Capítulo 609
-¿Qué clase de ayuda es esa realmente?
Sin embargo, las palabras de Esteban tenían sentido; antes de su desaparición, Alicia había mostrado una preocupación constante por Paulina, casi obsesiva en sus últimos encuentros.
-¿Entonces Paulina está bajo la custodia de Carlos Esparza y sospechan que es una infiltrada? Imposible, tengo que buscarla de inmediato.
Evocando todos los favores que Alicia le había concedido durante su estancia en Puerto San Rafael, Isabel reconoció que Esteban tenía razón. En este momento crítico, proteger a Paulina era la mejor manera de honrar su deuda con Alicia.
Esteban inicialmente quería explicarle que garantizar la seguridad de Paulina constituía la mayor ayuda posible para Alicia, pero la reacción de Isabel tomó un rumbo inesperado.
Al imaginar cómo ella y Paulina habían sido inseparables en Puerto San Rafael, pensó que traerla aquí significaría tenerla a su lado las veinticuatro horas del día, como en los viejos tiempos.
El hombre se masajeó la frente con evidente tensión:
-No podrás llevarte a Paulina contigo.
-¿Eh?
-Carlos jamás lo permitiría.
“¿Será porque Paulina ya escudriñó cada centímetro de su cuerpo?”
Solo pensar en lo impulsiva que podía ser Paulina le provocaba una profunda jaqueca a Isabel. Como no había estado presente, desconocía los detalles exactos de lo ocurrido, pero toda la situación sonaba completamente absurda.
-¿Es porque Carlos sospecha que es una infiltrada? Si es por eso, puedo garantizar que no hay motivo para dudar, Pauli definitivamente no tiene esa capacidad.
Isabel podía afirmar con certeza que Paulina carecía de tales habilidades. Si las tuviera, Alicia no habría recurrido constantemente a su ayuda durante todo este tiempo.
-A Carlos le gusta ella -afirmó Esteban.
De nuevo esa frase.
Escuchar esas palabras de boca de Esteban hacía que Isabel cuestionara seriamente su veracidad. No solo ella albergaba dudas, Paulina también las tenía.
Capitulo 609
Cuando Paulina recibió la llamada de Isabel, se encontraba temblando en la soledad de su
habitación.
Antes, siempre que no estuviera en presencia directa de Carlos, podía mantener la calma…
Pero ahora todo era distinto.
Aunque Carlos no estuviera físicamente frente a ella, su corazón seguía desbordando ansiedad incontrolable.
Observando cómo Carlos subía al automóvil, flanqueado por varios hombres fuertemente armados, el corazón de Paulina se estremecía sin control. Sentía que al permanecer cerca de alguien como Carlos, tarde o temprano, aquellos cañones negros acabarían apuntando hacia
ella.
Realmente temía terminar convertida en un colador humano…
-¿Pauli, Pauli? -la voz insistente de Isabel no recibía respuesta, así que la llamó repetidamente.
Sumergida en su miedo, Paulina finalmente reaccionó:
-Ah, Isa.
-¿En qué estabas pensando? Te llamé varias veces y no contestabas.
-Vi que Carlos salió con varios hombres, incluso había un francotirador entre ellos.
-¿Qué? ¿Cómo puedes saberlo?
“¿Desde cuándo ella identifica estas cosas?”
“¿Lo habrá visto en alguna película?”
-Porque llevaba un arma muy larga.
Sin duda lo aprendió de alguna película.
Isabel desconocía exactamente lo sucedido, pero desde que tenía memoria, Esteban siempre se aseguraba de realizar ese tipo de llamadas lejos de su presencia. Esa dualidad extrema entre un dios benevolente y un mensajero del inframundo, Isabel solo la había presenciado en
él una única vez.
Y con esa única ocasión le bastó, pues le tomó mucho tiempo recuperarse completamente.
Por esa razón, desde entonces, Esteban evitaba conscientemente involucrarla en esos asuntos
turbios.
Carlos estaba herido y ya habían desplegado un operativo completo, así que aparentemente París no era tan pacífica como ella había imaginado.
-Isa, tengo miedo -confesó Paulina.
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Capitulo 609
-¿Quieres que vaya por ti?
“¿Venir por mí…?”
“¿Y si no me dejan salir?”
Por alguna razón inexplicable, considerando la actitud de Carlos hacia ella, Paulina presentía fuertemente que no le permitirían marcharse.
Incluso si lograba escapar momentáneamente, acabaría regresando a este mismo lugar.
Reflexionando sobre esto, Paulina aspiró profundamente: “Si pudiera, me encantaría esconderme donde nadie me conociera.”
Un lugar donde tampoco existiera Carlos.
Carlos era, sin duda, el hombre más aterrador que había conocido en toda su vida.
-En eso sí puedo ayudarte, pero será solo temporalmente. Tu mundo ya no podrá recuperar su tranquilidad anterior–respondió Isabel.
Aunque sus palabras resultaban dolorosamente sinceras.
No podía negarse que el mundo de Paulina había sido completamente destrozado.
Al escuchar la respuesta de Isabel, Paulina quedó desconcertada: -¿Qué? ¿Por qué dices eso?
Especialmente la frase “solo temporalmente” hizo que las cejas de Paulina se fruncieran con brusquedad.
“¿Por qué solo temporalmente?”
“¿Acaso mi futuro estará marcado por esta inestabilidad constante?”
Ya fuera junto a Carlos o…
-Porque tu madre fue la anterior líder de Lago Negro–declaró Isabel con cada palabra clara y contundente.
Y Paulina, al escuchar esta revelación, sintió cómo su mente hacía -¡boom!–, estallando de pura sorpresa.