Capítulo 589
Nadie supo con exactitud qué trataron Yeray y la señora Blanchet durante su conversación en el estudio, pero al parecer fue lo suficientemente persuasivo para que él aceptara la propuesta. La matriarca dirigió su mirada hacia Isabel con una expresión que no admitía réplicas.
-Isa.
-Mamá, esto simplemente no puede ser. Ayer cuando fue al estudio a hablar con mi hermano, hasta grabó toda la conversación. Es un cínico.
“¿Quién graba conversaciones privadas con personas de confianza? Sólo eso demuestra que Yeray no es de fiar“, pensó Isabel con indignación.
Cuando Yeray escuchó a Isabel describirlo como “un cínico“, sintió que la sangre le hervía de rabia. Esta familia lo exasperaba. En aquella ocasión no fue el único que cometió errores, ¿y ahora pretendían cargarle toda la culpa?
-No digas nada más, después hablaré contigo -sentenció la señora Blanchet.
Isabel quedó muda ante la firmeza de su madre.
-Isa tiene toda la razón, es un desgraciado añadió Vanesa sin reservas.
Yeray, furioso, clavó su mirada en Isabel y contraatacó con voz tensa:
-¿Entonces te casarás conmigo? No importa, al fin y al cabo, eres mi prometida.
Isabel mantuvo un silencio sepulcral.
La señora Blanchet tampoco pronunció palabra.
-Oye, tienes una cara de piedra impresionante. ¡lsa está embarazada! Es el hijo de mi hermano, ¿y todavía te atreves a insistir?
Durante todos estos años, Vanesa había conocido a muchos sinvergüenzas, pero alguien como Yeray era verdaderamente excepcional. “¿De verdad no puede buscarse a otra? ¿Por qué obsesionarse con una mujer embarazada?“, se preguntaba indignada.
-¿Entonces te casarás tú conmigo? -replicó Yeray con una sonrisa retadora.
Vanesa se quedó helada.
En el altercado de ayer, había considerado seriamente usar esa táctica para desconcertar a Yeray. Pera ahora, al ver su actitud, sintió un escalofrío de temor que la hizo retroceder.
-Ni loca me caso contigo -espetó con desprecio.
Yeray la miró fijamente, sin decir palabra.
-Ya basta los dos. Solo te estoy pidiendo que vayas a firmar unos papeles, no a escalar el Everest ni a cruzar un océano en llamas -intervino la señora Blanchet con tono impaciente.
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Capitulo 589
-Él no está bien de la cabeza, mamá insistió Vanesa.
“¿Podemos ser un poco más sensatos?“, pensó frustrada mientras comprendía que su madre se sentía culpable por lo sucedido tres años atrás y ahora buscaba redimirse.
-Por favor, si quieres compensarlo por algo, ¿no podrías usarme a mi? Soy tu hija legítima.
La señora Blanchet suspiró exasperada:
-Esto no tiene nada que ver con compensaciones, solo te pedimos un favor. Vamos, ve de una
vez.
-¿Un favor? ¿De qué clase de favor estamos hablando? -Vanesa no entendía nada.
Al oír esto, Isabel también miró alternadamente a su madre y a Yeray con desconfianza. ¿Un favor? Aquello sonaba cada vez más sospechoso.
No solo ella, hasta Vanesa dudaba de la situación. En resumen, ahora cada palabra que salía de la boca de Yeray parecía una potencial trampa. Ese hombre era astuto como una serpiente.
Vanesa clavó su mirada en Yeray:
-¿Qué necesitas exactamente que haga por ti?
-No puedo revelarlo aquí -respondió él secamente.
-Por supuesto…
-Efectivamente, no es algo que se pueda comentar -interrumpió la señora Blanchet.
Vanesa e Isabel se quedaron sin argumentos.
El extraño intercambio entre su madre y Yeray las dejó perplejas. Ambas miraron a la señora Blanchet con incredulidad y luego centraron su atención en Yeray.
Vanesa, totalmente frustrada, se frotó las manos nerviosamente:
-Esto es completamente ridículo, me piden un favor y ni siquiera me explican de qué se trata.
-Ya te dije que no se puede hablar de eso -insistió la señora Blanchet-. Vamos, ve de una
vez.
Sin más explicaciones, prácticamente entregó a Vanesa en manos de Yeray.
Él la tomó del brazo y salieron juntos.
Isabel intentó protestar, pero la señora Blanchet la detuvo con un gesto tajante.
-Mamá…
-Ya basta, no te metas en los asuntos de tu hermana -sentenció la señora Blanchet.
Ahora, sin Vanesa presente, su voz delataba un evidente tono de resignación.
-Pero Yeray de verdad no es una buena persona insistió Isabel.
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-¿Qué puedes saber tú a tu edad? -la señora Blanchet la miró con severidad.
Isabel hizo un puchero de disgusto.
La señora Blanchet, al ver su expresión infantil, suavizó ligeramente su postura.
-Tranquilizate, Yeray no se la va a comer. Lo que realmente debería preocuparnos ahora es ese tal Dan, él sí es una verdadera amenaza.
“Ese miserable desgraciado“, pensó con amargura. “Atreverse a jugar con los sentimientos de mi hija… Tendré que idear una manera de darle su merecido.”
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