Capítulo 61
La furia hacía temblar el teléfono en las manos de Camila. Sus nudillos blancos delataban el esfuerzo sobrehumano que hacía por contener su temperamento. La única razón por la que no había explotado ya era la mirada penetrante de Ander, que la vigilaba como un halcón.
Con la mandíbula tan tensa que casi rechinaban sus dientes, se forzó a hablar:
-Quiero pedirte disculpas.
Una risa incrédula resonó al otro lado de la línea.
-¿Qué dijiste? -el tono burlón de Isabel era evidente-. ¿Tú? ¿Pidiéndome disculpas?
La situación era tan absurda que Isabel dudaba de sus propios oídos. Cada encuentro con Camila había sido una batalla campal, siempre lista para atacar a la menor provocación.
“Todo por ser la fiel seguidora de Valerio“, pensó Isabel con desprecio. “Si a él no le agrada alguien, ella lo odia. Si él aprueba a alguien, ella lo adora. Patéticamente predecible.”
Camila apretó el teléfono con más fuerza.
-Sí, te estoy pidiendo disculpas. ¿Dónde estás?
Isabel dejó que el silencio se extendiera unos segundos.
-¿Y por qué exactamente te estás disculpando?
-Por muchas cosas -la voz de Camila sonaba como si las palabras le quemaran la garganta-. Solo… ¿podrías perdonarme?
Un bufido escapó de los labios de Isabel.
“¿Tantas ofensas y espera que un simple ‘perdón‘ lo arregle todo?”
-¿Sabes qué? Tu voz no suena como alguien que busca disculparse -Isabel arqueó una ceja-. Suena más bien como si quisieras arrancarme la cabeza.
En cualquier otra ocasión, Isabel habría aceptado el desafío implícito. Pero tenía que terminar el proyecto para su principal patrocinador esa misma noche.
Camila golpeó el suelo con el tacón, frustrada.
-¡Es en serio! Quiero disculparme. Solo dime dónde estás.
-No me voy a meter en tu jueguito el tono de Isabel se volvió cortante-. Si buscas pelea, búscate a otra.
La llamada se cortó abruptamente.
Camila se quedó mirando el teléfono, boquiabierta. La mirada severa de Ander la hizo
encogerse,
-Ella… ella no…
Capítulo 61
-No me importa cómo, pero tienes que conseguir su perdón.
-¿Por qué es tan importante? -Camila soltó un gruñido de frustración-. ¡Ni siquiera valora que me esté disculpando!
-Si no lo valora, ese es su problema -la voz de Ander era como hielo-. Pero necesitamos ese perdón.
“Si Isabel no la perdona, la colaboración con el señor Allende se va al caño“, pensó Ander, masajeándose las sienes. “¿En qué lío nos metimos?”
Camila intentó llamar de nuevo, solo para descubrir que había sido bloqueada.
-Me bloqueó.
-Toma el mío.
Con movimientos rígidos, Camila aceptó el teléfono de Ander. Como actual cabeza de la familia Vázquez, no se atrevía a desobedecer.
-De verdad vengo a disculparme.
El tono de línea cortada fue la única respuesta. Al intentar llamar de nuevo, ese número también apareció bloqueado.
Ander sintió que la cabeza le iba a estallar.
-¿Qué le pasa? -gruñó-. ¿Cómo puede bloquear a la gente así?
No sabía que tanto la familia Galindo como Sebastián habían sufrido el mismo trato estos días. Un paso en falso y perdías todo contacto con Isabel.
-¿Quién la habrá malcriado tanto?
Una vena palpitaba en su sien.
Camila resopló.
-¿Quién va a ser? Seguro creció como animal en el monte. ¿No ves lo salvaje que es?
-¡Cierra la boca!
Ander se volvió hacia su asistente.
-Susana, averigua dónde está Isabel ahora mismo.
La mujer de cabello corto asintió con seriedad.
-Lo quiero saber en media hora -la voz de Ander temblaba de frustración contenida.
Sabía perfectamente cuánta gente en Puerto San Rafael estaba pendiente de lo que tenía entre manos esta vez. El fracaso no era una opción.
2/2202