La Heredera 614

La Heredera 614

Capítulo 614 

-¿Qué clase de paciencia tendría alguien normal? Te aseguro que cualquiera hubiera estallado igual o peor en esa situación

Yeray, por supuesto, ya había escuchado sobre la escena que montó Vanesa en Las Dunas. La conocía lo suficiente para imaginar cada detalle de su explosión emocional, especialmente cuando se trataba de Dan

-Esa ida a Las Dunas prácticamente te puso en la lista negra de toda la familia Chevalier

Vanesa resopló con desdén mientras agitaba la mano en un gesto despectivo

-Pues que se enojen, ¿y qué? A lo largo de estos años, ha habido tantos que no toleran a la familia Allende que ya perdí la cuenta. Un enemigo más no hace diferencia, y uno menos tampoco. Ya que estamos en esto, ¿por qué no ser todavía más audaces

Cuando llegaron al registro civil, el personal los reconoció de inmediato y sus rostros se ensombrecieron como nubes antes de una tormenta. Las miradas que les lanzaron estaban cargadas de reproche y fastidio. Después de haber armado semejante escándalo por la mañana, provocando un caos que apenas habían logrado resolver, ahora tenían el descaro de volver

Aunque en París estos dramas eran cosa de todos los días, el personal seguía visiblemente irritado. Esta vez, no mostraron ni una pizca de simpatía por Vanesa, especialmente al ver con quién había decidido casarse. La empleada tomó los documentos directamente y sus dedos golpearon el teclado con un sonoro repiqueteo, desahogando claramente su frustración. No se atrevía a enfrentarse a Yeray, así que el pobre teclado pagaba las consecuencias; en cuestión de minutos, casi echaba humo

Vanesa y Yeray intercambiaron miradas perplejas mientras observaban la escena

Sorprendentemente, ninguno de los dos mostró su usual arrogancia ni explotó ante el evidente 

maltrato

En menos de cinco minutos, dos libros de matrimonio fueron arrojados frente a ellos con brusquedad

-Listoespetó la funcionaria sin siquiera mirarlos

-¿Eso es todo? -preguntó Vanesa con incredulidad

La transición de soltera a casada se reducía a unos simples minutos. Si era tan sencillo, ¿por qué tantos solteros complicaban tanto las cosas

La empleada tomó su taza de café y dio un sorbo con desdén antes de asentir

-Sí, y si te maltrata, hay muchos departamentos a los que puedes acudir, no solo la policía

Vanesa se quedó boquiabierta. ¿Yeray maltratándola? Eso era imposible de imaginar. El rostro 

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de Yeray se ensombreció aún más, su mirada hacia la funcionaria era tan intensa que parecía capaz de incinerarla en el acto

La mujer no se dejó intimidar y le devolvió una mirada desafiante. Yeray se levantó furioso, y Vanesa, sentada a su lado, reaccionó alarmada

-¿Qué haces? -le susurró, notando cómo la empleada retrocedía ligeramente ante la presencia abrumadora de su ahora esposo

Vanesa lo jaló de la manga con insistencia

-Ya, está bien, vámonos. Tiene razón, con esa actitud pareces que vas a golpear a alguien en cualquier momento. Es parte de su trabajo, vámonos ya, tranquilízate

Vanesa se incorporó y prácticamente arrastró a Yeray hacia la salida. Aunque en París él no le temía a nada ni a nadie, también sabía elegir sus batallas y ese no era un lugar donde pudiera hacer lo que quisiera

El personal, observando cómo la pareja que momentos antes parecía a punto de destrozar el lugar ahora se marchaba en aparente armonía, intercambió miradas de perplejidad

-¿Lea? ¿No crees que estos dos son realmente desconcertantes? Después de armar semejante escándalo por la mañana, ¿vuelven tan campantes a casarse

El contraste era absurdo: por la mañana se habían peleado como si estuvieran en una guerra, por la tarde regresaban como si nada. No parecían querer casarse, pero igual lo hicieron. Este mundo era verdaderamente mágico; parejas que aparentaban perfección terminaban 

separándose, mientras que estos dos, que peleaban como perros y gatos, seguían adelante con su matrimonio

La mujer llamada Lea, quien había tramitado el acta de matrimonio, golpeó su taza contra la mesa con fastidio

-Te lo digo yo, no pasarán ni tres meses antes de que regresen para divorciarse

-¿En serio lo crees

-¿No viste cómo es él? Tiene toda la pinta de ser un abusador, y ella tampoco es ninguna santa. Te lo garantizo, en tres meses o uno de los dos termina muerto, o se acaba esta farsa de relación

Las palabras sonaban duras, pero el comportamiento de Yeray y Vanesa comunicaba exactamente esa impresión

Al salir del registro civil, Vanesa sintió un escalofrío recorrer su espalda

-¿Quién demonios está hablando mal de ? Si me entero quién fue, juro que le arranco la lengua

Al escucharla, Yeray la miró como si estuviera contemplando a una completa desquiciada

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