Capítulo 48
La luz tenue del comedor se reflejaba en la vajilla de porcelana mientras Isabel observaba la escena frente a ella. Esteban, con un gesto casi paternal, servía algunas verduras en el plato de Mathieu. El ambiente, por primera vez en mucho tiempo, se sentía genuinamente hogareño. El tintineo de los cubiertos y el aroma de la cena recién servida envolvían la estancia. Isabel notó cómo Mathieu devoraba los alimentos con evidente entusiasmo, sus modales
contrastando con la refinada atmósfera del comedor.
Esteban entrecerró los ojos, su mandíbula tensa revelando su irritación.
-¿No puedes comer con la boca cerrada?
Las mejillas de Mathieu se sonrojaron ligeramente.
-¡Claro que puedo!
Para demostrarlo, tomó un trozo de carne y lo masticó exageradamente despacio, con los labios perfectamente sellados. Isabel no pudo contener una risita ante el gesto infantil del prestigioso doctor.
El olor a desinfectante y el zumbido monótono de las máquinas llenaban el pasillo del hospital. Carmen se retorcía las manos, la preocupación grabada en cada línea de su rostro. La noticia sobre Mathieu en la fiesta de los Vázquez la había tomado por sorpresa, aunque desconocía los detalles exactos del evento.
Sus dedos temblorosos marcaron el número de Sebastián. A pesar de la estricta vigilancia en la mansión, él respondió a su llamado sin dudar.
Carmen se acercó a él, su voz teñida de ansiedad.
-Perdón por molestarte así, pero me urgía verte. Me preocupa que podamos perder al doctor.
Jugueteó nerviosamente con el borde de su blusa.
-Ya sabes cómo está Iris, su condición es delicada y necesita médicos muy especializados.
Sebastián asintió gravemente, consciente de la fragilidad de Iris. Su salud era un complejo rompecabezas donde cada pieza debía encajar perfectamente. El más mínimo error en su tratamiento podría causarle un sufrimiento indescriptible.
-¿De qué doctor hablamos? -preguntó, su voz controlada.
Los ojos de Carmen brillaron con esperanza.
-Mathieu, el cardiólogo de París. ¿Lo ubicas? Ese que lleva dos años retirado y ni siquiera sale de Francia para ver pacientes.
El rostro de Carmen reflejaba su desesperación. Desde el diagnóstico de Iris, había invertido
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incontables horas investigando a los mejores especialistas del mundo. Mathieu, con su impecable historial quirúrgico, encabezaba su lista de candidatos ideales.
La mandíbula de Sebastián se tensó visiblemente al escuchar ese nombre. Nadie cuestionaba el brillante talento de Mathieu, pero…
-Ya no ejerce. Convencerlo no será fácil.
“Y está con Isabel“, pensó, su frustración creciendo ante el recuerdo de verla partir con él. Conseguir su ayuda sería tan imposible como había sido con Andrea.
-Aun así, tenemos que intentarlo. ¿No se te ocurre algo? Iris necesita a alguien como él, tú lo sabes bien.
Sus ojos suplicantes reflejaban su desesperación. Todo su mundo giraba en torno a la recuperación de Iris.
-¿Cómo te enteraste de que está en Puerto San Rafael? -murmuró Sebastián, su voz apenas audible.
-Me contaron que fue al cumpleaños de Fernando. No hay error posible.
-¿Te dijeron si iba con Isabel?
La sorpresa transformó el rostro de Carmen.
-¿Con quién?
-Con Isabel -la voz de Sebastián sonaba áspera.
El semblante de Carmen se ensombreció mientras procesaba la información. El reciente conflicto por Andrea y la actitud desafiante de Isabel pesaban en su mente. Si Mathieu tenía alguna conexión con ella…
“Maldita sea“, pensó Carmen, su respiración agitándose. “Isabel siempre está en medio de todo“.
-Estos dos médicos son cruciales para Iris -su voz se quebró ligeramente-. Si lográramos que Mathieu y Andrea trabajaran juntos…
Su mente se llenó de esperanza ante la posibilidad. La salud de Iris mejoraría significativamente. Pero todo dependía de Isabel…
-Tenemos que conseguirlo, cueste lo que cueste.