Capítulo 446
Las manos de Carmen temblaban mientras sus ojos recorrían la interminable lista de números telefónicos. Cada registro era una puñalada que confirmaba la frecuencia de contacto entre Iris y esa mujer. El papel crujía bajo la presión de sus dedos, amenazando con desmoronarse. como su mundo entero.
-Esto… -su voz se quebró, incapaz de completar la frase mientras miraba al mayordomo con una expresión de horror indescriptible.
Los documentos revelaban, con brutal claridad, cada detalle del ingreso de esa mujer a la empresa y el papel crucial que Iris había desempeñado. La verdad se desplegaba ante ella como una pesadilla de la que no podía despertar.
“No… debe haber algún error. Iris no pudo haberme hecho esto“, pero cada línea del documento confirmaba to inevitable.
Un zumbido agudo invadió sus oídos mientras sentía cómo la sangre abandonaba su rostro. Su cuerpo se volvió pesado, como si cada uno de sus músculos se hubiera convertido en plomo.
-¡Señora, señora! ¿Se encuentra bien? -la voz alarmada del mayordomo pareció llegar desde muy lejos, mientras el aire de la habitación se volvía denso y sofocante.
…
El aroma del café recién preparado flotaba en las calles de Rincón mientras Isabel y Andrea planeaban su almuerzo. El teléfono de Andrea interrumpió sus planes con un timbre insistente. Isabel supuso que sería Fabio; después de todo, Andrea había atravesado momentos difíciles con la familia Espinosa últimamente. Su resistencia hacia ellos era palpable, aunque nunca lo
mencionara directamente.
Andrea escuchó el mensaje con atención.
-Entiendo, gracias -respondió antes de colgar. Se volvió hacia Isabel con expresión grave-. La señora Ruiz está en el hospital.
Era notable cómo nadie se refería a Carmen como “tu mamá” cuando hablaban con Isabel.
Siempre era “la señora Ruiz“, un título que reflejaba la distancia emocional que Carmen había
creado con sus acciones.
Isabel arqueó una ceja con estudiada indiferencia.
-¿Qué sucedió?
-No tengo los detalles. Me llamó un colega del hospital -Andrea se pasó una mano por el cabello con gesto preocupado-. Si su salud se deteriora, la familia Galindo quedará en una situación aún más complicada.
-¿Más complicada? -Isabel soltó una risa sin humor-. Como si eso fuera posible.
“Aunque si Carmen cae, ¿quién controlará a Iris?”
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Capitulo 446
La respuesta llegó como un relámpago de comprensión.
-Seguramente esto tiene que ver con Iris -murmuró Isabel.
-¿Por qué lo dices?
-¿Recuerdas esos rumores que escuchaste? Pauli los confirmó. Todo es verdad.
-¡Dios mío!-Andrea se llevó una mano a la boca-. Siempre me parecieron terribles, pero jamás imaginé…
-¿De qué sirvió todo lo que protegió la señora Ruiz durante estos años?
-Al menos le enseñó bien a Iris a quién debía acercarse–respondió Isabel con amargura.
Andrea guardó silencio, procesando el significado detrás de esas palabras. La ironía era palpable: siempre habían criticado a Isabel por no saber distinguir entre amigos y enemigos, pero ahora…
-Probablemente pierda la razón cuando lo asimile -murmuró Andrea.
-O quizás salga del hospital arrastrándose para seguir defendiendo a Iris.
-¡No puede ser! -la incredulidad teñía la voz de Andrea.
-Da igual, ya no es mi problema.
Isabel asintió con serenidad.
-Nunca lo fue.
Su futuro estaba en París. Ni la familia Galindo ni Puerto San Rafael tendrían cabida en él.
Caminaron juntas hacia el restaurante cuando el teléfono de Andrea sonó nuevamente. Tras una breve conversación, su rostro se ensombreció.
-Parece que es grave. Podría no recuperarse.
-¿Qué? -Isabel se detuvo un momento, pero su rostro permaneció impasible.
No era crueldad lo que la hacía mantener esa calma. Simplemente ya no quedaban emociones que dedicar a quienes tanto daño le habían causado. El no estar actuando en contra de Carmen ya era más generosidad de la que merecía.
-Entonces Iris sí estará en problemas -reflexionó en voz alta.
Si Carmen fallecía, la posición privilegiada de Iris en la familia Galindo se desvanecería como humo.
Apenas se habían sentado en el restaurante cuando el celular de Isabel vibró. La voz de Esteban sonó autoritaria al otro lado de la línea:
-Ni se te ocurra pedir algo picante.
-Ya lo sé -respondió ella con fingida exasperación.
Era un milagro que le permitiera salir considerando que aún no se recuperaba por completo. Si se atrevía a desobedecerlo, podía olvidarse de futuras salidas.
Tras colgar, Andrea la miró con una sonrisa pícara.
-Tu hermano te cuida mucho.
-Pronto dejará de ser mi hermano.
-¿Cómo? -la confusión se reflejó en el rostro de Andrea.
-Nos vamos a casar.
Andrea se quedó sin palabras. Un destello de melancolía cruzó su mirada al escuchar la palabra “matrimonio“, pero se desvaneció tan rápido como apareció.
-Felicidades -murmuró con sinceridad.
“Casarse… qué hermoso suena“, pensó para sí misma.
-¿Y tú y Fabio? ¿Para cuándo lo tienen planeado? -preguntó Isabel.
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