Capítulo 660
La cara de Solène y Rodolfo se puso todavía peor. Especialmente después de que Vanesa entró al lugar, llamando a René “papa” a cada rato. Pero las condiciones que proponía hacían que cualquiera pensara que ese “papa” no lo merecía nadie.
¿Que si queria dividir la herencia? Más bien parecía que quería llevarse dos tercios de la fortuna de la familia Méndez, y lo peor era que Yeray ni siquiera se asomaba.
-Yeray anunció hace tres años que ya no era parte de la familia Méndez -soltó Rodolfo, que había estado callado hasta ese momento.
Pero apenas terminó de hablar, Vanesa le lanzó una mirada filosa.
-¿Y tú quién eres?
-¿No sabes quién soy? -El rostro de Rodolfo se puso más tenso que una cuerda al límite.
Vanesa no necesitó decir groserías, esa simple pregunta lo dejó sin palabras. Rodolfo, durante años, había sido cuestionado por su identidad, pero nunca nadie se había atrevido a hacerlo en su cara. A pesar de todo, él era uno de los herederos de la familia Méndez.
Vanesa soltó una risita con desdén:
-Claro que sé quién eres, el problema es que parece que tú no lo sabes.
Al decir eso, Vanesa desvió la vista de Rodolfo, acompañando el gesto con un ojo blanco.
-Ya que estamos hablando del tema, te recuerdo que en París, mientras haya herederos dentro del matrimonio, los hijos fuera del matrimonio no tienen derechos de herencia.
Solène y Rodolfo quedaron mudos. La respiración de ambos se descompuso en un instante. Sus rostros, que ya estaban pálidos, se tornaron aún más oscuros tras las palabras de Vanesa. Rodolfo la miraba con un destello peligroso en los ojos, pero Vanesa ni se inmutó.
Con impaciencia, se dirigió a René:
-Papá, ¿no piensas decir nada?
Otra vez con lo de “papá“. Cada vez que Solène y Rodolfo la escuchaban, les hervía la sangre. Eso de llamar “papá” parecía más bien una exigencia de dinero. René jugaba con las cuentas de su rosario:
-¿Yeray no te contó? La parte de su madre, él ya la tomó toda hace tres años.
Fue un golpe duro para la familia Méndez. Yeray no se tentó el corazón; todo lo que quiso lo tomó sin más. Durante estos años, había dejado en paz a la familia Méndez, pero ahora Vanesa…
El espectáculo que armaba era aún más feroz.
-Él no me ha dado nada, papá. Tú sabes que una mujer casada necesita manejar el dinero. Así
7/2
16.00
que dame la parte de mi madre, o haz que Yeray me la dé.
Rodolfo intervino:
-¿Qué clase de lógica es esa?
-¿Ah sí? ¿Y quién te crees para cuestionarme?
-Tů…
-¿O prefieres que venga mi mamá o mi hermano a hablar contigo sobre esto? De cualquier forma, la parte que le corresponde a mi esposo, esa sí que la quiero.
Solène intervino:
-Él se llevó todo hace tres años.
Ante la presión de Vanesa, la fachada de buena madrastra de Solène empezaba a desmoronarse.
-No ha llegado a mis manos -respondió Vanesa, lanzándole otro ojo blanco.
Solène miraba a Vanesa, frustrada por su intransigencia. La situación, en plena noche, estaba sacando lo peor de todos. Pero Vanesa insistía en hablar de dinero a esas horas.
-Papá.
Otra vez con lo de “papá“… René respiró hondo, cerrando los ojos por un momento.
-Haz que Yeray venga a decírmelo él mismo.
-Papá, piénsalo bien. Si Yeray regresa, va a querer más que solo eso.
Con esas palabras, Solène y Rodolfo sintieron un escalofrío. No había duda, si Yeray volvía, pediría mucho más. Por ser parte de la familia Allende, Solène y Rodolfo no podían permitirse faltarle el respeto a Vanesa.
En tan solo dos horas, los dos estaban al borde de la desesperación, esperando que René tomara una decisión. Vanesa lo dejó bien claro: si no le daban lo que quería esa noche, no se
iría.
2/2
16:38