Capítulo 657
Paulina se frotó las manos nerviosamente antes de entrar al cuarto de Carlos.
En los últimos días, siguiendo el consejo de Isabel, había estado evitándolo a toda costa. No era para menos, cada que se encontraba con ese sujeto, algo malo sucedía. Y no solo eran problemas menores, sino situaciones realmente embarazosas. Sin embargo, después de lo que había pasado hace un rato y las palabras de Julien, sabía que debía controlarse a toda
costa.
-Señor Esparza, ¿está bien? -preguntó Paulina con cautela, mientras se acercaba a la cama.
Carlos la miró de reojo.
-¿Tú qué crees?
Paulina se quedó con la boca abierta. ¡Mal!
En el fondo, sabía que si su cuerpo no hubiera resistido el accidente de hace poco, estaría saludando a San Pedro en estos momentos.
-Lo siento, no fue mi intención.
En estos días, esa frase se había vuelto su mantra. Nunca antes en su vida había pedido tantas disculpas como desde que conoció a Carlos.
-Tráeme un vaso de agua -ordenó Carlos.
Paulina se quedó en silencio.
-¿Qué pasa? ¿No quieres? ¿Vas a seguir ahí sin hacer nada?
-No, no, no, ya voy, enseguida -respondió Paulina apresuradamente.
Ahora no era momento para discutir o negarse. Después de semejante lío, sería peligroso hacer o decir algo irresponsable.
Se dio media vuelta y fue a buscar agua para Carlos. En menos de cinco minutos, regresó con el vaso en la mano.
-Señor Esparza, su agua.
En ese momento, su tono era el de una niña bien portada.
Carlos la observó y no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro.
-Pélame una manzana.
-Claro.
Paulina se apresuró a cumplir con la nueva orden.
Si antes, al escuchar a Isabel, tendía a ser perezosa, ahora frente a Carlos, la diligencia era su
nueva norma. No había lugar para la desidia. Lo que Carlos decía, ella lo hacía al instante.
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Capitulo 657
En pocos minutos, la manzana pelada estaba en manos de Carlos, quien recibió un trozo que Paulina había pinchado con un tenedor.
-Por favor, disfrute.
Carlos mordió la manzana, y el jugo dulce llenó su boca.
-¿Está buena? -preguntó Paulina.
Carlos asintió.
-Paulina.
-Si.
-¿Te has acostumbrado a estar a mi lado en este tiempo?
Paulina se quedó sin palabras. ¿Acostumbrarse?
¿Acostumbrarse a vivir con el corazón en la mano?
La verdad, acompañar a Carlos era un reto constante. ¿Cómo podía uno adaptarse a eso?
Recordando todo lo que había vivido junto a Carlos, especialmente las dos veces que habían pasado por situaciones extremas, Paulina respiró hondo.
-Estoy haciendo mi mejor esfuerzo para adaptarme.
Desde que descubrió que su madre había sido la líder de Lago Negro, Paulina se había esforzado por aceptar su nueva realidad. Habituarse era imposible, pero adaptarse era una necesidad.
No había otra opción, porque sabía que ese iba a ser su día a día en adelante.
Carlos asintió al escucharla.
-Bueno, el esfuerzo por adaptarse ya es algo.
Paulina bajó la mirada, sin saber cómo continuar la conversación.
Esperen, ¿no se suponía que tenía que preguntarle a Carlos sobre el pago?
Con ese pensamiento en mente, Paulina levantó la cabeza.
-Oye, ¿qué es lo que quieres como recompensa?
Y ahí estaba. A pesar de que había hablado con Isabel por teléfono sobre lo inapropiado que podría ser preguntar directamente, no encontró una mejor manera de abordarlo.
Mientras hacía la pregunta, recordó las charlas que había tenido con Isabel. Sin esperar respuesta, Paulina volvió a hablar, esta vez de manera más directa.
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