Capítulo 503
La tarde caía sobre Puerto San Rafael mientras Paulina e Isabel charlaban por teléfono. La conversación, que había comenzado con temas ligeros, dio un giro inesperado cuando Isabel mencionó el accidente de Andrea.
Paulina sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Sus dedos se crisparon alrededor del teléfono mientras su mente intentaba procesar la información.
-¿Andrea tuvo un accidente? ¿Cómo pasó? ¿Y aun así quiere irse contigo a París?
“Esto no tiene sentido. Andrea y Fabio siempre han sido la pareja perfecta… ¿qué está pasando?”
La preocupación teñía cada una de sus palabras mientras continuaba:
-¿Hay problemas entre ellos?
Isabel exhaló pesadamente, el sonido atravesando la línea telefónica como un presagio.
-Es una historia complicada -respondió con voz cansada.
-¿Podrás volver a París esta noche? Si no puedes, no te preocupes.
Isabel ajustó su postura en la incómoda silla del hospital.
-Por ahora parece que sí -murmuró, observando a través de la ventana de la habitación-. Andrea está desesperada por irse de aquí.
El silencio se instaló entre ambas mientras Paulina procesaba la información. Sus años de amistad con Andrea le decían que algo andaba terriblemente mal. ¿Por qué tanta prisa por abandonar Puerto San Rafael, especialmente después de un accidente?
-Cuídala mucho -dijo finalmente, consciente de su propia impotencia ante la distancia.
-Sí, lo haré–aseguró Isabel antes de terminar la llamada.
Paulina apenas había tenido tiempo de asimilar la conversación cuando unos golpes resonaron en su puerta. Su corazón dio un vuelco al reconocer la presencia.
“¿Carlos?”
-Paulina.
La voz profunda atravesó la madera, enviando oleadas de calor por todo su cuerpo. Un cosquilleo familiar bajo su nariz la hizo llevarse la mano al rostro. Sus dedos se mancharon de rojo carmesi.
“¡No otra vez!”
La sangre habia empapado su camiseta gris, creando un patrón oscuro sobre la tela. ¿Cuánto tiempo llevaba sangrando sin notarlo?
Capitulo 503
-¡Un momento! -exclamó mientras presionaba un pañuelo contra su nariz. Una vez que el sangrado se detuvo, abrió la puerta.
Carlos la observó con una mezcla de preocupación y reproche.
-¿No te dije que cambiaras el vendaje?
-Ah, sí… lo haré -respondió ella, evitando su mirada.
“Total, cuando Isabel regrese, no tendré que volver a verlo. Solo está cumpliendo su papel de salvador.”
Para su sorpresa, Carlos extendió su mano hacia ella. Paulina retrocedió instintivamente, sintiendo que su rostro se encendía.
-¿Qué haces?
-Estás sangrando otra vez.
“Maldición.” El calor bajo su nariz regresaba con más intensidad.
-Yo… yo puedo sola. No me toques -balbuceó, mientras su mirada traicionera se desviaba hacia el torso parcialmente expuesto de Carlos.
“¿Desde cuándo me volví tan susceptible? Este hombre…”
El flujo de sangre se intensificó ante sus pensamientos.
-¿Necesitas que llame a un médico? -preguntó él, su ceño fruncido delatando genuina preocupación.
-¡No, no, no! -Paulina agitó las manos frenéticamente-. Regresa a tu habitación.
“¿Cómo le explico a un doctor que sangro por culpa de este espécimen de hombre?”
Carlos la estudió un momento más antes de dar media vuelta. Sus pasos resonaron en el
pasillo mientras se alejaba.
-¡Espera, ya voy! -gritó ella.
Aquellas palabras, resonaron en los oídos de Carlos con una ambigüedad que lo dejó pensativo.
111
En Puerto San Rafael, el ambiente del hospital pesaba con una densidad casi tangible. Mathieu emergió de la habitación después de examinar minuciosamente a Andrea.
-Puede irse–informó a Isabel, quien asintió con alivio contenido.
Fabio se había marchado minutos antes, dejando tras de sí un rastro de tensión que aún vibraba en el aire. Andrea, usualmente un faro de optimismo y alegría, parecía una sombra de si misma. Isabel observó a su amiga a través del cristal de la habitación, pregun