Capítulo 506
Los quejidos lastimeros de Valerio atravesaban las paredes, pero dentro de la habitación, Isabel permanecía absorta en su videojuego. Sus dedos danzaban sobre la pantalla mientras las explosiones y disparos virtuales ahogaban los lamentos del exterior. Una sonrisa de satisfacción iluminaba su rostro cada vez que eliminaba a un enemigo.
La llegada de Esteban coincidió con la partida forzada de Valerio. A su lado, Fabio proyectaba un aura sombría que tensaba el ambiente. Sus facciones endurecidas y la mandíbula apretada delataban la tormenta que se agitaba en su interior.
-Tuvimos un pequeño incidente con el señor Galindo -informó el mayordomo a Esteban con voz serena-. Me disculpo si mis métodos fueron un tanto… enérgicos.
La mirada de Esteban se agudizó con curiosidad.
-¿No tenía la mano rota?
-Efectivamente, señor. Quizás debí ser más considerado, dada su condición.
Una risa sarcástica escapó de los labios de Esteban mientras ignoraba la falsa modestia del mayordomo. Sus ojos se posaron en Fabio.
-Tienes diez minutos para convencerla de quedarse por voluntad propia. Si no…
La frase quedó suspendida en el aire, pero su peso era inconfundible. Fabio tensó la mandíbula,
su rostro ensombrecido por una mezcla de frustración y rabia contenida. A pesar de su evidente descontento, guardó silencio, consciente de que enfrentarse a Esteban sería contraproducente.
Al entrar en la habitación, Esteban encontró a Isabel sumergida en su partida. El sonido de explosiones y disparos virtuales llenaba el espacio.
-¿Hermano, ya regresaste? -preguntó sin despegar los ojos de la pantalla.
-Han pasado dos horas desde que te llamé -respondió consultando su reloj.
-Ay, cuando uno juega ni siente el tiempo.
Sin mediar palabra, Esteban se acercó y la levantó de la cama en un solo movimiento.
-¿Qué haces? ¡Bájame! -protestó Isabel, pataleando en el aire.
-Sigue con tu juego -respondió con calma.
-Oye, espera, ¿y Andrea…?
-Cállate.
-…-Isabel guardó silencio, perpleja ante su actitud.
12
Al cruzar el umbral y ver a Fabio, Isabel comprendió la situación. Con un suspiro resignado, guardó su celular y le dedicó a Esteban una mirada de reproche mientras la llevaba a la
habitación contigua.
-¿Qué pretendes? -cuestionó Isabel cuando la depositó sobre la cama. ¿No dijiste que tú te encargarías?
Andrea era la última persona que deseaba un encuentro con Fabio.
Esteban le dio un toquecito en la frente.
-Tonta.
-¿??
-¿Cuántos años ha estado Andrea al lado de Fabio?
-…-Isabel guardó silencio, reflexionando.
“Muchísimos“, pensó. Andrea había llegado a la familia Espinosa cuando apenas tenía cinco años, y desde entonces, Fabio siempre había sido su protector.
-Pero últimamente ha sufrido demasiado -suplicó Isabel con la mirada-. Y el accidente de hoy… Es obvio que alguien cercano a Fabio quiere lastimarla.
Las circunstancias alrededor de Fabio habían cambiado drásticamente, como evidenciaba el
incidente de ese día.
Esteban se sentó al borde de la cama y la atrajo hacia su regazo, un gesto que parecía haberse convertido en costumbre. Isabel intentó liberarse, pero al ver que era inútil, se rindió con un
suspiro.
-Lo que haya pasado entre ellos es algo que deben resolver por sí mismos -explicó Esteban con suavidad-. Huir no solucionará nada.
“Tiene razón“, admitió Isabel para sí misma. Sin embargo, si Andrea expresaba su deseo de marcharse, ella la ayudaría sin dudarlo, sin importar si era una solución temporal.