Capítulo 497
Los pasillos asépticos del hospital reverberaban con tensión. Isabel Allende llegó agitada treinta minutos después del accidente, dirigiéndose directamente hacia la sala de emergencias donde Andrea Marín permanecía bajo cuidados médicos. El aire mismo parecía cargado de una amenaza latente mientras Fabio Espinosa aguardaba frente a las puertas dobles, su figura proyectando una sombra de furia contenida.
-Traigan a ese conductor de camión, quiero interrogarlo personalmente -rugió Fabio al teléfono, su voz un presagio de tormenta.
El director del hospital y el jefe de departamento se mantenían a una distancia prudente, moviéndose con cautela como si temieran despertar a una bestia dormida. Al terminar la llamada, Fabio se giró hacia Lucio, su mano derecha desde hacía años.
-Revisa todas las transacciones de ese conductor -ordenó con voz tajante.
-Ya lo he hecho -respondió Lucio, extendiendo su celular hacia su jefe.
La eficiencia de Lucio no era casualidad. Sus años junto a Fabio le habían enseñado a anticipar cada movimiento, cada necesidad. Desde el momento en que la ambulancia partió, sus instintos le advirtieron sobre la naturaleza sospechosa del incidente. Las últimas semanas habían sido testigo de una creciente hostilidad hacia la señorita por parte del círculo cercano al señor, y esta podría ser la culminación de esas tensiones.
Isabel, quien había llegado con la intención de compartir los descubrimientos del conductor de Esteban, se detuvo en seco al percibir la atmósfera. La información que traía resultaba redundante ante la investigación ya en curso.
-Entonces, lleva a Lydia Espinosa… -Fabio hizo una pausa significativa, su mandíbula tensa delatando la magnitud de su ira-. Entrégala al capitán Reyes.
Un destello de inquietud cruzó el rostro de Lucio.
-¿Y la señora? -preguntó con cautela-. Lydia es pariente lejana suya. Si bien no es cercana, es familia de la señora. Sus padres fallecieron en un accidente aéreo hace dos años. La señora la acogió en la familia por petición de su primo, y Lydia ha sabido ganarse su afecto. Incluso ha intentado emparejarla con usted. Este incidente seguramente provocará su intervención.
-¿Acaso ella representa la ley? -La pregunta de Fabio resonó con un desprecio gélido.
Lucio guardó silencio. La respuesta era obvia: el poder de la señora, aunque considerable, no estaba por encima de la justicia. El destino de Lydia estaba sellado.
-Me encargo ahora mismo -respondió, retirándose con premura.
La nicotina del cigarro que Fabio encendió se mezclaba con la antiséptica atmósfera hospitalaria. El personal administrativo permanecía inmóvil, conteniendo incluso la respiración. Isabel se aproximó sin atreverse a romper el denso silencio.
Las puertas de emergencias se abrieron con un siseo. Andrea apareció sobre una camilla, su
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Capitulo 497
presencia rompiendo la tensión acumulada. Fabio se precipitó hacia ella, tomando su mano con una delicadeza que contrastaba con su furia anterior.
-Andrea -musitó, su voz quebrándose mientras rozaba con suavidad la herida en su frente.
-La señorita Marín presenta solo lesiones superficiales -informó el asistente médico, retirando su mascarilla-. Sin embargo, requerimos mantenerla en observación durante la noche.
Fabio recorrió con la mirada las vendas en la pierna de Andrea y el raspón en su frente, permitiéndose un momento de alivio. Pero Andrea, evitando su mirada, extendió su mano
hacia Isabel.
-Isa -llamó con voz débil, retirando su mano del agarre de Fabio.
El gesto atravesó a Fabio como una puñalada, su rostro reflejando un dolor más profundo que cualquier herida física.
Isabel se acercó, tomando la mano extendida de su amiga.
-Lo siento mucho -susurró con sincera preocupación.