Capítulo 591
En camino al registro civil, Vanesa y Yeray comenzaron a discutir en el auto hasta que la situación escaló a una verdadera pelea física. Cuando descendieron del vehículo, ambos lucian completamente desaliñados, con la ropa arrugada y en desorden. Para empeorar la situación, Yeray exhibia dos visibles arañazos en el rostro y marcas similares alrededor del cuello.
Callum, contemplando aquel lamentable espectáculo, sintió una profunda vergüenza ajena que apenas pudo disimular.
-Joven, ¿no prefiere cambiarse de ropa primero?
Presentarse a recoger un certificado matrimonial en semejantes condiciones sin duda despertaria la curiosidad y el recelo del personal. Aunque en París las leyes matrimoniales priorizaban la libertad individual, el aspecto que mostraban en ese momento no reflejaba ni remotamente una decisión libre; más bien parecían dispuestos a protagonizar un escándalo en pleno registro civil. ¿Qué persona en su sano juicio iniciaría una pelea camino a su propia boda? Ni siquiera habían contraído matrimonio y ya mostraban claros indicios de violencia doméstica. Cualquier observador concluiría que no deberían casarse bajo ninguna
circunstancia.
Yeray dirigió una mirada fulminante hacia Vanesa mientras pasaba su mano por el cuello enrojecido, donde el simple roce de sus dedos le provocaba un dolor punzante. Evidentemente, Vanesa lo había arañado minutos antes, dejando no solo marcas en su cuello sino también dos
visibles arañazos en su rostro.
-Pinche vieja loca, nomás espérate tantito. En cuanto terminemos con esto, nos divorciamos.
Si no fuera por las circunstancias actuales que lo obligaban, jamás consideraría unirse a una mujer como Vanesa. Que se casara con quien quisiera, le daba absolutamente igual.
-¡Hmpf! Firmamos y nos divorciamos, y el que no cumpla es un cobarde de mierda -respondió Vanesa cruzando los brazos con desafiante determinación.
Yeray sentía tal rabia que le quemaba por dentro. No deseaba prolongar aquella discusión absurda ni un segundo más, así que se encaminó directamente hacia el interior del edificio. Vanesa lo siguió casi pisándole los talones.
Callum, observando aquella peculiar escena, no pudo evitar preguntarse si aquel matrimonio no generaría más problemas para su joven patrón. La tensión entre ellos resultaba casi palpable.
Ambos ingresaron al recinto con el ánimo crispado hasta límites insospechados. El lugar estaba concurrido por varias parejas que esperaban su turno para contraer matrimonio, todas con rostros que reflejaban ilusión, nerviosismo y felicidad genuina. Ninguna se asemejaba remotamente a Vanesa y Yeray, quienes parecían querer aniquilarse mutuamente con cada mirada.
Gracias a las gestiones previas de Callum, ambos se dirigieron directamente a la ventanilla designada. El empleado que los atendió quedó momentáneamente desconcertado al verlos, pero rápidamente recompuso su expresión profesional.
-Este es el mostrador para trámites matrimoniales. Para divorcios, favor de dirigirse al módulo de la derecha.
Con semejante apariencia, cualquiera supondría que venían a disolver un matrimonio, no a formalizarlo. Aquella escena distaba absolutamente de parecer una feliz unión matrimonial,
-Venimos a casarnos -declaró Yeray secamente.
-¿Van a casarse… así? -cuestionó el empleado mientras examinaba detenidamente las heridas en el rostro y cuello de Yeray, así como el desaliño general de ambos. Resultaba evidente que habían protagonizado un violento altercado antes de llegar. Si la incompatibilidad entre ellos era tan manifiesta, ¿realmente tenía sentido formalizar un matrimonio?
-¿C–casarse? -tartamudeó el empleado, convencido de haber escuchado mal.
-Sí, casarnos, ¿algún problema? -espetó Vanesa con impaciencia.
El empleado permaneció momentáneamente sin palabras, abrumado por lo insólito de la
situación.
-¿Y también necesitamos sacar cita para el divorcio? -añadió Vanesa antes de que pudiera responder.
-¿Perdón? -el desconcierto del funcionario aumentaba por segundos.
-Este no es un lugar para juegos infantiles, señores.
Presentarse para contraer matrimonio en semejantes condiciones ya resultaba
suficientemente insólito, pero ¿anticipar el divorcio antes siquiera de formalizar la unión?
-¿Me estás diciendo que parezco estar jugando? ¿Te doy esa impresión? -Vanesa entrecerró los ojos con evidente molestia.
“Sí, absolutamente“, pensó el empleado, aunque prefirió guardar silencio.
-Apúrate, tenemos cosas importantes que hacer -intervino Yeray con tono cortante y amenazador.
El empleado los observó alternativamente, como intentando descifrar cuál de los dos estaba siendo forzado a aquel matrimonio. Sin embargo, tras unos momentos de observación, no logró determinarlo; ambos parecían igualmente problemáticos.
-¿De verdad quieren casarse?
-¿Qué pasa? ¿No lo parece o qué? -replicó Vanesa con sarcasmo.
-Con todo respeto, no se parece en nada a un matrimonio voluntario.
¿Qué persona en su sano juicio contraería matrimonio en tales circunstancias? ¿Acaso
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planeaban encadenarse mutuamente mediante un vinculo legal? Aquello parecía completamente irracional. Normalmente, en un matrimonio destinado al fracaso, tanto hombres como mujeres intentarían escapar a la primera oportunidad.