La Heredera 489

La Heredera 489

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Capítulo 489 

Las arcadas provenientes de la cocina resonaban como un eco acusador en el comedor. Paulina, sentada en su silla con la rigidez de una estatua, sentía cómo cada músculo de su rostro se tensaba mientras el color abandonaba sus mejillas. El sonido de la náusea ajena 

vibraba en sus oídos

¿Será posible que mi comida sea tanterrible?, se preguntó mientras un escalofrío recorría su espalda

En la cocina, Eric se aferraba al borde del basurero como un náufrago a su salvavida. Su garganta se contraía violentamente mientras su estómago se rebelaba contra aquella experiencia culinaria

-¡Por Dios! ¿Qué clase de? -Las palabras de Eric se perdieron en otra oleada de arcadas

Paulina permaneció inmóvil, como una mariposa atrapada en ámbar, incapaz de moverse o pronunciar palabra. El silencio pesaba sobre sus hombros

Julien y Hugo intercambiaron miradas cargadas de resignación. La cautela en sus expresiones revelaba años de experiencia en situaciones delicadas. Se mantuvieron quietos, conscientes de que cualquier movimiento en falso podría empeorar el ambiente ya enrarecido

Las cosas eran más sencillas antes, pensó Julien con nostalgia. Cuando el jefe vivía solo, podíamos entrar y salir como si nada. Ahora hay que pensarlo dos veces, imaginar qué podríamos interrumpir” 

La ansiedad trepaba por la garganta de Paulina como una enredadera venenosa. Sus ojos saltaban del rostro impasible de Carlos a su plato apenas tocado, y luego al plato que él había empujado hacia ella, intacto como una ofrenda silenciosa

Un solo bocado, se repetia mentalmente mientras las arcadas continuaban su concierto macabro desde la cocina. “Solo probó un bocado¿cómo puede seguir vomitando?” 

Con un movimiento suave, casi temeroso, Paulina depositó los cubiertos sobre la mesa. Sus ojos, brillantes por las lágrimas contenidas, buscaron los de Carlos con la desesperación de quien busca una salida de emergencia

-Estoy satisfecha -musitó con voz trémula-. ¿Me permites subir a mi habitación? 

La mirada de Carlos se estrechó imperceptiblemente, estudiándola como quien estudia un rompecabezas particularmente intrigante

Un sollozo ahogado escapó de la garganta de Paulina. Sus ojos, ahora rojos como pétalos de amapola, reflejaban un temor casi tangible

*¿Por qué tanto miedo?, se preguntó Carlos, intrigado. No he hecho nada para provocar tal 

reacción.” 

El silencio se extendió como una mancha de tinta en agua clara, hasta que Paulina reunió el 

valor para susurrar

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Captulo 489 

-¿Puedo retirarme, por favor

Carlos asintió con un movimiento casi imperceptible

-Vepronunció con voz neutra

Como una presa liberada de sus ataduras, Paulina se levantó de la mesa y subió las escaleras con pasos precipitados. Al llegar a su habitación, cerró la puerta tras de sí y echó el cerrojo con dedos temblorosos. Sin perder un segundo, marcó el número de Isabel

… 

En ese momento, Isabel contemplaba el atardecer en Bahía del Oro. El timbre de su teléfono disparó una alarma en su interior; en solo dos días había aprendido que las llamadas de Paulina eran gritos de auxilio silenciosos, señales de que Carlos la había asustado 

nuevamente

-Pauli, tranquila -respondió con voz serena-. Regreso esta noche. Esta vez no habrá contratiempos

-IsaLa voz de Paulina se quebró en un sollozo

-Tranquila, pequeña -murmuró Isabel con dulzura-. Lo entiendo, tienes miedo. Pero cuando vuelva, no me separaré de ti. Donde yo vaya, irás , ¿de acuerdo

Fue un error, reflexionó Isabel. No debí dejarla con Carlos. El recuerdo de su primer encuentro con la violencia del mundo de Esteban seguía vivo en su memoria: aquella experiencia la había dejado emocionalmente paralizada durante meses, perseguida por pesadillas que se negaban a abandonarla

Y ahora Paulina, su dulce amiga que jamás había conocido la violencia, veía su mundo pacífico hacerse añicos como un espejo roto

-No llores, mi niña -continuó Isabel con voz maternal-. Ten presente que Carlos no te 

lastimard

A pesar del semblante perpetuamente serio de Carlos y esa mirada que podía congelar el aliento, Isabel sabia que las órdenes de Esteban eran sagradas. Carlos protegería a Paulina con su vida si fuera necesario

Por esa certeza habia confiado en dejar a Paulina bajo su custodia. Sin embargo, la cadena de acontecimientos había superado sus previsiones más pesimistas, sacudiendo aún más el frágil equilibrio de su amiga

Ya basta, se dijo Isabel con determinación. En cuanto regrese, la tendré bajo mi ala

-¿Lo prometes? -La voz de Paulina tembló con un destello de esperanza

-Te lo prometo. Sin sorpresas. Tomo el vuelo esta noche y mañana por la mañana estaremos juntas de nuevo

14:29 

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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