Capítulo 508
Andrea sabía que enfrentarse a la sobrina de Olimpia requeriría una crueldad especial. Cada movimiento debía ser calculado, cada golpe certero. Era su forma de saldar la deuda con los Espinosa por aquellos años en que Fabio había contenido su mano, ejerciendo una paciencia que ahora ella comprendía había sido más una maldición que una virtud.
El rumor de las turbinas y el murmullo incesante de viajeros apresurados llenaban la terminal VIP del aeropuerto. Isabel, acurrucada contra el pecho de Esteban, encontraba en su cercanía un refugio contra el bullicio del mundo exterior. El aroma de su perfume se mezclaba con la fragancia a café recién hecho que flotaba desde el área de servicio.
-¿No quieres probar algo? -preguntó Esteban, sus ojos estudiando con preocupación el rostro pálido de Isabel-. Lorenzo Ramos preparó tamal de pollo especialmente para ti.
Isabel negó suavemente con la cabeza. El solo pensamiento de la comida le provocaba una sensación de pesadez en el estómago.
-No tengo hambre -murmuró, hundiendo su rostro un poco más en el abrazo de Esteban, buscando ese calor reconfortante que solo él podía brindarle.
Esteban deslizó sus dedos por el cabello de Isabel con una delicadeza que contradecía la firmeza habitual de sus movimientos.
-Entonces comerás más tarde -susurró, dejando que sus palabras fueran más una promesa que una orden.
La puerta de la sala se abrió de golpe, revelando a un Mathieu agitado y sudoroso. Su respiración entrecortada y el desaliño de su traje delataban la carrera que había emprendido para llegar a tiempo.
-Ya traje las medicinas -anunció entre jadeos, dejándose caer pesadamente en el sofá frente a la pareja.
Con movimientos apresurados, extrajo varios frascos de su maletín y se los entregó al asistente que aguardaba discretamente a un lado.
-Una bolsa de esto, y también de esto, por favor -indicó, señalando los medicamentos.
-Como usted diga, señor -respondió el asistente con una reverencia sutil.
Mathieu abrió una botella de agua y bebió con avidez, como si cada sorbo pudiera borrar la fatiga de su rostro. Mientras recuperaba el aliento, notó la mirada penetrante de Esteban sobre él.
-¿Por qué me miras así? -preguntó, una nota de inquietud filtrándose en su voz.
-El proyecto en Horizonte de Arena Roja -respondió Esteban con voz neutra-. Necesitas supervisarlo personalmente. No confío en nadie más para esa tarea.
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Capitulo 508
La mandíbula de Mathieu se desencajó, y por un momento pareció que el agua se le había atorado en la garganta.
-¿Estás bromeando? -logró articular finalmente.
“¿A Horizonte de Arena Roja? ¿Ese infierno donde hasta los cactus se marchitan?”
Esteban, sin alterar su expresión, acomodó a Isabel con cuidado a su lado y tomó una fruta del plato sobre la mesa.
-¿Cuándo me has visto hacer bromas? -respondió, su tono tan árido como el desierto al que pretendía enviarlo.
-Tienes un equipo completo de expertos -protestó Mathieu-. ¿Por qué no confías en ellos?
-A ver, déjame ser claro: no voy a ir. Ni loco pongo un pie en ese lugar.
La mirada de Esteban se mantuvo fija en él, impasible como una estatua.
Un escalofrío recorrió la espalda de Mathieu.
-No me digas que vas en serio…
Esteban respondió con un simple asentimiento.
-Después de todo lo que me esforcé consiguiendo las medicinas para la pequeña… -intentó Mathieu, buscando despertar aunque fuera una pizca de compasión.
Isabel, que sostenía distraídamente una fruta sin probarla, alzó la mirada con curiosidad.
-¿De verdad fue tanto esfuerzo comprar medicina? -preguntó con inocencia.
Las palabras murieron en la garganta de Mathieu.
“Por supuesto que no“, pensó, maldiciendo internamente la falta de solidaridad de la joven. Solo intentaba ganar algo de simpatía resaltando su dedicación, ¡pero esta niña no tenía ni una pizca de compasión!
El asistente regresó con las medicinas preparadas.
-Dáselas a ella -indicó Mathieu, señalando a Isabel-. Está enferma.
-Señorita -dijo el asistente con deferencia, colocando el vaso frente a Isabel-. La temperatura es la adecuada. ¿Podría verificarla, por favor?
-Gracias–respondió Isabel con una sonrisa educada.
-Para servirle.
Isabel tomó el vaso y estaba a punto de beber cuando la mano de Esteban se cerró
suavemente alrededor de su muñeca.
-Espera.
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Capitulo 508
-¿Qué sucede? -preguntó ella, desconcertada.
La mirada de Esteban se clavó en Mathieu como un dardo envenenado.
-¿Estás completamente seguro de que necesita tomar este medicamento?