Capítulo 584
-¿Qué haces?
El hombre acarició el cuello de la joven con la suavidad de sus dedos cálidos y preguntó con
voz áspera:
-¿Quién te hizo eso?
-¿Ah?
Vanesa instintivamente llevó sus dedos al cuello al escuchar la pregunta de Esteban.
-¿Fuiste a buscar a Dan?
Vanesa guardó silencio unos segundos. La simple mención de su nombre evocaba la brutalidad con que la había tratado. Durante el enfrentamiento de la noche anterior, aunque los demás no lo hubieran notado, ella era consciente de cada intención. Cada golpe de Dan llevaba el propósito genuino de lastimarla, de hacerle daño real. Por eso mismo, al final ella tampoco mostró clemencia y lo dejó inconsciente. Qué paradoja tan amarga… Un hombre que alguna vez había ocupado un lugar privilegiado en su corazón, cuyos recuerdos ella había guardado con tanto cariño, ahora deseaba herirla. La situación era absurda en su crueldad.
Vanesa inhaló profundamente antes de responder:
-Fui a buscarle para recuperar algo.
-¿El archivo de Yeray? ¿Crees que recuperarlo ahora sirve de algo?
-Yo tampoco lo creo–contestó Vanesa-. Pero ese loco de Yeray sigue terqueando que se lo devuelva. Está completamente desquiciado y quiere arrastrarme con él.
Cuando Yeray la buscó el día anterior, daba la impresión de que no la dejaría en paz hasta conseguir ese archivo.
-¿Lo recuperaste? -inquirió Esteban.
-No, dejé a Dan noqueado, pero no pude encontrar el archivo.
La realidad era que Dan tenía una resistencia admirable. A pesar del estado en que lo había dejado, se negó a entregar el archivo, dándole a Yeray más motivos para seguir insistiendo.
-No vuelvas a buscarlo–ordenó Esteban.
Vanesa permaneció callada por un momento antes de asentir.
-Sí, no volveré.
Aunque su respuesta sonaba serena, en el fondo encerraba una determinación inquebrantable. Era una decisión de soltar el pasado, de liberarse de esas ataduras. Ese hombre había ocupado su corazón durante tantos años, y ahora todo se reducía a esto. ¿Qué más podía hacer si había valorado a la persona equivocada? La única opción era dejarlo ir. ¿O acaso debería aferrarse?
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18:46
No, Vanesa no era ese tipo de mujer.
Esteban se marchó.
Vanesa entró a la casa y encontró a Isabel todavía en el sofá. Al momento de entrar, vio a su hermana acurrucada contra el respaldo, mirándola con ojos expectantes. Evidentemente, la estaba esperando. Desde su perspectiva, Isabel parecía un gatito travieso, con sus manos apoyadas sobre el sofá y esa mirada suplicante. En ese instante, Vanesa había considerado burlarse un poco de ella, pero al verla así, simplemente no tuvo corazón para hacerlo.
-Está bien, sé que es mi hermano quien te acosa. Al final, no tienes lazos de sangre con esta
familia.
“¿Qué malas intenciones podría tener una hermana pequeña?”
Vanesa se aproximó y despeinó con suavidad el cabello de Isabel:
-Si vuelve a molestarte, dímelo… aunque mejor no.
Si cualquier otra persona molestara a Isabel, Vanesa podría intervenir, pero con Esteban, simplemente no había nada que pudiera hacer. Era imposible cambiar esa situación.
Isabel observó el cabello revuelto de Vanesa y comenzó a arreglarselo:
-¿Te peleaste con Dan anoche?
Vanesa afirmó con un movimiento de cabeza:
-Sí, me peleé.
-¿Le ganaste? -preguntó Isabel, que era lo que realmente le importaba. Mirando el desorden en el cabello de Vanesa, estaba genuinamente preocupada de que hubiera salido malparada.
Antes de que Vanesa pudiera responder, Isabel notó las marcas en su cuello:
-¡Dios mío! ¿Te estranguló?
-No, esto no fue él, fue Yeray -aclaró Vanesa, siendo justa y sin culpar injustamente a Dan. En la pelea de anoche, Dan nunca intentó estrangularla.
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