carlos

-¡Carlos quiere llevarme a un lugar y dice que será peligroso! -gimoteó Paulina-. ¡lsa

sálvame! No quiero pasar por eso otra vez

El solo pensamiento de verse envuelta en otra situación similar hacía que Paulina sintiera que le pedían más de lo que podía soportar

-¿A dónde van? -inquirió Isabel, consciente de que cualquier destino relacionado con Carlos parecía entrañar algún tipo de riesgo. Era una realidad problemática para alguien como 

Paulina

-¡No tengo idea! Dice que garantizará mi seguridad, pero si lo menciona es porque seguramente habrá peligro, ¿verdad

Isabel guardó silencio, sopesando la situación

-Isa, ¿cuándo regresarás a París? ¡Me estoy volviendo loca! -suplicó Paulina. A este paso, si Carlos no acababa con ella por un infarto, terminaría perdiendo la cordura

-No tengo una fecha definida, pero no te angusties tanto

-No es angustia, es terrorprecisó Paulina-. No quiero ir a ningún lado con él

Su voz se había convertido en un ruego lastimero que atravesaba la línea telefónica

-¿Quieres que envíe a alguien por ti? 

-¿Para llevarme con los Allende

-Fuera de la familia Allende, en este momento no parece haber ningún lugar verdaderamente 

seguro, ¿no crees

213 

19:42 

Los acontecimientos en el aeropuerto internacional de París habían dejado claro que la seguridad de Paulina en el extranjero era una ilusión

Paulina se sumió en sus pensamientos. Isabel tenía razón, pero los rumores sobre la señora Blanchet y las implicaciones de vivir bajo el mismo techo también la aterrorizaban. Se encontraba atrapada entre dos miedos, sin saber cuál era peor

19.42 

La Heredera

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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