La Heredera 56

La Heredera 56

Capítulo 56 

La tensión se respiraba en el aire mientras Sebastián consideraba las implicaciones. Si no lograban adquirir Bahía del Oro, las consecuencias serían devastadoras para sus planes

José Alejandro se movió incómodo en el asiento del conductor, consciente de la irritación creciente de su jefe

-Cuando fuiste a la mansión -Sebastián apretó la mandíbula mientras hablaba-, ¿llegaste a ver al mayordomo

Un músculo palpitó en la sien de José Alejandro antes de responder

-Si, señor

La expresión de Sebastián se ensombreció visiblemente. El aire en el auto se volvió más denso, casi irrespirable. José Alejandro mantuvo la vista fija en el camino, evitando el reflejo de su jefe en el espejo retrovisor. Sabía que cualquier palabra adicional solo empeoraría su situación. El timbre estridente del celular rompió el pesado silencio. Era Carmen

-Sebas, acabo de hablar con Isabel -la voz de Carmen sonaba temblorosa-. Se negó rotundamente a pedir ayuda a Mathieu y Andrea. ¿Qué vamos a hacer

La simple mención de Isabel provocó una punzada de dolor en las sienes de Sebastián. Es como una maldición, pensó, frotándose el puente de la nariz. Un castigo divino enviado para 

atormentarme

-Yo me encargosu voz sonó cortante-. Deja de insistirle

La actitud de Isabel respecto al asunto de Andrea había sido más que clara. ¿Qué caso tenía seguir humillándose

-Pero Iris-la voz de Carmen se quebró, incapaz de continuar

El silencio que siguió estaba cargado de angustia maternal. Para Carmen, la frialdad de Isabel era incomprensible. ¿Cómo podía mostrar tal indiferencia ante un asunto de vida o muerte? La rabia hervía en su interior al pensar en la crueldad de quien alguna vez consideró su futura 

nuera

-Tranquila -Sebastián suavizó ligeramente su tono-. Yo me encargo. No la llames más

-Está bien

Después de colgar, Sebastián masajeó sus sienes punzantes. La frustración se acumulaba en su pecho como una presión física

-¿Cómo conoció Isabel a Mathieu? -preguntó bruscamente a José Alejandro

-No estoy seguro, señor… 

La pregunta también había estado rondando la mente de José Alejandro. Resultaba 

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Capitulo 56 

sorprendente, considerando la diferencia de círculos sociales

-Quizás-José Alejandro eligió cuidadosamente sus palabras¿fue a través de la señorita Torres

Sebastián asintió levemente. Era la única explicación lógica. Después de todo, alguien como Isabel jamás tendría acceso directo a los círculos de Mathieu

El sol de media mañana bañaba la elegante mansión de Bahía del Oro. Isabel descendió las escaleras de mármol, sus pasos resonando suavemente en el amplio espacio. En el comedor, encontró a Esteban absorto en su laptop, la luz de la pantalla reflejándose en sus facciones 

concentradas

Al escuchar sus pasos, Esteban levantó la mirada, sus ojos suavizándose instantáneamente al 

verla

-¿Ya despertaste, pequeña? -su voz transmitía ese cariño especial reservado solo para ella-. Podrías haber dormido un poco más

Isabel se mordió el labio inferior, aún adormilada

-¿Qué hora es? ¿Todavía es temprano

El reloj marcaba las nueve y media. Las llamadas con Marina y Carmen habían consumido gran parte de su mañana

Los ojos de Esteban brillaron con afecto fraternal

-Ven, vamos a desayunar

-Mhm -Isabel asintió, sintiendo el vacío en su estómago

El mayordomo, siempre atento, se apresuró a servir el desayuno que habían mantenido caliente 

para ella. Esteban, fiel a sus hábitos metódicos, ya había terminado el suyo

Mientras Isabel terminaba sus últimos bocados, el teléfono de Esteban vibró. Él apartó su tablet, preparándose para levantarse

Isabel dejó su tazón apresuradamente

-¿Ya te vas?-sus ojos se iluminaron con determinación-. Llévame contigo

Esteban consultó su reloj de muñeca, frunciendo el ceño

-¿A dónde piensas ir

Una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de Isabel

-¡A trabajar, obviamente

Lorenzo, que acababa de entrar al comedor, intercambió una mirada con Esteban

-Señorita -intervino con cautela-, ¿desea que iniciemos los trámites para cerrar su estudio

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Capitulo 56 

Después de todo, si el patrón abandonaba Puerto San Rafael, era lógico pensar que ella lo seguiría a París

-¿Cerrar?-Isabel arqueó una ceja-. Para nada. Mejor hay que buscar a alguien que lo administre. El negocio va bien, ¿por qué cerrarlo

Sus pensamientos se dirigieron a los diseñadores que había formado personalmente, que ahora trabajaban con tanta dedicación

-Ya, vámonos -Isabel se adelantó, tomando la muñeca de Esteban con la familiaridad que solo ella podía permitirse-. Tengo una junta pendiente

Mientras los hermanos Allende salían de la mansión, el Mercedes negro de Sebastián se detenía frente al Chalet Eco del Bosque, el motor ronroneando suavemente en el silencio de la mañana

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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