Capítulo 590
-¿0 acaso creían que Charlotte estaba haciendo caridad?
Cuando escuchó a la señora Blanchet mencionar a Dan, una sombra de inquietud atravesó la mirada de Isabel. Después de todo, ese hombre había dominado el corazón de Vanesa durante tantos años, llevándola casi al borde de la locura. Ahora, aunque su hermana aparentaba estabilidad, ¿quién podía asegurar lo que realmente guardaba en su interior? Quizás, cuanto más despreocupada se mostraba ante todos, más profundo enterraba su dolor.
Cuando Esteban regresó tras concluir sus pendientes, encontró a Isabel desplomada en el sofá, todavía ataviada con el vestido de novia.
-Señorita, tome un poco de jugo para recuperar energías -ofreció una criada, extendiéndole un vaso de naranja recién exprimido.
-Gracias–respondió Isabel con un leve asentimiento.
A pesar de que normalmente disfrutaba del sabor cítrico, en ese momento le resultaba extrañamente desagradable. Después de apenas dos sorbos, decidió que no podía continuar y devolvió el vaso.
-¿Sucede algo, señorita? ¿Está demasiado ácido el jugo de hoy? -preguntó la criada con genuina preocupación.
-No quiero más, estoy bien -negó Isabel.
El embarazo había agudizado sus sentidos; lo que antes le parecía un sabor familiar ahora resultaba completamente ajeno a su paladar.
-Señor -saludó respetuosamente la criada al ver regresar a Esteban.
Con un simple gesto de mano, él indicó que los dejaran solos. La mujer asintió discretamente y, junto con el personal que asistía a Isabel con el vestido, abandonó la habitación.
-¿Cansada? -preguntó Esteban una vez que estuvieron a solas, acomodándola contra su pecho.
-Sí. ¿Por qué volviste tan pronto? -murmuró Isabel, buscando una posición confortable entre sus brazos.
-Terminé lo pendiente y regresé. ¿Dónde está mamá?
-Recibió una llamada y salió con prisa. Hace un momento había prometido acompañarme con las pruebas del vestido, pero surgió algo importante.
“Todos en la familia están ocupados con asuntos relevantes, excepto yo, que sigo siendo una carga inútil. Antes era así, y parece que nada ha cambiado.”
Esteban acarició suavemente su cabello mientras ella se acurrucaba más cerca.
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Capitulo 590
-¿De verdad vas a permitir que Vanesa se case con ese Yeray?
-¿Por qué lo preguntas? -cuestionó Isabel nuevamente.
No lograba comprender este giro inesperado en los planes familiares. Desde su perspectiva, Yeray distaba mucho de ser alguien confiable.
-Ahora tiene ciertos problemas y necesita que Vanesa colabore -explicó Esteban con un asentimiento.
-¿Qué clase de problemas? -insistió ella, confundida.
“¿Lo están forzando a casarse? Eso sería prácticamente imposible en la familia Méndez. Hace tres años ocurrió aquel incidente con los Allende, y los Méndez también resultaron afectados. Yeray prácticamente rompió lazos con su familia desde entonces. No ha vuelto ni una sola vez, y el señor Méndez actúa como si su hijo hubiera dejado de existir. Por lo tanto, un matrimonio forzado no tendría sentido en su situación.”
-Ya basta, no son temas para niños. Déjalos resolver sus asuntos -zanjó Esteban.
“¿Qué quiere decir con ‘temas para niños‘? Ya soy mayor y llevo a su bebé en mi vientre. ¿Todavía me ve como una niña? Bueno, hace tres años, cuando abandoné todo, apenas tenía diecisiete. Para Esteban, seguía siendo una niña. Desde pequeña, la familia Blanchet me ha sobreprotegido. Para todos, siempre he sido la pequeña Isabel, y ahora que he regresado, continúan tratándome igual. Naturalmente, no tengo voz en decisiones importantes.”
-Sí, has crecido, y pronto serás madre -concedió Esteban con una sonrisa suave al escucharla protestar.
-Entonces, ¿por qué insistes en tratarme como una niña?
Esteban, al verla fruncir el ceño, le pellizcó cariñosamente la nariz.
-¿Quieres continuar con las pruebas?
Isabel negó rápidamente.
-No, ya no. Estoy agotada.
“¡Probarme ropa resulta más extenuante de lo que parece!”
-Entonces cambiate, te llevaré a casa de la abuela para comer -propuso él.
-¿Vamos a casa de los Blanchet?
-Sí–confirmó Esteban con un asentimiento.
Isabel sonrió con auténtica alegría; también echaba de menos a sus abuelos.