Capítulo 63
El aire acondicionado numbana suavemente on los pasillos de la Torre Onen marches el aroma del café resta hecho y sonido distante de teléfonos y converstone she emergió de la cala de juntas con paso firme, su expresión serens ocultando la tormenta que
bullia en su me
Marina, con el rostro tenso y los documentos apretados contra su pecho, woh a dla con
urgencia
-Jela tenemos un problema grave.
Isabel la miro fijamente, su rostro una máscara de calma profesional
-¿Que está pasando?
-Alguien quiere hundine–susurró Mering, echando un vistazo nervioso a su alrededor- Los Galindo están moviendo sus influencias. Han contactado a todas las empresas, grandes y chicas Nadie debe contratarte nosotros también recibimos el mensaje.
Un destello intenso cruzó por los ojos de Isabel. Sus labios se curvaron en una sonrisa que no alcanzó su mirada, mientras un músculo se tensaba en su mandíbula
-Perfecto
Marina la observó con incredulidad, sus manos retorciendo nerviosamente el borde de su
bluca
-No piensas hacer nada al respecto?
La indignación tenía la voz de Marina, Como muchos otros, ella conocía la posición de Isabel en la familia Galindo, y la crueldad de la situación le revolvía el estómago. Tratar asi a su propia hija, todo por complacer a una adoptiva “¿Qué clase de familia hace algo asi?” penso
con amargura
Isabel mantuvo su postura impasible, aunque sus nudillos se tornaron blancos al apretar ligeramente el folder que sosteníal
-No hace falta contraatacar
Alguien más se encargará de ellas“, pensó Isabel, una sonrisa apenas perceptible jugando en las comisuras de sus labios. Después de todo, Ins ya estaba marcada por su enfermedad terminal. No valia la pena gastar energia en esto. Si nadie intervenia, quizás podrían tener algo de paz. Pero si los Galindo creian que sus dias eran demasiado tranquilos.
Un brillo peligroso destelló en su mirada mientras se dirigia hacia su oficina
De pronto, la voz entusiasmada de la recepcionista atravesó el silencio.
-Presidente Vázquez! ¡Qué sorpresa! ¿Viene a discutir algún proyecto con nuestro estudio?
Isabel se detuvo en seco. Al girar, se encontró con Ander y Camila cruzando el umbral de la
Capítulo 63
recepción. El rostro de Ander estaba tenso, sus ojos ya fijos en ella. Se acercó con pasos decididos.
-No te quedes atrás -le gruñó a Camila por encima del hombro.
Isabel frunció el ceño ante la intrusión, su mente calculando rápidamente las posibles razones de esta visita inesperada.
Antes de que pudiera procesar la situación, Ander ya estaba frente a ella, con Camila siguiéndolo como una sombra reluctante.
-Isa, me costó trabajo dar contigo. ¿Podemos platicar?
Sus ojos recorrieron el estudio. Aunque no era enorme, el espacio estaba bien aprovechado, con un diseño moderno y profesional. Varios empleados trabajaban en sus estaciones, lanzando miradas curiosas hacia el grupo.
-¿Hay algún lugar más privado?
Isabel consideró brevemente negarse, pero la presencia de Ander merecía al menos esa cortesía. Asintió con un movimiento sutil.
-Síganme.
Los guio hasta su oficina, una habitación elegante pero funcional, con grandes ventanales que ofrecían una vista impresionante de la ciudad.
-Tomen asiento -indicó Isabel, señalando el sofá de cuero mientras ella se instalaba detrás de su escritorio de cristal templado.
Se gíró hacia Marina, que los había seguido discretamente.
-Que nos traigan dos tazas de…
Sus ojos se posaron en Camila con una mezcla de desprecio y diversión.
-Aunque supongo que el café de aquí no estará a tu altura, ¿verdad?
Camila permanecía inmóvil, su rostro una máscara de asombro y confusión. Sus ojos recorrían
la oficina, deteniéndose en el escritorio ejecutivo donde Isabel se sentaba con tanta naturalidad. La imagen chocaba violentamente con sus expectativas, con la Isabel necesitada y desesperada que había imaginado encontrar.
Al no recibir respuesta, Isabel se dirigió nuevamente a Marina.
-Solo una taza de café, por favor.
-Claro que sí, jefa.
Marina salió discretamente, cerrando la puerta tras de sí.
Ander se acomodó en el sofá, mientras Camila seguía de pie, como una estatua de
incredulidad.
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Capitulo 63
Isabel tomó un sorbo de agua de su vaso de cristal, saboreando el momento.
-¿A qué debo el honor de su visita, presidente Vázquez?
Ander parpadeó, procesando la escena. A diferencia de Camila, años al frente del Grupo Vázquez le habían enseñado a adaptarse rápidamente a las sorpresas. Ahora entendía: ¿cómo podría la mujer que había desafiado a Esteban Allende necesitar mendigar un trabajo?
Lanzó una mirada severa a Camila, quien seguía paralizada, antes de suavizar su tono.
-Lo que pasó anoche… Camila se portó mal. La traje para que te ofrezca una disculpa.
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