Capítulo 474
Eric contemplaba el vacío, tratando de procesar la información. El simple pensamiento de ser enviado a Horizonte de Arena Roja le provocaba un escalofrío. Aquel lugar desolado era la perfecta definición del infierno en la tierra, donde hasta la más básica comodidad se convertía en un lujo inalcanzable.
La sola idea de las precarias instalaciones sanitarias le revolvía el estómago. Si bien no era tar quisquilloso como Mathieu con la limpieza, tampoco estaba dispuesto a rebajarse a tales condiciones. Y la comida… mejor ni pensarlo, su estómago se retorcía ante la mera idea.
-Es porque tu lengua es tan suelta como la de Mathieu -espetó Julien sin rodeos.
-i¿Qué?! -Eric parpadeó varias veces; genuinamente desconcertado.
-Oye, espérate. ¿Por qué la agresividad? ¿En qué momento te falté al respeto?
-A mí no, pero sí al jefe -respondió Julien con sequedad.
-¿De qué hablas? ¿Cuándo se supone que hice eso? -Eric lucía completamente perdido.
Julien observó la expresión confundida de su compañero y exhaló con resignación.
-Aguarda… ¿te refieres a esos comentarios sin importancia? ¿De verdad es para tanto? -cuestionó Eric, comenzando a entender.
-El señor casi ahoga a Mathieu por “comentarios sin importancia“. ¿Tú crees que no es grave?
Eric sintió que se le secaba la garganta. Recordó cómo Mathieu, a pesar de su excelente condición física, había tenido que nadar más de diez kilómetros mar adentro, llegando al borde del agotamiento.
“¿Será posible que el señor y el jefe sean tan inflexibles?“, se preguntó Eric. “¿De verdad amerita tanto castigo?”
Sus cavilaciones se vieron interrumpidas por la llegada de Carlos. Al verlo, Eric notó cómo Julien se incorporaba de inmediato, adoptando una postura respetuosa.
-Buenos días, jefe -saludó Julien con deferencia.
Carlos descendía las escaleras vistiendo una bata de un azul profundo que acentuaba su presencia imponente. El tatuaje de un lobo se asomaba por la abertura de la prenda, serpenteando sobre su pecho como una criatura al acecho. Sus largas piernas se movían con la gracia depredadora que lo caracterizaba.
Julien no pudo evitar notar el contraste entre la figura dominante de Carlos y la delicada presencia de Paulina que había vislumbrado anteriormente.
Carlos tomó asiento en el sofá con movimientos pausados y precisos.
-¿Todo está preparado? -preguntó con voz grave.
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Capítulo 474
-Sí, jefe. Como siempre, dejamos uno con vida para usted -confirmó Julien.
Carlos asintió y dirigió su mirada penetrante hacia Eric. El contacto visual fue suficiente para que este último sintiera que le fallaban las piernas.
-¡Jefe, me equivoqué! -exclamó Eric, cayendo de rodillas.
“¡Por favor, se lo suplico, no me envíe a Horizonte de Arena Roja! ¡Le prometo que cambiaré!”
Julien contuvo una risa nerviosa ante el espectáculo. ¿Acaso su compañero había perdido el juicio?
La expresión de Carlos se endureció.
-¡Le juro que no volveré a andar contando chismes sobre usted! -continuó Eric en su desesperación.
Julien sintió que se le helaba la sangre. Este idiota no sabía cuándo callarse. Una cosa era admitir los errores, pero ¿tenía que seguir cavando su propia tumba?
La palabra “chismes” resonó en la estancia como un disparo.
Carlos arqueó una ceja y sus labios se curvaron en una sonrisa que no auguraba nada bueno.
-¿Con que estás esparciendo chismes? -pronunció cada sílaba como si saboreara el
momento.
Eric, evidentemente confundido por el giro de la conversación, miró a Carlos y asintió sin
pensar.
Julien desvió la mirada, maldiciendo internamente la estupidez de su compañero. Su mayor temor era que Eric lo implicara en sus indiscreciones. Después de todo, Julien siempre había intentado frenar la lengua suelta de Eric.
“Esto no es un asunto de dos“, pensó Julien. “Eric es el único responsable de andar de
chismoso“.
Sin percatarse de las señales desesperadas de Julien, Eric se encontró con la mirada divertida pero letal de Carlos y, en su pánico, volvió a asentir.
-Sí musító con voz temblorosa.
La sonrisa de Carlos se ensanchó, pero sus ojos permanecieron fríos como los de un depredador.
-¿Y de qué chismes estamos hablando exactamente? Cuéntame -su voz aterciopelada destilaba peligro.
El ambiente se tornó denso, cargado de una amenaza silenciosa que todos podían percibir.
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