Capítulo 561
Al escuchar las palabras de Vanesa, la mirada de Yeray se transformó en un vendaval de emociones contenidas. Aunque ella generalmente no le temía, aquel destello de peligro que cruzó sus ojos la hizo retroceder mentalmente y tragar saliva con disimulo.
-Estoy diciendo la verdad.
Ese documento llevaba extraviado varios días; recuperarlo ahora carecía de sentido práctico. Toda información valiosa que contenía seguramente ya había sido expuesta y analizada por completo. Para Vanesa, obsesionarse con su recuperación resultaba completamente inútil a estas alturas.
Yeray soltó una carcajada cargada de ironía que resonó en la habitación vacía.
-Tienes razón, en teoría es así, pero…
Su voz se desvaneció mientras su mente regresaba al crucero, donde casualmente había captado la conversación entre Dan y otra persona al pasar frente a una habitación.
“Ah, ¿así que me roban las cosas? Muy bien…”
Esta afrenta no podía quedar sin respuesta; Dan merecía recibir un “obsequio” equivalente a su atrevimiento.
Con parsimonia calculada, Yeray levantó la mirada y observó a Vanesa con una sonrisa maliciosa que anticipaba tormenta.
-¿Quieres casarte conmigo? Perfecto, mañana lleva tu acta de nacimiento y espérame en el registro civil.
-¿Ah?
El cambio de dirección la dejó completamente desconcertada. Hace apenas unos instantes parecían a punto de arrancar cabezas, y ahora esto… Vanesa escrutó el rostro de Yeray buscando signos de delirio febril, pero todo parecía normal.
“¿Qué pretende con esto?“, se preguntó confundida mientras intentaba descifrar aquella actitud inexplicable.
La sonrisa de Yeray se acentuó, revelando un plan que solo él comprendía.
-¿No querías usar el matrimonio para atarme? Adelante, átame.
Pronunció “átame” con un énfasis inquietante que provocó en Vanesa un escalofrío involuntario. Su determinación inicial se evaporó ante aquel giro inesperado de eventos.
“¿Qué demonios le pasa?“, pensó alarmada. El contraste entre su furia anterior y esta repentina calma resultaba perturbador. Algo en su instinto le gritaba que existía una trampa oculta, que las piezas no encajaban correctamente.
Yeray avanzó decididamente y sujetó con firmeza la mandíbula de Vanesa.
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-¿Qué pasa? ¿Te arrepentiste?
-No, yo solo…
No era cuestión de arrepentimiento. La desconcertaba profundamente este cambio radical de actitud que no lograba comprender.
Al escucharla, Yeray la liberó bruscamente.
-Mientras no te arrepientas, está bien.
Le dio unas palmaditas condescendientes en la mejilla, como quien acaricia a un animal doméstico.
-Recuérdalo, mañana a las diez de la mañana. Si no vienes…
Su frase quedó suspendida en el aire mientras su expresión se tornaba gélida. No necesitaba terminar la amenaza; Vanesa entendía perfectamente que estaba dispuesto a desatar un escándalo mayúsculo.
Tras la partida de Yeray, Vanesa permaneció inmóvil, repasando mentalmente aquella transformación inexplicable en su comportamiento.
“¿Por qué cambió tan radicalmente?“, se cuestionaba sin encontrar respuesta.
Isabel buscaba desesperadamente a Esteban cuando las zancadas de Yeray la alcanzaron.
Caminaba junto a Estela, quien instintivamente la protegió colocándose frente a ella al ver
aproximarse al hombre.
-Señor Méndez.
Estela lo saludó con reverencia contenida.
Yeray emitió una risa cargada de desdén.
-Esto es la casa de los Allende, ¿qué piensan que le voy a hacer? No hace falta que la cuiden
tanto.
Evidentemente, dentro del territorio familiar Isabel gozaba de absoluta libertad y nadie se atrevería a lastimarla. Aunque Yeray estuviera furioso por lo sucedido con Esteban, jamás intentaría llevársela por la fuerza.
Estela bajó la cabeza respetuosamente sin añadir palabra.
Yeray clavó su mirada en Isabel.
-Isabel, te subestimé.
No era extraño que durante años, cuando surgían propuestas matrimoniales para su futuro, ella permaneciera indiferente. Resultaba evidente que su corazón ya pertenecía a Esteban.
Isabel desvió la mirada ignorándolo completamente.
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Yeray resopló con fastidio y se marchó…
Observando su espalda alejarse, Isabel miró confundida a Estela.
-¿Se fue así nada más?
Estela asintió perpleja.
-Sí, se fue así nada más.
Considerando su actitud anterior, anticipaban una confrontación inevitable.
Isabel necesitaba encontrar urgentemente a Esteban. Su celular se había quedado sin batería y el teléfono de Estela permanecía en la sala médica, obligándola a buscarlo personalmente sin demora.
Apenas comenzaba su búsqueda cuando Yeray la interceptó, dejándola perpleja por el contraste entre la tensión homicida de minutos atrás y esta inesperada calma.
Escuchó pasos acercándose a su espalda. Al girarse, encontró a Vanesa con expresión
contrariada.
-Hermana, ¿te ha vuelto a hacer algo?
Vanesa agitó la mano restando importancia.
-No te preocupes, esta vez no me ha pegado.
Sus palabras resonaron extrañamente en el ambiente. Para cualquier observador externo, podría parecer que Yeray maltrataba habitualmente a Vanesa.
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-¿Y entonces? ¿Qué le dijiste al final?