Capítulo 498
El destino tejía sus hilos con cruel precisión. Esteban la había enviado a Bahía del Oro, y fue el chofer de allí quien la recogió. Una simple decisión, un camino tomado, y el curso entero de su vida pudo haber cambiado. Andrea reflexionaba sobre cómo una serie de acontecimientos aparentemente inconexos habían conspirado para traerla a este momento.
-No tienes que disculparte -musitó Andrea, su voz teñida de una serenidad que solo conocen aquellos que han vislumbrado el abismo-. Si no hubiera sido por los reflejos del chofer, la rueda de ese camión habría impactado justo donde
yo estaba.
“¿Habría sobrevivido? ¿Era ese mi destino?” Los pensamientos giraban en su mente como hojas en un vendaval.
La mirada de Andrea permanecía distante mientras relataba los hechos con una calma perturbadora. Sus palabras, sin embargo, golpearon el corazón de Fabio como martillazos contra el yunque.
Isabel intentó articular algo, pero Andrea la interrumpió.
-Lo vi todo con perfecta claridad. El conductor del camión solo pensó en salvarse, pero tu chofer… él arriesgó su vida por mí.
El recuerdo se desplegaba vívidamente en su mente: el chofer había usado su propio vehículo como escudo contra las ruedas del camión, y en esos cruciales segundos, había logrado subir a la cabina y arrancar al conductor del volante.
“Alguien quería verme muerta. Lo planearon todo.” El pensamiento cristalizó en su mente con brutal claridad.
La conclusión era devastadora: con cualquier otro conductor, o si ella misma hubiera estado al volante, este día habría marcado su final. Sus palabras, aunque dirigidas a Isabel, resonaron como una sentencia para Fabio.
Isabel apretó la mano de Andrea con afecto maternal, su voz apenas un susurro.
-Andrea…
La verdad se alzaba entre ellos como un muro infranqueable. Cuando Andrea permanecía al lado de Fabio, el desprecio de la familia era contenido por su protección. Ahora, ese mismo desprecio se había transformado en un deseo homicida.
“Sin Fabio…” El pensamiento quedó suspendido en el aire. Andrea, quien una vez había sido la salvadora de los Espinosa, habría sido tratada peor que un animal por la misma familia. En el pasado, Fabio había sido su ancla, su razón para resistir. Pero ahora…
Andrea sujetó la muñeca de Isabel con renovada determinación.
-Te marchas a París esta noche, ¿verdad?
El silencio de Isabel era preocupante. ¿Cómo podría abandonar a su amiga después de
Capitulo 498
semejante atentado contra su vida?
Andrea percibió la vacilación en los ojos de Isabel y esbozó una sonrisa que destilaba
amargura.
-Yo me voy contigo.
-Andrea.
La voz de Fabio surgió como un latigazo, cargada de pánico apenas contenido.
Andrea lo ignoró deliberadamente, concentrándose en Isabel.
-Isa, tienes una forma de lograrlo, ¿no es así?
Isabel permaneció en silencio, procesando la implicación de aquellas palabras. “¿Está considerando realmente abandonar a Fabio así?” Su mirada se desvió instintivamente hacia él, observando su mandíbula tensa y sus puños crispados.
La realidad era clara: Andrea planeaba partir directamente a París, una decisión que Fabio jamás aprobaría. Su petición implicaba usar la influencia de Esteban para facilitar su escape. “¿En qué momento su relación se deterioró tanto?”
Fabio se adelantó, tomando la mano de Andrea que sostenía Isabel.
-Andrea, ¿no deberías…?
-¿Darme una explicación razonable? -lo interrumpió con brusquedad-. ¿O acaso eres tú quien debe explicarme por qué tu madre me ha aborrecido todos estos años?
Su voz se elevó, cargada de años de resentimiento acumulado.
-¿Con qué derecho? ¿Con qué maldito derecho toda la familia Espinosa me ha tratado así?
Sus últimas palabras resonaron por la habitación como un trueno.
Fabio quedó paralizado, sin palabras para defenderse.
Isabel sintió que su corazón se contraía ante la escena que se desarrollaba frente a ella.
Andrea arrancó su mano del agarre de Fabio con violencia, sus ojos ardiendo con un odio que parecía consumir cualquier vestigio del amor que alguna vez existió entre ellos.
Al encontrarse con esa mirada desprovista de calidez, Fabio sintió que algo se quebraba en su
interior.
-¿De verdad creíste lo que dijo Gorka Fonseca?