Capítulo 59
El rugido del motor de Isabel se perdió en la distancia, pero la tensión en el ambiente permaneció como una nube tóxica. La rabia bullía en las venas de Sebastián, nublando su juicio. Sus puños se cerraron con tanta fuerza que los nudillos se tornaron blancos.
Sus ojos, inyectados en sangre, se clavaron en José Alejandro.
-¿La viste bien? Era ella, ¿verdad? -su voz salió como un gruñido amenazante.
José Alejandro se movió incómodo bajo la mirada furiosa de su jefe.
-Sí, señor. De hecho, también vi a la señorita Allende por aquí ayer.
-¿Ayer también? -las venas del cuello de Sebastián se marcaron con más fuerza.
“Esta mujer… ¿no le basta con venderse una vez? ¿Cuántas veces más piensa humillarnos?“, la mente de Sebastián hervía de pensamientos oscuros. “Con razón ya no le importa la tarjeta negra ni lo que piense la familia Galindo. ¿Qué sigue? ¿Cuántos hombres más la están manteniendo?”
José Alejandro, percibiendo la tormenta que se gestaba en su jefe, solo se atrevió a asentir levemente. Ese simple gesto fue como echar gasolina al fuego.
Sebastián encendió un cigarrillo con manos temblorosas.
-Investiga todo el humo escapó entre sus dientes apretados-. Quiero saber quién es el tipo del Apartamentos Petit, y también el de aquí…
Sus pensamientos lo torturaban: “¿Qué ven esos hombres en Isabel? ¿Qué les ofrece?” Cada
nueva idea alimentaba más su furia.
José Alejandro dudó. Sabía que sería prácticamente imposible averiguar la identidad del propietario del Chalet Eco del Bosque. Pero recordó algo de la noche anterior.
-Señor… ¿y si el lugar pertenece al doctor Mathieu?
-¿Un doctor? -Sebastián prácticamente escupió la palabra.
El tono era tan amenazante que José Alejandro dio un paso atrás instintivamente.
-Bueno… tal vez no… se apresuró a retractarse.
“Aunque Mathieu sea un médico prestigioso con su propio hospital en París“, pensó, “comprar Bahía del Oro parece estar fuera de su alcance.”
…
En el interior del Rolls Royce, Esteban repasaba las imágenes de las cámaras de seguridad en su tablet. Una sonrisa divertida se dibujó en sus labios.
-¿La señorita salió bien librada, verdad? -preguntó Lorenzo.
Capitulo 59
-Mi pequeña tigresa nunca pierde una pelea.
La imagen de Sebastián, ese hombre que se creía tan poderoso, retorciéndose en el suelo después de la patada de Isabel, le confirmó algo a Esteban: su hermana no sentía
absolutamente nada por su ex prometido. Si quedara algún vestigio de amor, jamás habría sido capaz de golpearlo con tanta saña.
-La señorita ha madurado mucho desde que se fue reflexionó Lorenzo-. Ha aprendido a defenderse sola.
La frase borró la sonrisa del rostro de Esteban. “¿Aprender a defenderse?” El pensamiento le provocó una punzada de culpa. Si por él fuera, Isabel nunca habría tenido que aprender a protegerse. Debería haber podido mantener su inocencia intacta.
El zumbido del teléfono interrumpió sus reflexiones.
-¿Diga?
-Señor Allende, soy Ander–la voz sonaba ansiosa-. Por favor, no cuelgue.
Al parecer, Ander había presentido las intenciones de Esteban.
-Habla.
-Este… quería preguntarle… ¿qué tipo de relación tiene con la señorita Isabel?
La noche anterior habían charlado amigablemente, pero de repente, todo había cambiado. Ander, desconcertado, había investigado los eventos de la fiesta. Aparte del altercado entre Camila e Isabel, nada parecía fuera de lo normal. ¿No eran comunes esas riñas entre ellas?
El silencio de Esteban fue más elocuente que cualquier respuesta.
-¿Qué le parece si mi hermana se disculpa con ella? -sugirió Ander con cautela-. Ya investigué todo y fue culpa de Camila. Me aseguraré de que la señorita Allende quede satisfecha.
Esteban cortó la llamada sin más.
Lorenzo, que había escuchado la conversación, comentó:
-Parece que la señorita Vázquez la pasó mal anoche.
Una risa sarcástica escapó de los labios de Esteban.
-¿Creen que con eso basta?
Lorenzo guardó silencio. Era cierto, el precio era insignificante comparado con la humillación pública que Camila le había hecho pasar a Isabel. Aunque su señorita hubiera contraatacado brillantemente, conocía demasiado bien a Esteban como para saber que esto no terminaría
así.
-¿Qué cree que hará el señor Vázquez para contentarla?
La sonrisa de Esteban se tornó depredadora.