Capítulo 473
La tenue luz del amanecer se filtraba por las cortinas cuando Paulina contempló el resultado de sus esfuerzos por bajar la fiebre. Había logrado mantener cierto decoro al dejar la ropa interior de Carlos, aunque el resto de su atuendo yacía descuidadamente a un lado de la cama. Sus mejillas ardían mientras intentaba explicarse.
-Es que… el medicamento no funcionó y tuve que… -balbuceó Paulina, sintiendo cómo la mano de Carlos intensificaba su agarre alrededor de su muñeca.
La mirada febril de Carlos la atravesaba como un relámpago en la oscuridad. Sus ojos, inyectados en sangre por la fiebre, brillaban con una intensidad primitiva que la hizo
estremecer.
Paulina tragó saliva, su garganta repentinamente seca. Con la mirada clavada en el suelo, musitó: -Intenté contactar a tus amigos, pero no pude comunicarme con ninguno.
“Si tan solo alguien hubiera contestado mis llamadas… no estaría en esta situación tan incómoda“, pensó mientras el rubor se extendía por su rostro.
-Por favor, suéltame -suplicó con voz temblorosa-. No es lo que piensas…
“¿De verdad cree que intentaría aprovecharme de él? ¡Ni en mis peores pesadillas!”
Carlos aflojó su agarre y se desplomó sobre las almohadas, vencido nuevamente por la fiebre. Paulina, todavía preocupada por su estado, continuó aplicando compresas húmedas hasta que la temperatura cedió. El agotamiento finalmente la venció y se quedó dormida junto a la cama, con la cabeza apoyada sobre sus brazos cruzados.
La mañana avanzaba perezosamente cuando unos golpes en la puerta interrumpieron el
silencio.
-Carlos, soy yo -resonó la voz de Eric desde el pasillo.
Carlos abrió los ojos lentamente, encontrándose con la figura dormida de Paulina a su lado. Su cabello revuelto formaba una cascada desordenada sobre las sábanas, como si hubiera librado una batalla durante la noche.
–
– Carlos, ¿Carlos? Voy a entrar…
La puerta se abrió antes de que Carlos pudiera responder. Eric se congeló bajo la mirada amenazante de su jefe, especialmente al observar cómo este cubría a Paulina con una manta.
“¡Santos cielos! ¿Qué pasó aquí anoche?“, el cerebro de Eric entró en cortocircuito.
“Caramba… Ya no puedo entrar así como así ahora que el jefe tiene compañía“, pensó mientras sudaba frío. La mirada de Carlos prometía consecuencias devastadoras.
Carlos, lo juro, toqué la puerta muy fuerte -se excusó Eric con voz temblorosa.
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Capítulo 473
-Lárgate -la voz de Carlos surgió como un siseo amenazante.
Eric asintió frenéticamente. -Sí, me voy, ya me voy, lejos de aquí, de inmediato.
Tras su precipitada salida, el silencio volvió a reinar en la habitación. Paulina dormía profundamente, agotada por la noche de vigilia. El balde con agua junto a la cama era testigo silencioso de sus esfuerzos. Sin despertarla, Carlos la acomodó suavemente sobre el colchón. Contempló su rostro sereno y, en un gesto instintivo, ajustó la manta para protegerla del fresco
matutino.
En la planta baja, Eric se apresuró hacia Julien apenas lo vio entrar.
-Te lo digo -susurró con urgencia-, esa mujer definitivamente es la pareja del jefe.
Julien le dedicó una mirada elocuente que hablaba por sí misma.
-¡Te lo juro! —insistió Eric.
-Tengo noticias -respondió Julien con calma.
-¿Qué noticias?
-Es probable que Mathieu Lambert sea transferido a Horizonte de Arena Roja.
Eric abrió los ojos como platos.
-¿Es en serio? ¿El jefe quiere acabar con él? ¿Mandarlo a morir allá?
“Mathieu y su obsesión por la limpieza… Y el jefe planea enviarlo al lugar más árido del planeta,
donde una década sin lluvia es algo normal“, reflexionó Eric.
-Presiento que tú podrías ser el siguiente -añadió Julien.
-Pero… ¿qué haríamos allá? No tenemos ninguna operación en ese sitio, ¿o sí?
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