Capitulo 44
Ellado de los fatores de Isabel resonate cor el casillo cuerdo Valerio la alcanzó. Sus dedos se davation en el brazo de ella mientras la empujabe contre la pared. El impacto hizo que Isabel se
cobeata contra el firio tell
-¿Te volviene lose o qué? ¿Crees que este es el lugar para tus numeritos? -La voz de Valerio Mobilaba de rabia domeniida
Isabell bars la mitada hadia sumano. La ufa del dedo indice, recién arreglada esa mañana, se habia partido por la mitad. Un detalle insignificante que, en su estado actual, solo sirvió para allithentar la furie que le ardia en el pedho
Sus labios se ourvaron en una sonrise cargada de desprecio.
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-¿por qué me No seria la primera vez que hay un escandalo en este lugar o ya se te olvidó? -El routro de Valeno de contorsions de vita all war la expresión desafiante de Isabel.
La arrogandia on au mirada fue la gota que derams ell vase Levento la mano, dispuesto a bortal ass sonata de un golpe tato mujer hente que alguien le enseñe una lección“, pensó, Facordando todos los problemes que habia causado diffimamente
Sy thano como al aire con violencia, dirigiendose alte die Isabel Pero a centimetros de su objetivo, sun agarre de hierro to detuvo on O
En ese mismo instante, isubol aprovecho te distention Sefedilla se elevó con precisión calculada, impactande directamente en in ontopoma die Walene. El golpe fue tan certero que of hombre Zojë esempar un gomite afogato antes de desplomarse sobre el suelo de mármol.
isabel, maldita das palabras salieron entreno tadas ene espremos de dolor.
Wiertnoy, quien sostenia aun la muñena de Valero parpades confundido. Había estado a punto
de Za Zaria su marecillo por intentar golpear a una mues pero isabel se le había adelantado.
Francia al cone, estudiando la situación
* Que pasa? Este es algun tips de antuarioR?
Sue quilathias qualiaran fistants en el aire mienas observaba el rostro contraído de Valerio. SMA, Zolmiowamente ese dala na era fingida.
Pauline marcantha una mirada complice can isabel, quien bajaba su rodilla con deliberada Hantud fandian Mathieu la observaba alors una mezcla de sorpresa y admiración en su enstre Mabía exacte prestupate pui protegatta pero claramente isabel sabia defenderse sala. Vater Valerial–Los grius histertes de Camila resamaton por el pasillo mientras corría hama aline 4. Que le Minisite” (Que alguien lame uma ambulanca, rápider
me
Valente se cans on disuelto di folm guisante en alentus desde su entrepierma, La
Capitulo 44
humillación de haber sido derrotado por una mujer solo intensificaba su agonía. “¿Cómo se atrevió a golpear ahí? ¿Acaso no tiene vergüenza?“, pensaba mientras la rabia y el dolor se mezclaban en su interior.
Sebastián, quien había observado toda la escena, se acercó a Isabel. La furia deformaba sus facciones habitualmente atractivas.
-¿Qué pretendes con todo esto? -Sus ojos brillaban con desprecio-. Te lo voy a dejar bien claro: aunque pongas todo Puerto San Rafael de cabeza, jamás me voy a casar contigo.
Isabel y Mathieu intercambiaron una mirada de incredulidad ante semejante declaración. La determinación de Sebastián por victimizarse resultaba casi cómica.
Los murmullos no se hicieron esperar. El eco de las conversaciones rebotaba contra las paredes del pasillo.
-¿No fue ella la que anunció que iba a divorciarse del señor Bernard? ¿Ahora se está arrepintiendo o qué?
-¿Y eso qué importa? Ya vieron la actitud del señor Bernard, ni loco se casa con ella.
-Debería aprender a comportarse. Con esa actitud tan escandalosa, no me sorprende que ni la familia Galindo ni el señor Bernard la quieran. ¿Quién podría?
Sebastián abrió la boca para agregar algo más, pero en ese momento su celular vibró. Era un mensaje de Carmen con una foto adjunta: Iris yacía en la cama del hospital, su rostro pálido contrastando con las sábanas blancas. Acababa de despertar y se retorcía de dolor, su cabello pegado a la frente por el sudor.
La imagen atravesó el corazón de Sebastián como una daga. Toda su ira hacia Isabel se evaporó, reemplazada por una profunda preocupación. Con un movimiento brusco, agarró la muñeca de Isabel.
-¿Podrías dejar el escándalo por una vez en tu vida?
Isabel bajó la mirada hacia donde los dedos de Sebastián se cerraban sobre su piel. Un destello de repugnancia cruzó por sus ojos, tan breve que cualquier otro lo habría pasado por alto. Pero Sebastián lo captó, y la certeza de ese desprecio le dolió más de lo que estaba dispuesto a admitir.
-Suéltame -Su voz era hielo puro.