Capítulo 507
El aroma a desinfectante del hospital se mezclaba con la dulzura persistente de las flores que descansaban en el buró. Andrea, sentada en la cama de hospital, había tomado una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: no acompañaría a Isabel.
Isabel la observó con comprensión, sus ojos brillando con una mezcla de preocupación y respeto.
-Si en algún momento cambias de opinión, me llamas y vengo por ti -murmuró Isabel, su voz teñida de una calidez maternal.
Andrea la miró con ojos húmedos, conmovida por esa promesa de lealtad incondicional. Sus brazos rodearon a Isabel en un abrazo espontáneo, permitiéndose un momento de
vulnerabilidad.
-Gracias, Isa -susurró contra su hombro.
Isabel respondió con suaves palmadas en su espalda, un gesto simple pero cargado de significado.
-Con tu apoyo, ya no tengo miedo de nada -continuó Andrea, su voz más firme.
La calidez del abrazo de Isabel le recordaba que existían otros caminos, otras personas dispuestas a tenderle la mano. Fabio no era su único puerto seguro.
Andrea cerró los ojos, su respiración volviéndose más profunda.
-Hay cosas que debo recuperar.
Isabel se quedó inmóvil. Esa palabra, “recuperar“, resonó en su mente como una campana de alarma. Los engranajes en su cabeza comenzaron a girar, revelando una verdad inquietante: la situación con Fabio era mucho más oscura de lo que había imaginado.
-¿Necesitas que te ayude? -preguntó Isabel, estudiando el rostro de Andrea.
-No, esto tengo que resolverlo por mi cuenta.
La voz de Andrea había adquirido un matiz diferente, una determinación que contrastaba con la fragilidad que mostraba cuando estaba con Fabio. Ya no era la niña que necesitaba protección
constante.
-No te expongas demasiado -advirtió Isabel, presintiendo el peligro en esa nueva resolución.
-No es una exposición innecesaria. Tu respaldo me da la certeza que necesito.
“¿Por qué ahora?” La pregunta flotaba en el aire sin ser pronunciada. Las pequeñas disputas del pasado parecían insignificantes comparadas con la amenaza actual: había personas que
deseaban su muerte.
Las deudas de su padre, sus propias heridas… Todo exigía retribución.
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Capítulo 507
Después de una breve charla más, Isabel se marchó, dejando tras de sí un silencio cargado de presagios.
Andrea tomó su teléfono y marcó un número con dedos firmes. La respuesta fue inmediata.
-Señorita.
-Quiero una pierna de Lydia -ordenó Andrea, su voz abandonando cualquier rastro de dulzura.
Lydia, la arquitecta del accidente. Su astucia la convertía en un objetivo prioritario. No importaba si la orden original había venido de la señora Arthurs o de ella misma; la lección debía ser impartida.
-Entendido, señorita.
La llamada terminó. La Andrea dulce y complaciente se había desvanecido, dejando en su lugar a una mujer dispuesta a todo.
Fabio apareció en el umbral de la puerta. Sus miradas se encontraron en un duelo silencioso. La severidad en el rostro de Fabio delataba que había escuchado la conversación.
Andrea desvió la mirada, rehusándose a dar explicaciones.
El colchón se hundió cuando Fabio se sentó en el borde de la cama. Un suspiro profundo escapó de sus labios mientras el ambiente se densificaba entre ellos. Con movimientos calculados, tomó el rostro de Andrea, obligándola a mirarlo.
-Esta vez, no busco tu protección -declaró ella, cada palabra destilando determinación.
Durante años, Fabio había sido su escudo, y ella había confundido esa protección con seguridad. Pero la realidad era cruel: ni siquiera su amparo impedía que otros intentaran lastimarla.
La conclusión era clara: nadie podía ser su pilar. Su única fortaleza debía provenir de sí misma. Solo así, los demás aprenderían a mantener su distancia.
Los dedos de Fabio se tensaron sobre sus hombros.
-El asunto de Lydia lo resuelvo yo -pronunció con autoridad.
-No.
Dos letras cargadas con años de dependencia que llegaban a su fin. Fabio siempre había despejado su camino de obstáculos, pero estos seguían multiplicándose.
-Esta vez, me corresponde a mí.
Ya no deseaba que Fabio limpiara sus batallas; era momento de empuñar sus propias armas.
La presión en sus hombros aumentó.
-¿Por qué insistes en hacerlo tú? -cuestionó él.
Andrea resistió el dolor, sus dedos encontrando la muñeca de Fabio.
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Capítulo 507
-Porque cuando el castigo viene de uno mismo, es más despiadado, ¿no crees?
Esta situación trascendía cualquier amenaza anterior. Se trataba de la sobrina de Olimpia. Bajo su protección, ¿qué alternativas reales tenía Fabio?