Capítulo 597
Pierre clavó su mirada severa en Isabel, escrutándola con ojos que parecían atravesarla completamente.
-Lamento ser duro, Isa, pero después de habernos tenido con el alma en un hilo durante tres años, no puedes esperar salir impune.
Durante todo ese tiempo, la familia había vivido atormentada pensando que algo terrible podría sucederle mientras estaba lejos. A pesar de que finalmente descubrieron que había sabido manejar su situación en Puerto San Rafael, el peso de esos tres años de angustia seguía presente en sus corazones.
Al encontrarse con aquella mirada penetrante de su abuelo, Isabel desvió los ojos instintivamente.
-Perdóname, abuelo. Sé que cometí un error.
-¿Esconderte? ¿Por qué no seguiste escondida entonces? ¿Un simple Yeray Méndez fue suficiente para asustarte tanto? ¡Qué poca sangre tienes!
Isabel permaneció en silencio.
“En ese momento no era solo Yeray el problema, también estaban todas esas fuerzas acechando a los Allende. Un solo descuido de Esteban y todo podría haberse venido abajo. Claro que estaba aterrada…”
-¿Cómo se apellida esa familia de Puerto San Rafael? -preguntó Pierre con desdén.
-Galindo.
-No me refiero a esa familia -replicó el abuelo, fulminándola con la mirada.
Los Galindo no significaban nada. Si una niña educada por ellos todavía los reconocía como familia, entonces habían fracasado rotundamente en la formación que le habían dado entre
todos.
-¿La familia Bernard? -respondió Isabel dubitativa.
-¡Hmph!
Al escuchar mencionar a los Bernard, Pierre soltó un bufido despectivo.
-Si la persona que realmente te importa no regresaba, ¿de verdad pensabas casarte con él?
El recuerdo de que faltaba apenas una semana para la supuesta boda intensificó la molestia de Pierre.
Isabel agachó la cabeza y murmuró:
-Ella va a volver.
-¿Y cómo estás tan segura? -inquirió Pierre con curiosidad.
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-No soporta verme feliz.
Sandrine y Pierre intercambiaron miradas de incredulidad.
-¿Ese es tu gran argumento? ¿Eso es todo lo que tienes para decirnos?
Sin embargo, Isabel estaba convencida de que Iris Galindo haría hasta lo imposible por regresar a Puerto San Rafael para impedir la boda. Incluso si no llegaba a tiempo, Isabel tenía un plan alternativo para asegurarse de que volviera.
De cualquier manera, Isabel había sabido aprovechar cada oportunidad a su favor en ese momento. Todo el aluvión de críticas cayó sobre los Bernard y los Galindo. En medio del escándalo mediático, Iris y Sebastián Bernard fueron el centro de atención, ¿por qué tendría ella que cargar con ese peso?
Isabel lo había calculado todo meticulosamente.
-¿Y entonces por qué fuiste a probarte el vestido de novia? -preguntó Pierre, visiblemente confundido.
Para ellos, una joven probándose un vestido nupcial significaba un compromiso serio.
Sandrine también adoptó un semblante grave:
-Sí, Isa, explícanos por qué te probaste ese vestido.
Isabel hizo un mohín:
-Ese vestido lo diseñó mi hermana, solo quería vérmelo puesto.
Estando tan lejos, en Puerto San Rafael, sin poder volver a casa, ¿acaso no podía darse el gusto de probar el vestido que Vanesa había diseñado y recordar así su hogar?
-¡¿Vanesa?! -exclamaron Pierre y Sandrine al unísono.
-Sí, el vestido lo creó ella. Solo quería ver cómo me quedaba.
¿Por qué todos asumían que se lo había probado por Sebastián?
Claro, en ese momento, todos daban por hecho que su boda con Sebastián sería en apenas siete días. Probarse un vestido nupcial en esas circunstancias, evidentemente, daba la impresión de que lo hacía por él.
Sandrine y Pierre cruzaron miradas de complicidad:
-¿No lo hiciste por ese güero?
Isabel:
-No, para nada, ¿cómo crees?
*Sebastián ni siquiera tiene el pelo rubio.”
Sin embargo, al recordar aquel incidente, la ira volvía a invadirla.
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19:46.
Capitulo 597
En ese momento, al enterarse sobre Iris, la rabia la consumió tanto que incluso rompió su propio vestido de novia sin preocuparse por quién lo pagaría.
Desde ese incidente, su odio hacia Iris se había vuelto visceral, deseando con todas sus fuerzas poder lastimarla de alguna manera.
Al escuchar la explicación de Isabel, los dos ancianos parecieron relajarse un poco.
-Bueno, espero que sea cierto lo que dices, porque si no, tú y yo vamos a tener un problema serio -advirtió Sandrine.
Pierre:
-No nos mientas, Isa.
-De verdad, así fue.
“Con lo pendejo que es Sebastián, solo Iris estaría dispuesta a ponerse un vestido de novia para él.”
Ahora, en todo Puerto San Rafael, ¿quién querría casarse con alguien como él?
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