Capítulo 65
La conclusión golpeó a Camila como una bofetada: Isabel no necesitaba nada de ellos. Por eso se atrevía a ignorar las advertencias de la familia Galindo con tanta insolencia.
-¡Camila! -El tono de Ander cortó el aire como un látigo, haciendo que su hermana se
estremeciera.
La mirada que Camila dirigía a Isabel se tornaba cada vez más desesperada mientras el peso de la situación caía sobre ella. “¿Realmente podré conseguir su perdón hoy?“, el pensamiento la carcomía por dentro.
Isabel se reclinó en su silla ejecutiva, una sonrisa apenas perceptible jugando en las comisuras
de sus labios.
—
-Presidente Vázquez, si tu hermana no tiene ganas de disculparse de verdad, mejor no la obligues -Su voz destilaba sarcasmo –. Digo, si viene a pedirme perdón a la fuerza… tú dime, ¿tú crees que deba perdonarla?
El tono de Isabel era estudiadamente casual, pero sus palabras estaban cargadas de intención. Con esa simple pregunta, había puesto toda la responsabilidad en manos de Ander. Si se negaba a perdonar, quedaría como la inflexible. Pero si aceptaba una disculpa tan evidentemente forzada, ¿qué mensaje enviaría?
El pecho de Ander subía y bajaba con furia contenida. Sus ojos, clavados en su hermana, eran dos pozos de decepción.
-Lárgate de aquí -espetó.
El mensaje de Isabel había sido cristalino: no iba a perdonar a Camila. ¿Y por qué habría de hacerlo? Camila siempre había estado del lado de Iris, siempre lista para atacar a Isabel. Lo de anoche era solo la gota que había derramado el vaso.
“He sido demasiado permisivo en el pasado“, pensó Ander. Ahora, con Esteban involucrado, la situación era diferente. Si realmente estaba respaldando a Isabel, el perdón dependía enteramente de su capricho. Ella tenía ese privilegio. Y Camila, en su ignorancia, se había atrevido a…
Ander le lanzó una última mirada fulminante a su hermana. Camila, aprovechando la oportunidad para escapar de esa humillación, prácticamente huyó de la oficina.
El silencio se instaló entre los dos que quedaron. Ander sacó un cigarrillo por instinto, pero al no ver cenicero en el elegante escritorio de cristal, lo guardó nuevamente.
-Señorita Allende -su voz era cautelosa, medida-, ¿puedo preguntarle qué tipo de relación tiene con el señor Allende?
Isabel arqueó una ceja, un gesto que había perfeccionado para expresar desprecio.
-¿Tú qué crees?
Capítulo 65
Sus miradas se encontraron, y Ander detectó un brillo juguetón en los ojos de Isabel que lo descolocó por completo.
Se encogió de hombros, intentando mantener el control de la conversación.
-El problema entre tú y Camila no debería afectar nuestra colaboración.
-No he afectado su colaboración, ni afectaré ninguna de sus decisiones empresariales.
-¿Estás segura?
Isabel se inclinó ligeramente hacia adelante, su postura emanando una confianza absoluta.
-Ya le dije que no tiene por qué molestarse por mí. En cuanto a Camila… -hizo una pausa significativa-, yo que usted le pondría más atención.
El mensaje era inequívoco: no quería que Ander le trajera a Camila para fastidiarla. La sola presencia de esa mujer le resultaba insoportable. En cuanto a los negocios entre Esteban y Ander, Isabel dejaba claro que los intereses de su hermano estaban por encima de cualquier rencilla personal. Si Esteban consideraba beneficiosa la colaboración con Ander, ella no
interferiría.
La sutileza no se le escapó a Ander: Isabel acababa de confirmar que su relación con Esteban era más profunda de lo que aparentaba. En cuanto a Camila…
-No te preocupes -asintió-, me encargaré de ella. Gracias.
Se puso de pie, listo para retirarse. Isabel lo observó un momento, como si quisiera agregar algo más, pero se contuvo. Con la actitud de Camila, si mencionaba que Valerio ya tenía hijos fuera del matrimonio, seguramente la acusaría de causar problemas innecesarios.
“Algunas verdades“, pensó Isabel mientras observaba a Ander marcharse, “es mejor guardarlas para el momento adecuado“.
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