Capítulo 494
Los pasos de Isabel resonaron suavemente sobre la alfombra mientras asentía con un gesto ligero, sin prolongar la conversación. El cansancio comenzaba a pesar sobre sus hombros, y su mente anhelaba unos momentos de paz antes del largo vuelo nocturno que la esperaba. A pesar de que el avión privado ofrecería comodidades para descansar, nada se comparaba con la tranquilidad de su propia habitación.
El murmullo de voces masculinas llamó su atención cuando alcanzaba el descanso de la escalera. Esteban y James descendían del piso superior, con Mathieu siguiendo sus pasos a corta distancia. Sus figuras proyectaban sombras sutiles sobre los escalones de madera pulida.
-Mathieu, revisa qué le pasa a Isa -la voz de Esteban denotaba preocupación fraternal.
-¿Perdón? ¿Qué tiene? -el médico alzó una ceja, genuinamente desconcertado.
-Es que estos días casi no ha comido -explicó Esteban-. En el almuerzo apenas probó bocado, y los aperitivos que le trajimos siguen intactos.
Tras encomendar esta tarea a Mathieu, Esteban se acercó a su hermana. Con un gesto de ternura que contradecía su usual severidad, desordenó suavemente los cabellos de Isabel
mientras murmuraba:
-Voy a salir un momento.
Ante la mención de otra salida con James, Isabel reaccionó instintivamente, su mano se cerró alrededor de la muñeca de su hermano con suavidad pero firmeza.
-El vuelo de esta noche a París sigue en pie, ¿verdad?
“Por favor, que no haya más cambios“, pensó Isabel con intensidad. “Paulina no dejará de llorar al teléfono si hay otra modificación“.
La preocupación por su amiga le carcomía las entrañas. Aunque sabía que Carlos jamás le haría daño, temía que tanto sobresalto pudiera afectarla. Necesitaba regresar cuanto antes a
París.
-No te preocupes, todo sigue según lo planeado -aseguró Esteban.
-Bien, entonces ve.
Esteban asintió y se alejó junto a James, sus pasos resonando con la urgencia de los pendientes que lo aguardaban.
Cuando la puerta principal se cerró tras la figura de su hermano, Isabel se volvió hacia
Mathieu.
-¿Qué pasó con Conor Gallagher?
La audacia de Conor al interferir con los negocios de Esteban en París había sido sin
precedentes, un acto de necedad que nadie se había atrevido a cometer antes.
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Capítulo 494
La mención del nombre provocó un destello de sorpresa en los ojos de Mathieu, seguido por una expresión sombría.
-Conor ya no existe en este mundo.
-¡¡¡!!! -Isabel contuvo el aliento.
“Vaya…“, pensó. Desde que se enteró del robo, había anticipado un desenlace funesto para Conor. Sus sospechas se confirmaban ahora.
-¿Te sientes mal? -inquirió Mathieu, regresando al tema de su salud.
-No es que me sienta mal exactamente -explicó Isabel-. Es solo que la comida no me apetece como antes.
“Antes todo me parecía delicioso“, reflexionó en silencio. “Especialmente por las noches, disfrutaba tanto de cada platillo…”
-¿Sin apetito? ¿Sientes el estómago inflamado? -el tono de Mathieu se tornó profesional.
-Un poco–admitió Isabel.
Resultaba extraño que, a pesar de su escaso apetito, sintiera esa pesadez en el estómago.
Mathieu la observó con atención clínica, sus ojos entrecerrados en un gesto analítico que inquietó a Isabel.
-No será nada grave, ¿verdad? -la preocupación se filtró en su voz.
Su juventud la hacía temer cualquier complicación seria en su salud.
-Una enfermedad grave es imposible -aseguró Mathieu con firmeza.
-Ah.
“¿Entonces por qué me mira así?“, se preguntó Isabel. “Como si la falta de apetito fuera un misterio médico“.
-Te daré unos sobres para que pruebes -sugirió Mathieu tras una pausa reflexiva.
-¿Qué sobres?
-Las pastillas para el estómago que tu hermano solía darte.
-Ah, ¿esas? -el recuerdo se iluminó en su mente.
Las recordaba perfectamente de su tiempo en el hospital, con ese peculiar sabor agridulce que resultaba extrañamente agradable.
Mathieu consideraba que la inflamación estomacal no era preocupante, pero algo en el cuadro completo le provocaba una inquietud profesional que no lograba precisar.
-Está bien, dámelas -aceptó Isabel.
Se giró hacia las escaleras, lista para retirarse.
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Capitulo 494
-¿A dónde vas? -preguntó Mathieu.
-A dormir, ¿no es obvio?
-Has estado durmiendo muchísimo últimamente, ¿no te parece? -observó Mathieu.
Parecía que
el sueño se había convertido en el estado natural de Isabel.
La observación detuvo los pensamientos de Isabel. Era cierto, últimamente el sueño la vencía con una facilidad inusual, como si su cuerpo demandara más y más descanso.