Capítulo 485
Un impulso irrefrenable sacudió el pecho de Ander cuando Esteban intentó alejar a Isabel. La mera presencia de la joven actuaba como un bálsamo que suavizaba el temperamento implacable de Esteban, y su ausencia prometía desatar una tormenta que Ander no estaba seguro de poder sortear. Sus labios temblaron con palabras no dichas mientras observaba la escena, consciente de que cualquier intervención solo empeoraría las cosas.
La expresión severa de Esteban bastó para mantener a Ander en silencio, mientras en su interior rogaba que Isabel decidiera quedarse. Sin embargo, para su desconsuelo, aquella mujer que había dejado a Sebastián maltrecho se transformaba en la viva imagen de la docilidad ante la presencia de Esteban.
-Me voy entonces -anunció Isabel con una sonrisa radiante.
-Así me gusta, pequeña -respondió Esteban, pellizcando con ternura su mejilla.
Isabel se alejó con pasos ligeros, casi danzantes.
“¡Dios mío!“, pensó Ander, estupefacto. “¿Cómo puede ser la misma persona que estuvo comprometida con Sebastián?”
La metamorfosis era fascinante: aquella mujer que no dudaba en enfrentarse al mundo entero se convertía en pura dulzura ante Esteban. Quedaba claro que Sebastián jamás había conocido esta faceta de Isabel, y la culpa era enteramente suya. Y pensar que había elegido a Iris, una mujer que solo había traído caos a su vida.
Con Isabel fuera de escena, la atmósfera se tornó densa y pesada. Esteban se acomodó con estudiada calma en el sofá cercano, su presencia dominando el espacio.
-Señor Allende… -aventuró Ander, consciente de que cada palabra podría ser un paso en
falso.
Esteban lo atravesó con la mirada. -¿No habías terminado ya con la firma del contrato? ¿Por qué sigues buscándola?
-¡Caramba! -La exclamación mental de Ander vino acompañada de un vuelco en el estómago. La perspicacia del señor Allende era verdaderamente intimidante.
-No, no se trata del acuerdo comercial -se apresuró a aclarar, ansioso por disipar cualquier malentendido.
Una risa nerviosa escapó de sus labios. -Le aseguro que no es por negocios. No volveré a molestar a la señorita Allende por esos asuntos.
Esteban arqueó una ceja. -¿Ah, sí?
Con parsimonia deliberada, extrajo un cigarrillo y lo encendió. El humo ascendió en espirales mientras su mirada permanecía fija en Ander.
-Vine por el incidente del centro comercial -explicó Ander, eligiendo cuidadosamente sus
14:28
palabras-. Me preocupaba que Camila hubiera lastimado a la señorita Allende.
-Para eso pudiste haberme llamado -señaló Esteban.
“¡Por favor!“, pensó Ander. “¿Cómo iba a atreverme a llamarlo para preguntarle algo así?”
La versión de Isabel coincidía perfectamente con lo que Camila había contado, aunque en su momento Ander no había terminado de creerle. Después de todo, los antecedentes con Iris e Isabel pesaban en su juicio.
-Solo me preocupaba que usted resultara afectado -murmuró Ander.
-¿Perdón?
-Es decir, me preocupaba que la señorita Allende hubiera sufrido algún daño.
A pesar de su propia posición privilegiada en Puerto San Rafael, Ander sentía un peso oprimir su pecho. Había tratado con todo tipo de personas poderosas, pero el aura de Esteban era diferente: emanaba una autoridad que lo hacía sentir como un principiante. Quizás era el conocimiento de su posición en el submundo parisino, o las historias que circulaban sobre él.
De no ser por la insustituible importancia de aquellos minerales, jamás se habría arriesgado a establecer una relación comercial con alguien como él.
-¿Ya quedó todo claro? -inquirió Esteban.
-Sí, perfectamente claro.
Mientras Camila no hubiera lastimado a Isabel, la situación estaba bajo control. La chica había demostrado sensatez esta vez. Si se hubiera dejado llevar por sus impulsos y hubiera ayudado a Noelia Béringer contra Isabel… Ander se estremeció al pensar en las consecuencias. Por fortuna, su hermana había actuado con astucia.
La forma en que Esteban había destruido a la familia Béringer era un recordatorio constante de los días de angustia que había vivido.
En la cocina, Isabel descubría las delicias que Esteban había traído.
-El señor las eligió porque le pareció que tenían formas muy tiernas -explicó Lorenzo mientras calentaba los bocadillos.
-Mmm, este gatito está exquisito -comentó Isabel tras probar uno.
Los bocadillos con forma de animalitos eran una delicia para el paladar.
-Los conejitos son aún mejores añadió Lorenzo-. El señor se comió varios.
-¿En serio?
-Así es -confirmó Lorenzo con un asentimiento.
Isabel tomó uno y lo probó. Sus ojos se iluminaron con deleite.
14:28
Capítulo 485
-¡Están buenísimos!
Cuando Esteban regresó a la cocina, encontró a Isabel saboreando los bocadillos con
expresión radiante. Sus mejillas sonrosadas y esa mirada de puro placer mientras degustaba cada bocado le conferían un aire de inocencia cautivadora.